Cheney enloquecido atiza su campaña hacia una Tercera Guerra Mundial

Berserker Cheney Escalates Push for World War III

por Jeffrey Steinberg

27 de octubre de 2007 (LPAC).— El gobierno de Bush, encabezado por el vicepresidente Dick Cheney, ha intensificado de nuevo su campaña de acciones militares insensatas contra Irán, mediante nuevas sanciones unilaterales en contra del Cuerpo de Guardias Revolucionarias Iraníes y una nueva ola de propaganda, encabezada personalmente por el Vicepresidente y el Presidente, con el objetivo de provocar a Teherán para tener el pretexto de lanzar la guerra. Al mismo tiempo, las fuerzas en contra de la guerra a nivel mundial —entre ellas el presidente ruso Vladimir Putin, y algunas facciones dentro del mismo gobierno de Bush— han tomado medidas extraordinarias, con el fin de evitar un ataque a Irán que casi con toda certeza se extendería fuera de control hasta convertirse en una guerra global generalizada.

Uno de los ataques más contundentes a los planes de guerra de Cheney, lo hizo Wesley Clark en Washington, el 17 de octubre, un general retirado de cinco estrellas y ex precandidato presidencial por el Partido Demócrata.

Ante varios cientos de expertos árabes y estadounidenses participantes en la XVI Conferencia Anual del Consejo Nacional sobre Relaciones Arabes-E.U.A. (NCUSAR, por sus siglas en inglés), Clark exhortó a a iniciar un debate público vigoroso sobre la situación en Irán, que lleve a un nuevo diálogo diplomático con Teherán, y significativamente denunció la política belicista del gobierno de Bush como parte de un "golpe de Estado político" de la Casa Blanca, que empezó después de los ataques del 11 de septiembre del 2001.

Clark acusó que después del 11 de septiembre, un pequeño grupo dentro del gobierno de Bush impuso una estrategia nueva, sin debate, sin la autorización del Congreso y sin consultarla con los aliados de los Estados Unidos. Clark narró una conversación privada que tuvo en mayo de 1991 con el entonces funcionario del Pentágono Paul Wolfowitz y su segundo a bordo, Lewis Scooter Libby. Clark relató el el ataque que hizo Wolfowitz al entonces presidente George H. W. Bush por no haber concluido Operación Tormenta del Desierto con el derrocamiento de Saddam Hussein. Wolfowitz le dijo a Clark que, en los próximos 5 a 10 años los Estados Unidos tenían que derrocar a una sarta de ex estados clientes de la antigua Unión Soviética, entre ellos a Siria, Iraq, e Irán. Wolfowitz le dijo al pasmado general , que los Estados Unidos iban a tener esa ventana de oportunidad para "usar la fuerza militar impunemente" antes de que surgiera una nueva "superpotencia" aún desconocida que desafiara la hegemonía militar global estadounidense.

El general Clark relató que cuando el entonces secretario de la Defensa Dick Cheney, junto con Wolfowitz y Libby, le hablaron sobre su proyecto de "Imperio Romano" al Asesor de Seguridad Nacional Brent Scowcroft y al Presidente Bush, Sr.., fueron reprendidos con dureza. Clark denunció que Cheney y Wolfowitz revivieron el plan después del 11-S, pero nunca se lo informaron a la población estadounidense ni al Congreso porque "se hubieran reído de ellos", y los hubieran denunciado por "vivir en la fantasía". Sin embargo, informa Clark, poco después del 11 de septiembre circuló un plan por escrito en el Pentágono de Rumsfeld, con una lista de siete gobiernos que debían ser derrocados en los siguientes cinco años: Iraq, Siria, Líbano, Irán, Libia, Sudán y Somalia. Ahora, concluyó Clark, "estamos viviendo con las consecuencias", incluyendo los gastos hasta la fecha por $800 mil millones de dólares en Iraq y Afganistán. "Los Estados Unidos están más débiles y nuestros adversarios están más fuertes".

En respuesta a una pregunta de la EIR, Clark instó a usar diplomacia tanto con Irán como con Siria. "Busquemos intereses comunes, evitemos la guerra y ayudemos a nuestros amigos en la región", planteó Clark, y se preguntó, "¿no somos lo suficientemente grandes como para hacer esto?" La alternativa, advirtió, es una campaña de bombardeo de dos o tres semanas, que va a convertir a Irán en un "Estado fallido", pero con las consecuencias más terribles para los Estados Unidos y para el mundo.

Putin encabeza la campaña para evitar la guerra

El mensaje del general Clark resonó durante los dos días de la conferencia de los expertos y se vió también reflejada en una escalada de iniciativas para evitar la guerra provenientes de figuras internacionales descollantes, como el presidente Putin de Rusia.

El dirigente ruso está emprendiendo una ofensiva diplomática, empezando con su reunión cumbre de dos días en Moscú a principios de este mes con el presidente francés Nicolás Sarkozy.

Sarkozy, a su arribo a la reunión de Moscú, ya se había unido al coro de Cheney, lanzando amenazas de que la supuesta búsqueda de armas nuclear por parte de Irán iba a llevar a la Tercera Guerra Mundial. Pero en la reunión con Putin, Sarkozy, según fuentes de inteligencia informadas de los E.U.A., se inclinó hacia el campo de los que quieren evitar la guerra, bajo el peso de la presión simultánea de los rusos y de círculos dentro de las propias instituciones militares y de inteligencia francesas.

Putin después fue el anfitrión del secretario de la Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates y de la secretaria de Estado Condoleezza Rice durante varios días de conversaciones con sus contrapartes rusas. Putin invitó al jefe del Pentágono a que hablara ante la Academia de las Fuerzas Armadas Rusas y en privado indicó que la propuesta estadounidense de arreglar la disputa sobre el despliegue planeado en Polonia y la República Checa, de sistemas de cohetes en contra de los proyectiles balísticos (ABM), era un paso positivo, aunque insuficiente. Según fuentes en Washington, Gates propuso que observadores militares rusos pudieran estar presentes en los sitios de cohetes de defensa de Europa oriental, así como también en las instalaciones de comando de los E.U.A.

Gates, a su vez, le dijo a los reporteros durante una escala en Europa para asistir a la conferencia OTAN-Rusia, que era posible que los Estados Unidos retrasaran la activación de los sitios ABM, dependiendo de que se pudiera comprobar fehacientemente que Irán poseía cohetes capaces de llegar a Europa. Mientras Gates pronunciaba estas palabras esperanzadoras, Bush había dado el mensaje de que los E.U.A. estaban absolutamente decididos a desplegar los sistemas ABM en la frontera con Rusia.

Durante el viaje histórico de Putin a Teherán, para asistir a la reunión de jefes de Estado del Mar Caspio, claramente indicó que Rusia se opondría vigorosamente a cualquier acción militar de los Estados Unidos en contra de Irán, a la vez que presionaba al gobierno iraní para que evitara cualquier provocación que le pudiera dar a Cheney el pretexto para atacar. Supuestamente en su reunión privada con el dirigente supremo de Irán, Ali Khamenei y el presidente Moahmoud Ahmadinejad, Putin no escatimó palabras, para advertir que el gobierno de Bush y Cheney lanzarían una campaña de bombardeo devastador en contra de Irán, si se les da el pretexto. Claramente, Rusia no quiere otra guerra estadounidense en sus fronteras.

Según fuentes de inteligencia de los E.U.A., en Teherán se desarrolla ahora una pelea política enorme tras bambalinas sobre la forma de responder a las provocaciones de los E.U.A. y la intervención de Putin. El 25 de octubre Rice y el secretario del Tesoro Henry Paulson anunciaron la última de las provocaciones de Cheney: sanciones económicas en contra de la Guardia Revolucionaria Iraní.

Retórica de una Tercera Guerra Mundial

En respuesta al discurso totalmente provocador del vicepresidente Cheney en la conferencia anual del Instituto Washington de Políticas para el Cercano Oriente (WINEP, en inglés), el 21 de octubre, donde insinuó ataques militares contra Irán, Putin dió una respuesta igual de dura, marcando un paralelo entre el despliegue planeado de los sistemas ABM de los E.U.A. en Europa oriental con la crisis de los misiles cubanos de 1962.

En su discurso ante WINEP, Cheney le advirtió a Irán que tendría consecuencias serias si no abandonaba su programa de enriquecimiento nuclear y su intervención en Iraq.

Retando prácticamente a Irán a responderle, Cheney despotricó que "dada la naturaleza de los gobernantes de Irán, las declaraciones del presidente iraní, y los problemas que está creando el régimen por toda la región —como la participación directa en el asesinato de americanos— nuestro país y toda la comunidad internacional no puede quedarse quieta mientras un Estado que apoya al terrorismo cumple con sus ambiciones más agresivas. El régimen de Irán tiene que saber", concluyó Cheney, "que si mantiene su curso actual, la comunidad internacional está preparada para imponerle consecuencias serias".

En una advertencia clara al gobierno Bush-Cheney, Putin le dijo a los reporteros en Lisboa, Portugal, durante una cumbre anual rusoeuropea, que el despliegue de los ABM por parte de los E.U.A. era "similar tecnológicamente" a la crisis de los misiles cubanos en los 1960. "Déjenme recordarles cómo se configuraron las relaciones en una situación similar a mediados de los 1960", le dijo Putin a los reporteros. "Acciones similares por parte de la Unión Soviética, cuando desplego misiles en Cuba, provocaron la crisis caribeña. Para nosotros, tecnológicamente, la situación es muy similar". Sin embargo, Putin concluyó que no había peligro de que la situación se intensificara hasta salirse de control, porque Rusia y los Estados Unidos "ya no son enemigos", y el presidente Bush es su "amigo personal".

Apenas unos días antes, Bush había balbuceado a reporteros que si Irán buscara obtener el "conocimiento" para construir una bomba nuclear podría desatar una Tercera Guerra Mundial. "Le he dicho a algunas personas que si están interesadas en evitar una Tercera Guerra Mundial, pareciera que debieran estar interesados en evitar que Irán obtenga el conocimiento necesario para construir un arma nuclear", amenazó el Presidente.

La jugada israelí de Putin

Días antes de su excursión a Teherán, Putin invitó a Moscú al Primer Ministro de Israel, Ehud Olmert, a sostener conversaciones con el objetivo también de enfriar la hiperretórica de una Tercera Guerra Mundial.

Inmediatamente después de sus conversaciones, Putin despachó una delegación rusa de alto nivel a una semana de conversaciones en Israel. La delegación, presidida por el vicecanciller Alexander Saltanov y el enviado de paz especial al Medio Oriente, Sergei Yakovlev, le aseguró a los israelíes que Rusia estaba igualmente decidida a evitar que Irán obtuviera una bomba nuclear, pero advirtió, según el diario israelí Ha'aretz, "la diferencia entre ustedes y nosotros es que ustedes se basan en estimaciones, mientras que nosotros nos basamos en información precisa. Cuando veamos que la situación es lo suficientemente peligrosa, sabremos cómo parar a los iraníes y si lo deseamos, podemos hacer esto sin mayor problema".

En ningún momento de la historia reciente había habido una diplomacia de tan alto nivel dirigida a evitar una guerra mundial. Pero de la misma manera, el golpe de Estado político después del 11 de septiembre en la Casa Blanca, encabezado por el equipo de lunáticos de Cheney, no ha sido derrotado y por lo tanto no se puede subestimar el peligro de una conflagración global por el momento.