¿Tumbará a Cheney la BAE en el escándalo del siglo?

29 Jun 2007

por Jeffrey Steinberg

21 de junio de 2007 (LPAC).— Con la confirmación de que el Departamento de Justicia de E.U. investigará el lavado de dinero y los sobornos del gigante aeroespacial británico, BAE Systems, el Congreso y la población estadounidense se tienen que asegurar que la investigación no se convierta en una más de las operaciones de encubrimiento de Bush, Cheney y Gonzales. El asunto sobre el tapete es mucho mayor que los supuestos 2 mil millones de dólares en sobornos que BAE Systems le pagó al ex embajador de Arabia Saudita ante los Estados Unidos, príncipe Bandar bin-Sultan, a través del ahora difunto Banco Riggs con sede en Washington D.C. Como lo reveló Executive Intelligence Review en una denuncia impactante que apareció en la edición del 22 de junio del 2007 ("El escándalo del siglo sacude a la corona británica y a la City"), mediante el acuerdo de trueque "al-Yamamah" de petróleo por aviones de combate, se han generado por lo menos 80 mil millones de dólares en ingresos saqueados fuera del presupuesto desde que se firmó en septiembre de 1985.

Aunque las organizaciones noticiosas británicas, encabezados por The Guardian y BBC, han publicado detalles reveladores sobre los sobornos y fondos sucios, que incluyen al príncipe Bandar, al ex dictador chileno Augusto Pinochet y al difunto consorte real holandés, príncipe Bernhard, ninguno de los medios británicos han aludido a la magnitud real del escándalo: los $160 mil millones de dólares aproximadamente en ingresos petroleros secretos, generados por el acuerdo al-Yamamah entre la BAE y las autoridades Sauditas, en los últimos 22 años (ver cuadro adjunto sobre el valor en efectivo año por año del envio de petróleo saudita a BAE, a través de la British Petroleum, Royal Dutch Shell y la Organización de Ventas de Exportación de Defensa del gobierno británico).

El escritor británico William Simpson, quien escribió la biografía autorizada del príncipe Bandar en 2006, El príncipe. La historia secreta de la realeza más intrigante del Mundo, aporta por otro lado, detalles autorizados "directo de la boca del príncipe" que deberían ser de gran interés para el Departamento de Justicia estadounidense y las investigaciones del Congreso. Lo que Simpson deja entrever es quizá la mayor concentración de fondos secretos angloamericanos sucios en la historia—que el autor reconoce abiertamente se han usado para financiar guerras clandestinas, como la guerra de los muyajedines afganos en contra del ejército soviético en Afganistán, y otras acciones militares encubiertas en África.

Al citar en sus entrevistas con Tony Edwards, el que fuera el director de la Organización de Ventas de Exportación de Defensa (DESO, en inglés) del gobierno británico, que administró el proyecto al-Yamamah, Simpson escribió:

"Edwards admitió que para los sauditas el uso del petróleo significaba que el contrato era en efecto una transacción al margen de la contabilidad: no pasaba por la tesorería saudita. Edwards también confirmó que uno de los mayores atractivos para los sauditas en este arreglo único fue la flexibilidad británica. 'Los británicos eran mucho más flexibles que los americanos', dijo. 'Los americanos pasaban por el sistema de ventas a Fuerzas Armadas Extranjeras (Foreign Military), que está amparada con una ley del Congreso. Si los clientes se salen de las reglas y no pueden pagar el dinero, los cortan. En este país, es bastante flexible: algunas veces el flujo de petróleo y el dinero asociado que se estaba recibiendo por las ventas llegaban por anticipado, algunas otras veces llegaba atrasado' ".

Simpson continúa: "La cantidad fenomenal generada de la venta de petróleo pasa por la DESO, antes de pagarle a la British Aerospace. Edwards admitió que el gobierno sí carga una pequeña comisión por la administración del contrato, dinero que atrajo la atención del Tesoro en la medida en que acumuló un superávit considerable".

Lo que no quisieron destacar ni Edwards ni Simpson es que los ingresos petroleros generados por los 600,000 barriles diarios con el que los sauditas le han estado pagando al fondo al-Yamamah desde 1985 a la fecha, suma aproximadamente $160 mil millones de dólares; cuatro veces el costo real de todo el paquete militar que le entregó BAE a Arabia Saudita. Nadie en Londres dice a dónde fue a parar el resto del dinero, ni para qué se usó.

DESO se estableció como una entidad del gobierno británico a mediados de los 1960, y desde entonces ha sido el dominio privado de los principales fabricantes de defensa británicos e instituciones financieras aliadas. Durante toda su historia, el director de DESO siempre ha sido un director de una manufacturera de armas británica, responsable de atrapar todos los negocios posibles para firmas británicas.

Pero aparte del aumento de la porción británica en el comercio mundial de armas, DESO también se proponía asegurar el control británico de la totalidad del comercio de armas occidental, por medio de arreglos fuera de presupuesto, que serían imposibles de lograr bajo las leyes estadounidenses. Simpson reveló que, bajo Al-Yamamah, también se les permitió sacar provecho del acuerdo a firmas estadounidenses y otras extranjeras:

"El acuerdo Al-Yamamah que la Sra. Thatcher negoció colocó a la British Aerospace como el principal contratista para la provisión de cualquier otro equipo militar comprado por Arabia Saudita. 'Al apoyar no sólo las aeronaves británicas sino también las estadounidenses', dijo Edward, 'Al-Yamamah fue una parte integral del apoyo a la Fuerza Aérea saudita en todo'. Subrayó que DESO y la British Aerospace terminaron de este modo apoyando toda aeronave saudita —el programa Escudo de la Paz— financiado todo a través de Al-Yamamah. Edwards concluyó que 'en otras palabras, el valor de este flujo de ingresos y para lo que se usó, se ha desviado un poquito al paso de los años hacia otras cosas distintas a las que originalmente estaban destinadas'.

"En efecto", admitió Simpson, "Al-Yamamah se convertiría en un método clandestino para comprar armas estadounidenses para el reino de manera encubierta; las compras de pertrechos militares que no sería visible al Congreso. Fue estructurada específicamente para brindarle un grado de flexibilidad sin paralelo por medio del cual los sauditas podían comprar equipo militar con el imprimátur de DESO y la British Aerospace".

Simpson, que escribió The Prince prácticamente como una autobiografía pagada del enigmático diplomático saudita, príncipe Bandar, reconoció abiertamente que la verdadera magnitud del trato petróleo por jets planteaba asuntos graves de corrupción.

"La ingeniosa diversidad de Al-Yamamah", escribió Simpson, "junto con la discreción del Gobierno británico y el enfoque liberal de un trato financiero único, financiado mayormente con el aval indiscutible de las enormes reservas petroleras sauditas, podía explicar los hoyos negros financieros que unos medios suspicaces asumieron eran evidencia de comisiones".

Sin embargo, explicó Simpson, "si bien Al-Yamamah constituye una forma muy poco convencional de hacer negocios, sus lucrativas derivaciones son subproductos de todo un objetivo político: un objetivo político saudita y uno británico. Al-Yamamah es, primero que todo, un contrato político. Negociado en el apogeo de la Guerra Fría, su estructura única ha permitido a los sauditas comprar armas en todo el mundo para financiar la pelea contra el comunismo. El dinero de Al-Yamamah puede encontrarse en la compra clandestina de pertrechos militares rusos usados en la expulsión de las tropas de Kadafi de Chad. También se puede rastear a las armas adquiridas en Egipto y otros países y enviadas a los muyajedines en Afganistán combatiendo las fuerzas de ocupación soviéticas".

"Posiblemente", admitió Simpson, "su flexibilidad consumada es necesaria debido a la oposición inevitable a las compras de armas sauditas en el Congreso... El arreglo de trueque de petróleo eludía dicha burocracia".

Simpson cita "fuentes cercanas a Bandar", que explicaron: "Lo que hizo Al-Yamah, proque se trata de petróleo por servicios, es decir: Okay. Al-Yamamah paga la cuenta; Arabia Saudita firmará con Francia o quien sea, y los británicos les pagan a su nombre. De este modo, de repente los sauditas tienen ahora un sistema de armamento operacional completo con su apoyo que no se refleja en Al-Yamamah como un proyecto. Por tanto, si Arabia Saudita quiere algunos servicios de los americanos o algún sistema de armamento que tengan que comprar ahora, porque si no el Congreso lo objetará después, y no lo pueden obtener por medio de su presupuesto de defensa actual, entonces simplemente le dicen a Al-Yamamah, 'tú desvía ese dinero' ".

Entre los más de 80 mil millones de dólares en financiamientos sin huella generados a través de Al-Yamamah, según un cálculo conservador de EIR, corroborado por fuentes de inteligencia norteamericanas, y el uso del proyecto como una protección para actividades encubiertas alrededor del globo y compras de armamento no autorizadas, tanto el Departamento de Justicia como el Congreso norteamericano tienen una serie de crímenes mucho más grande por investigar que los 2 mil millones en comisiones supuestamente conducidas a través de cuentas sauditas en el Banco Riggs. El asunto es la corrupción británica y la subversión del derecho estadounidense en gran escala.

El escritor a sueldo del príncipe Bandar, William Simpson, ha revelado que Al-Yamamah proporcionó financiamiento encubierto no contabilizado para la guerra encubierta de una década de los muyajedín para sacar al Ejército Rojo soviéto de Afganistán. Fuentes de inteligencia estadounidense han confirmado de manera independiente que al menos algunos de estos fondos fueron para el recrutamiento y entrenamiento de combatientes musulmanes extranjeros, que fueron enviados a Afganistán. Algunos de estos combatientes, después de la guerra afgana (1979-1990) posteriormente aparecerían en lugares tan lejanos como Argelia, las Filipinas, Indonesia, Yemen, Paquistán y Arabia Saudita como insurgentes islámicos, incluyendo miembros de al-Qaeda.

Simpson reveló también que fondos de Al-Yamamah fueron a la compra de armamento de fabricación soviética, que fue proporcionado a Chad, para sacar a las fuerzas libias de ese país africano. John Bedenkamp, otrora alto colaborador del presidente de Rodesia Ian Smith, en la era del apartheid, y un traficante de armas grande por toda África, lo investiga actualmente la SFO por su papel en los negocios de armas de BAE en Sudáfica. Fuentes de iteligencia norteamericanas han identificado a Bedenkamp como conducto de las armas soviéticas para insurgentes africanos, que plantea interrogantes sobre su participación inicial en el proyecto Al-Yamamah en estos acuerdos de armas para atizar guerras en Africa.

Cheney siente la lumbre

Fuentes en Washington han informado a EIR que las revelaciones de Al-Yamamah han causado ondas de choque por toda la City de Londres. Según una fuente de inteligencia estadounidense de alto nivel, que habló con EIR de manera anónima, "la historia de Al-Yamamah abre una ventana al mundo interno del poder financiero angloholandés. Si bien Al-Yamamah no es el único arreglo fuera de presupuesto, sí es uno de los más grandes y proporciona un cuadro claro de un modo de operación; totalmente fuera del control de cualquier agencia gubernamental, en especial del Gobierno estadounidense. En últimas, éste es un escándalo de Londres, no un escándalo de Riyad".

Una consecuencia de estas ondas de choque es que el Vicepresidente Dick Cheney, según expertos conocedores de Washington, se encuentra en grandes problemas con sus amigos de Londres. Cheney, informan las fuentes, fue el garante de que la historia del fondo de 80 a 100 mil millones de dólares nunca vería la luz del día. Y mientras la prensa institucional estadounidense y británica han intentado sepultar el escándalo, ya sea bloqueándolo por completo o enfocándose en aspectos terciarios, como el relativamente pequeño flujo de dinero en efectivo al príncipe Bandar, las revelaciones de EIR han saturado el Congreso de los Estados Unidos y han sido recogidas por todo el mundo.

El siguiente capítulo en el escándalo del siglo todavía se está escribiendo y ése podría significar el hundimiento político de Dick Cheney. Irónicamente, podría venir de las manos de sus propios promotores en la City de Londres, en vez de los demócratas en el Congreso, que siguen divididos en el asunto del juicio político a Cheney por grandes delitos y faltas. En última instancia, los verdaderos poderes detrás del trono en Londres tienen muy poca tolerancia ante el fracaso.