Baltasar (Poema por Heinrich Heine)

La media noche a más andar venía,
y Babilonia en soledad dormía;
solo en el real palacio
llenaban el espacio
las voces de la regia servidumbre
que al amor de la lumbre,
en nocturnal orgía,
el mismo Baltasar juntado había.
En la real estancia,
la palaciega turba el vino escancia
en chispeante raudal; suenan las copas,
rugen los pechos, y ábranse las ropas;
y feliz y risueño,
se muestra entonces el imperioso dueño.
Fuego de insania brilla
del ebrio soberano en la mejilla,
que el vino en él provoca
temeridad fatal y audacia loca,
llevando su osadía
hasta ultrajar a Dios con lengua impía.
Y blasfema, y blasfema, y cada instante
su impiedad es mayor; y delirante,
la cortesana multitud lo aclama.
Con imperioso acento,
el rey sus fieles servidores llama,
y un mandato pronuncia, que al momento
fue obedecido. Con ligeros pasos
los fámulos volvieron,
trayendo a cuestas los sagrados vasos
que al templo de Jehová robados fueron.
ÜntCon sacrílego intento temerario,
llenó el monarca un cáliz del sagrario
y hasta las heces lo apuró de un sorbo.
Luego, arrogante y torvo,
con empapada boca, gritó recio:
“¡Jehová! ¡Jehová!, yo te desprecio,
¡yo soy de Babilonia el soberano!. . .”
Mas apenas vibró la frase impía,
miedo en el corazón sintió el tirano;
y cesó la sacrílega alegría,
y silencio mortal reinó en la sala. . .
¡Mirad! ¡Mirad!, el pecho se estremece. . .
Una mano aparece
que en la pared resbala,
y con letras de fuego
escribe, escribe. . ., y desaparece luego.
El rey, como un cadáver, palidece
y en su sitial temblando permanece,
La turba palaciega,
muda y de espanto helada,
a las angustias del pavor se entrega,
puesta en el muro la tenaz mirada.
Los magos del imperio
llamados fueron a romper el broche
que ocultaba el terrífico misterio;
mas fueron vanos sus esfuerzos, vanos. . .
Y aquella misma noche,
fue asesinado Baltasar a manos
de sus propios, infames cortesanos.

—Heinrich Heine (1797–1856).

Heinrich Heine escribió este poema en su juventud, entre 1814 y 1820, y Robert Schumann lo hizo lied (canción artística alemana). Esta traducción es de Juan Antonio Pérez Bonalde ( El cancionero, Editorial VIAU. Buenos Aires, 1890).

Heine basó su poema en el libro bíblico de Daniel ( Daniel 5:1–30 ). En dicha historia del Viejo Testamento, ninguno de los magos babilonios, encantadores, caldeos ni astrólogos pudo interpretar las palabras que aparecieron en la pared, de modo que el Rey llamó al hebreo Daniel, a quien, junto con todo el pueblo hebreo, habían forzado a vivir en el cautiverio en Babilonia. Según el Libro de Daniel, en la época en la que sometieron a los judíos al cautiverio babilonio, el Templo del Señor fue saqueado y profanado, del modo que sugiere el poema.
Daniel lee las palabras en la pared como “Mene, Menem Tekel, Upharsin”, y las interpreta como: Dios tiene contados los días de tu reinado y lo lleva a su fin; te han sopesado en la balanza y sales debiendo; tu reino es dividido y entregado a los medos y a los persas.
Esa misma noche, nos dice la Biblia, asesinan a Baltasar, y Darío el medo recibe el reino.
Históricamente, fue Ciro (un persa, al igual que los tres reyes llamados Darío) quien saqueó Babilonia en 538 a.C.
La idea de laviene de la gran pintura (circa 1636) de Rembrandt van Rijn.