Pánico en la City a una revolución sangrienta

13 de febrero de 2016

12 de febrero de 2016 — La histeria se propaga como fuego por la City de Londres. Allister Heath, subdirector del Daily Telegraph, hace sonar la alarma ante el temor de que la destrucción del capitalismo mismo acecha a la City de Londres.

"El mundo no se puede dar el lujo de otro crac financiero; podría destruir al capitalismo tal y como lo conocemos hoy", escribe Heath. "Una nueva crisis económica desataría una reacción violenta en Gran Bretaña, Europa y Estados Unidos que podrían arrastrarnos a todos a la pobreza".

"Se pueden recuperar de ataques terroristas, ponerse de pie de nuevo después de terremotos y hacerle frente a pandemias como el Zika. Incluso pueden sobrellevar años de incertidumbre económica, salarios congelados y desempleo hasta las nubes. Pero no es posible que ninguna nación desarrollada hoy pueda tolerar otra crisis bancaria generalizada con su recesión sangrienta y devoradora.

"Somos demasiado frágiles, tanto física como sicológicamente. Nuestras economías, culturas y tejidos sociales todavía están pagando un alto precio por la Gran Recesión; otro desplome, en especial si viene acompañado de un nuevo rescate bancario por parte de los contribuyentes, podría desatar un cataclismo, con repercusiones incontrolables.

"El público cuya confianza en las élites y el sector privado se vio sacudido después del 2007-2008, simplemente no lo toleraría. Su rabia sería tan explosiva, tan generalizada que pondría en peligro la sobrevivencia misma del libre comercio, la globalización y la economía basada en el mercado. Habría llamados a establecer controles de precios y salarios, impuestos ultra progresistas, una guerra en contra de la City y sentencias de encarcelamiento arbitrarias".

Dice que el crac de los años treinta llevó al populismo en Estados Unidos, pero explica lo que quiere decir con esto: a Franklin D. Roosevelt.

Pero pareciera que está totalmente resignado al sino de una crisis: "La triste verdad es que hay muy poco que los gobiernos pueden hacer a estas alturas, aparte de prepararse para lo peor, y esperar que los bancos centrales tengan éxito en posponer todos nuestros problemas para más adelante".