Lideres sindicalistas brasileños se niegan a reunirse con el presidente interino "golpista" Temer

20 de may de 2016

20 de mayo de 2016 — El lunes 16, los líderes de la Central Única de Trabajadores (CUT) de Brasil y de la Central de Trabajadores Brasileños (CTB) se negaron a aceptar la invitación del Presidente interino Michel Temer, a quien señalaron como "usurpador" y "golpista". Temer los había invitado a reunirse con él para discutir su plan para desmantelar el sistema de pensiones, una obsesión en particular de su nuevo ministro de Finanzas Henrique Meirelles, el neandertal ex directivo del banco FleetBoston.

La CUT y la CTB representan en conjunto el 43% de la fuerza laboral de Brasil. La CTB, que acusó a Temer de "traicionar a la clase obrera", dijo en una declaración que "la propuesta de Temer de reforma a las pensiones significa meter las pensiones en un ataúd". Según Meirelles, es "urgente" la reforma a las pensiones y ha formado un equipo de trabajo para que presente una propuesta final en menos de 30 días, informó O Globo.

Después de que Temer anunció en entrevista televisada el 15 de mayo que tomaría "medidas no populares" por "el bien del país", hubo protestas y manifestaciones con cacerolas en varias ciudades de todo el país, en donde los manifestantes gritaban "¡Temer para afuera!". Los trabajadores brasileños no tienen la intención de tragarse las políticas de austeridad que el "súper ministro" Meirelles pretende imponer.

Lo mismo se aplica a Argentina, en donde se han vuelto comunes las manifestaciones y protestas por los aumentos en los precios de los alimentos y los servicios públicos. El jueves, en la provincia de Buenos Aires, se unieron por primera vez en 14 años los sindicatos para realizar una manifestación sindical única en contra de las políticas de austeridad del presidente Macri.

En un discurso que dio el lunes 16, según informó Página 12 de Argentina, Dilma Rousseff advirtió que "el pueblo y los gobiernos de América Latina están preocupados por el golpe en Brasil" y las amenazas de su ministro de Relaciones Exteriores José Serra en contra de los países u organizaciones que denunciaron lo ocurrido como un golpe de Estado. La reacción "de los gobiernos extranjeros y sectores importantes de la opinión pública... expresa la indignación internacional por la farsa judicial que se llevó a cabo en Brasil" dijo. La preocupación es que "estas prácticas travestis de legalidad, pudiera aplicarse alrededor del mundo y en especial en América Latina, lo que promovería la desestabilización de los gobiernos legítimos y le daría marcha atrás a las conquistas sociales y democráticas que se han logrado en los últimos 15 años".

Dilma también atacó la política exterior de Temer y José Serra, que, advirtió, busca acuerdos económicos y comerciales "que dañan profundamente el interés nacional".