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Se estrellan las economías y los mercados; se necesita ya el programa de LaRouche

3 de agosto de 2016
Los corredores de bolsa de Wall Street en pánico durante el crac de septiembre de 2008. [flickr/thetaxhaven]

3 de agosto de 2016 — Está en marcha el derrumbe de no solo los mercados de crédito, sino de todas las economías de Europa y de Estados Unidos.

La inserción de la Glass-Steagall en la plataforma programática de los dos partidos políticos tradicionales de Estados Unidos ahora en campaña es un tema de discusión en todas partes; pero la Glass-Steagall es solo un paso hacia la meta que se tiene que alcanzar de inmediato. No hay tiempo para esperar una sesión del Congreso que no decida nada o al próximo Congreso: se tiene que imponer ya.

¿Por qué? Porque la Glass-Steagall es una parte esencial de un programa de crédito nacional para revivir la producción y la productividad y cooperar con las potencias de Asia en un programa global de inversiones en infraestructura. Sin un programa como ese, las economías transatlánticas entrarán en un derrumbe irreversible mucho peor que un mero "pánico bancario", aunque ya el pánico bancario está en marcha.

Las desafortunadas "pruebas de estrés" falsas a los principales bancos europeos ha desataron su desplome general en los mercados, de tal manera que en Italia se suspendió la cotización de las acciones de los bancos en el mercado bursátil el martes, luego de que supuestamente esos bancos ¡habían sido rescatados! Un cálculo hecho por expertos del "verdadero estrés de los bancos", cálculo que se realizó de emergencia y lo informó el diario británico Financial Times ese día, resultó en que los grandes bancos europeos necesitan un rescate inmediato de cuando menos 900 mil millones de euros para sobrevivir, es decir prácticamente un programa "TARP" como el de 2009 por casi un billón de euros, solo para sobrevivir.

Pero es la pérdida del crecimiento económico y de la pérdida absoluta de la productividad en las economías transatlánticas lo que está impulsando este derrumbe. En Estados Unidos, por ejemplo, el crecimiento durante los últimos 12 meses fue de 1%; la productividad laboral ha caído en 1.5% en lo que va de este año, y no ha crecido en seis años; la inversión de capital de las empresas ha caído en cinco de los últimos seis trimestres; los salarios reales semanales han caído de nuevo.

Los directivos de la Reserva Federal —como el jefe de la Reserva Federal de Nueva York, Dudley (el martes) y la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yallen, la semana pasada— andan dando discursos donde se quejan de la pérdida de la productividad económica, algo que ellos mismos han ayudado a causar con su programa de imprimir dinero para rescatar a los bancos corruptos.

El crecimiento en aspectos más fundamentales que miden el efecto de nuevas tecnologías en la productividad laboral, ha desaparecido por completo.

Los marcadores en Europa son peores, y la inversión pública se ha desplomado en toda Europa en los últimos años entre 115,00 y 120,000 millones de euros, o sea, unos $135 mil millones de dólares.

Pero otro TARP por un billón de dólares para los bancos no va a curar nada de su derrumbe. Italia por ejemplo, que es actualmente el epicentro del desplome de los bancos, necesita una ley nacional que permita la creación de crédito nacional para el crecimiento, una medida que actualmente está prohibida por los reglamentos de la Unión Europea.

La separación de la banca comercial de la banca de casino, como lo regula la ley Glass-Steagall, y la limitación sobre los bancos comerciales asegurados, abre la posibilidad de la cura. Pero la cura consiste en crear instituciones de crédito nacional para generar crédito para una infraestructura nueva y más productiva así como para la industria, y la exigencia de más crédito de los bancos privados. La normativa de la Glass-Steagall abre la puerta a los exitosos programas de banca y crédito del Secretario del Tesoro Alexander Hamilton.

Uno de los senadores que respalda la ley Glass-Steagall, piensa que si la ley sale de la comisión que la tiene ahora secuestrada, para discutirse en el pleno del Senado, la ley se aprueba ahora mismo. El debate nacional y la discusión en torno a la Glass-Steagall que se ha suscitado a partir de su inserción en los programas de los partidos , se tiene que convertir en acciones para hacer que se apruebe ya, no después.

Las sociedades estadounidense y europeas han sostenido pérdidas tremendas desde el derrumbe financiero de 2008, a veces definido en términos de decenas de billones de dólares, pero que en realidad se mide en términos de la pérdida de un futuro para las generaciones jóvenes. Este derrumbe que se nos viene encima va a hacer eso irreversible, a menos que se le detenga ya mediante una acción nacional.

Todo ciudadano puede ser una fuerza creativa en este esfuerzo.