El desplome de Occidente es ya evidente, pero es posible una reestructuración económica y social al estilo de Franklin Roosevelt

23 de septiembre de 2016

23 de septiembre de 2016 — Vean desde arriba el estado en que se encuentra Estados Unidos. ¿Qué ven?

La población está en un estado de desintegración vertiginosa al borde de una guerra civil. Los acontecimientos de Charlotte, Carolina del Norte, durante los últimos días, demuestran otra vez la desesperación de los pobres privados de sus derechos, junto con las divisiones y prejuicios raciales que pueden desatar el caos de un momento a otro. La juventud no solo es empujada hacia las drogas, sino que sus adiciones las promueve un Presidente orate. El sistema bancario se desintegra, en tanto que la mentalidad de casino de Wall Street y Londres ha destruido la economía real y ha producido una burbuja de derivados que es más del doble de la que provocó el fiasco financiero del 2008. Las guerras perpetuas de "cambio de régimen" de los últimos 15 años con Bush y con Obama han ampliado enormemente las filas de los terroristas, con un costo de millones de millones de dólares; han entregado a naciones enteras a pandillas bárbaras, y ha ocasionado una crisis de refugiados que está destrozando a Europa, y ha generado movimientos de extrema derecha que no se habían visto desde la era de los fascistas y de los nazis. La estructura de vigilancia del Estado policíaco en Estados Unidos, a pesar de haber quedado expuesto gracias al valor de Edward Snowden hace años, sigue dominando sin ninguna restricción.

Pero ahora la verdad de estas atrocidades la tenemos ante los ojos, a simple vista. Los "bancos demasiado grandes para quebrar", empezando con el Deutsche Bank, han quedado también a la vista como bancos irremediablemente quebrados, mientras que la población es cada vez más pobre. La epidemia de las drogas ya ha alcanzado a todas las comunidades de Estados Unidos, incluso a las pequeñas zonas rurales. La perversa violencia simulada de Hollywood es ahora la realidad de los noticieros nocturnos. El hecho de que el Presidente de Estados Unidos está del lado del terrorismo ha quedado expuesto con la publicación de las 28 páginas secretas, y por la defensa abierta que ha hecho Obama de los patrocinadores saudíes del terrorismo, al anunciar su intención de vetar la ley JASTA, a pesar de que el Congreso la aprobó por unanimidad y que ha prometido que anularán el veto de Obama. Como se evidenció también en Siria esta semana, la Casa Blanca y el Pentágono están totalmente decididos a empezar una guerra con Rusia y China, a pesar de que el resto del mundo se ha vuelto hacia Rusia y China como la única posibilidad de desarrollo y de cooperación de provecho mutuo, como se vio en la Cumbre del G20 en China a principios del mes. Esta semana, el primer ministro de China, Li Keqiang, llevó esta perspectiva de "todos ganan" a las instituciones de las Naciones Unidas, en donde se reunió con los líderes de 16 agencias de la ONU (PNUD, OMC, FMI, OMS, Banco Mundial, etc.) en un foro sobre el necesario desarrollo mundial.

Y podríamos seguir detallando el panorama.

Observando este momento preñado de la historia, la presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, señaló que si los $5 billones de dólares que se han gastado en las guerras de Bush y de Obama, y el billón de dólares que pretende gastar Obama en la modernización del arsenal de armas nucleares de Estados Unidos, se gastaran en la reconstrucción de Estados Unidos, para restaurar y aliviar la escasa infraestructura, construyendo nuevas ciudades junto a nuevas líneas de ferrocarriles de alta velocidad, (como lo ha hecho China), para reconstruir la franja de herrumbre donde otrora prosperaba la industria pesada de Estados Unidos; para organizar de nuevo las entidades de la época de Franklin Roosevelt que ofrezcan empleos, entrenamiento y rehabilitación en el proceso de reconstrucción a los millones de jóvenes olvidados y drogados; para financiar la ciencia y la cultura clásica de nuevo, en especial en los degenerados sistemas escolares; si se hiciera todo esto y más, como lo hizo Franklin Roosevelt con su Nuevo Trato, entonces no habrían guerras ni derrumbe económico.

El primer paso para esto — luego de anular el veto de Obama sobre la ley JASTA esta semana— debe ser el mismo que tomó Roosevelt: Cerrar Wall Street, mediante la restauración de la ley Glass-Steagall, para abrir el paso a la generación de crédito dirigido hacia el proceso de la reconstrucción física y social. Este Nuevo Paradigma, como le han llamado Lyndon y Helga LaRouche, ya lo han puesto en marcha China y Rusia, y se está extendiendo día con día por todo el mundo. La punta de lanza para llevar este proceso a Estados Unidos también se ha puesto en marcha, con el movimiento de LaRouche, centrado en Manhattan, inspirando a la población mediante la música clásica, la ciencia y las alternativas veraces y optimistas a la fealdad de la contracultura y la decadencia que domina la vida de Estados Unidos hoy en día.

Como dijo una vez Thomas Paine, "estos son momentos que prueban el alma de los hombres". Y con todo, fue precisamente esa inspiración de dedicar la vida a la creación de un futuro productivo para toda la humanidad en un tiempo de crisis, lo que hizo a Estados Unidos lo que una vez fue y debe volver a ser. Los próximos días y semanas serán históricos, para bien o para mal, dependiendo del valor y de la creatividad de los ciudadanos del mundo.