Obama se exhibió clínicamente demente ante la AGNU

23 de septiembre de 2016

22 de septiembre de 2016 — En un discurso que no recibió ningún aplauso, a no ser por la diplomática respuesta al final, el asesino en masa Barack Obama enfocó su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, este martes 20 de septiembre, en su legado: vociferando sobre los grandes de sus ocho años, y comparándose con Martin Luther King en su llamado a la humanidad a ser “colaboradores con Dios”.

El narcisista Obama dijo que desde el final de la Guerra Fría, hace 25 años, el mundo es ahora “menos violento y más próspero que nunca antes”. Dijo que “los principios de mercados abiertos y de gobiernos responsables, de democracia y derechos humanos y derecho internacional que hemos forjado siguen siendo el fundamento firme para el progreso de la humanidad en este siglo”, y dijo luego que es gracias a esta globalización y sus intervenciones con las revoluciones de color, que “el número de gente que vive en la pobreza extrema se ha reducido de casi un 40 por ciento de la humanidad, a menos del 10 por ciento”. No hizo ninguna referencia al hecho de que China ha sacado a 700 millones de personas de la pobreza, ni de la Ruta de la Seda, ni de las nuevas instituciones financieras ni a cualquier otro aspecto que ahora obra en virtud del nuevo paradigma.

En dos ocasiones en su perorata, este títere del imperio británico atacó a Rusia: “en un mundo que dejó atrás la era de los imperios, vemos que Rusia intenta recuperar la gloria perdida mediante la fuerza”; y “si Rusia sigue interfiriendo en los asuntos de sus vecinos, podría darle popularidad en casa, puede ser que alimente el fervor nacionalista por un rato, pero en el tiempo también va a disminuir su estatura y hará sus fronteras menos seguras”.

Se rió cuando dijo que hay algunos que dicen que “le gente en Ucrania” salió a las calles “debido a algún complot impuesto desde afuera”, cuando la verdad es que la gente vio qué tan prósperos estaban los europeos occidentales y querían unirse a la Unión Europea (le faltó mencionar la miseria económica existente ahora en Ucrania, y también los $10 mil millones de dólares que gastó su gobierno para crear un movimiento antirruso aliado a los neonazis).

Reconoció que el Medio Oriente se encuentra en un estado de colapso, pero “explicó” que esto no se debe a lo que dice el Informe Chilcot y el informe de la Cámara de los Comunes del Reino Unido sobre Libia, los cuales han asentado que las guerras de agresión criminales de Bush y de Obama hundieron a la región en una era de tinieblas, sino que se debe según Obama a que tienen líderes muy malos que “persiguen a la oposición política, o que satanizan a otras sectas religiosas”.

El episodio más psicótico fue cuando Obama describió a Estados Unidos, no como una potencia imperial decadente que se le reconoce en todo el mundo, sino como “una rara superpotencia en la historia humana hasta el momento, que ha estado dispuesta a pensar más allá de sus estrechos intereses propios... Y en consecuencia, creo que hemos sido una fuerza para lo bueno”.

Como se informó antes, no hubo ningún aplauso que interrumpiera la diatriba.