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El mejor de los tiempos y el peor de los tiempos; encuentra a quienes quieran hacer el bien

14 de diciembre de 2016
Estatuas de Federeico Schiller y de Johann Wolfgang Goethe en el Parque Golden Gate de San Francisco, CA.

14 de diciembre de 2016 — Federico Schiller hablaba de quienes buscan la verdad a través de la belleza. Shelley hablaba de esos momentos revolucionarios de la historia en los que la gente del común se vuelve capaz de comprender verdades profundas sobre el hombre y la naturaleza.

Nos hallamos en esos tiempos. El terrorismo está de huída; chinos y rusos están construyendo grandes proyectos en todo el mundo, y las poblaciones de Occidente están mostrando a través de las elecciones, una tras otra, que ya no van a tolerar la decadencia económica, las guerras perpetuas de “cambio de régimen”, ni las amenazas del imperio moribundo de una guerra contra Rusia y China.

No obstante, el liderato desacreditado y rechazado del viejo paradigma, pretendiendo que aún tienen su poder perdido, tratan desesperadamente de provocar una guerra mundial. El nivel de histeria pura es verdaderamente increíble. Si fuésemos a creerles a Obama, o a Angela Merkel, o al liderato británico, que la derrota de Al-Qaeda en Alepo es un desastre genocida; que en Estados Unidos Vladimir Putin le robó las elecciones al clon de Obama, Hillary Clinton; que Putin está ahora maniobrando para robarse las elecciones de Alemania, y de que el calentamiento global va a destruir al mundo si no detenemos el progreso humano.

Esto es risible, pero no es asunto de risa. Recuerden lo que informó EIR en junio, lo que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, le dijo a la prensa: “Un ataque cibernético grave puede ser clasificado como un caso para la Alianza. Luego la OTAN puede y debe reaccionar. ¿Cómo? Eso dependerá de la gravedad del ataque”. Es decir, la OTAN puede responder a un ataque de un hacker con armas convencionales, o con armas nucleares, bajo el Artículo V de la OTAN.

Al escuchar el canto de los cisnes de estos neoconservadores imperialistas, recuerden la “Gran mentira” de Joseph Goebbels: “Si dices una mentira lo suficientemente grande y la sigues repitiendo, eventualmente la gente llega a creerla. La mentira se puede mantener solo por el tiempo en que el Estado pueda cubrir a la gente de las consecuencias políticas, económicas o militares de la mentira”.

Nos han dicho un millón de veces que es “sabido” que los rusos hackean las computadoras de occidente para socavar la “democracia” occidental y para elegir a Donald Trump. Trump está absolutamente en lo correcto en preguntar como es que nadie pueda creer tales sandeces luego de que los mismos elementos corruptos de la comunidad de inteligencia nos aseguraron que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, y lanzaron el infierno genocida de los últimos treinta años en el Medio Oriente; y también le aseguraron al Congreso de Estados Unidos que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) no realizaba ninguna vigilancia masiva sobre los ciudadanos de Estados Unidos, como lo dijo James Clapper antes de las revelaciones de Snowden. El mismo James Clapper a quien Obama le ha pedido que “investigue” la “subversión” rusa del proceso electoral de Estados Unidos.

No hay duda de que un número creciente de gente por todo el mundo occidental, tanto líderes políticos como ciudadanos del común, reconocen la perversidad del viejo paradigma y han decidido hacer el bien frente al mal. El mundo se renueva con el proceso de la Nueva Ruta de la Seda iniciada por China, colaborando con la Unión Económica Euroasiática, los países del ANSEA, los BRICS, de la Organización de Cooperación de Shangai; más de 100 naciones de toda Eurasia, África e Iberoamérica que quieren crear un futuro para sus naciones y para el mundo en su conjunto. Estados Unidos y la Unión Europea no están excluidos del proceso; se están aislando intencionalmente, y le niegan a sus poblaciones el derecho a tomar parte en este nuevo paradigma revolucionario para el desarrollo de nuestro planeta y de nuestro universo.

Encuentren a quienes quieran hacer el bien, le dijo Lyndon LaRouche a sus asociados este martes. Es cada vez más fácil distinguir entre quienes quieren preservar el poder de un imperio moribundo, a pesar del infierno, y quienes quieren participar en la creación de un futuro digno, creativo y próspero para toda la humanidad.