Proyecto de Ley de Glass-Steagall ya está en el Congreso; ahora, asegurar que se apruebe junto con las Cuatro Leyes de LaRouche

2 de febrero de 2017

2 de febrero de 2017 — Tres acontecimientos que sucedieron en Washington, DC, el 1 de febrero, marcan el terreno para un enfrentamiento programático que determinará, en un corto plazo, si la economía de Estados Unidos, y la nación, sobrevivirán o no.

Primero, la representante demócrata de Ohio, Marcy Kaptur, anunció que volvió a introducir su proyecto de ley Glass-Steagall al nuevo Congreso, el 115vo Congreso de Estados Unidos, junto con 26 copatrocinadores. La congresista Kaptur dio una rueda de prensa de gran repercusión mediática, acompañada del representante republicano de Carolina del Norte, Walter Jones, la representante demócrata de Hawai, Tulsi Gabbard, y el representante demócrata de Ohio Tim Ryan, en la cual Kaptur declaró: “El Presidente Donald Trump suscribió el llamado por una ‘versión del siglo 21 de la Glass-Steagall’ en su declaración de campaña en Charlotte, Carolina del Norte. Tenemos la obligación de trabajar con él para lograr eso”.

Este es precisamente el tipo de impulso bipartidista que se necesita para hacer que el imperio británico y Wall Street se traguen la medicina que tanto desprecian, pero que el país y el mundo tanto necesitan con urgencia.

Segundo, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, respondió una pregunta del corresponsal de EIR, Bill Jones, en el sentido de si el Presidente Trump apoya todavía la Glass-Steagall, como dijo que lo haría durante su campaña electoral desde octubre del año pasado. Jones se refirió en particular a la “ambigua” declaración sobre la Glass-Steagall que dio el sujeto nominado a Secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, cuya confirmación está ahora en manos del Senado. Spicer le aseguró a Jones y al cuerpo de periodistas reunido ahí, que la posición de Trump sigue siendo “congruente” con relación a la Glass-Steagall.

El tercer acontecimiento fue el vergonzoso espectáculo que presentaron los miembros republicanos de la Comisión de Finanzas del Senado, quienes destrozaron su propio reglamento para aprobar la postulación del enemigo de la Glass-Steagall, Steve Mnuchin, para el puesto de Secretario del Tesoro, a pesar del hecho de que no había ni un solo senador demócrata presente, lo cual constituye un descarado atropello a las normas del Senado. Esta maniobra marca el inicio de facto para un sistema parlamentario en Washington, cuando menos por ahora. El nombramiento del sicario de Soros, Mnuchin, pasa ahora al pleno del Senado para su votación, a menos que un senador, uno tan solo, ponga el asunto a discusión.

Lyndon LaRouche comentó ayer a sus asociados que la ley Glass-Steagall es el punto más vulnerable del enemigo, y que tenemos que forjar la intención del Congreso en su conjunto con una declaración programática clara en esta materia. Primero hacemos esto, dijo; los podemos superar en número, y luego procedemos al resto de las Cuatro Leyes que se necesitan para la recuperación económica nacional e internacional.

En la misma discusión, Helga Zepp-LaRouche subrayó que nuestra movilización se tiene que enfocar rápidamente, en ubicar un senador en las próximas 24 horas para poner el nombramiento de Mnuchin en espera; y luego, avanzar a fondo para lograr un regreso pronto a la Glass-Steagall y a las Cuatro Leyes de LaRouche. Esta cuestión de la Glass-Steagall es una de las dos batallas programáticas que se tienen que ganar dentro del gobierno de Trump, subrayó Zepp-LaRouche. La otra es alejarnos del umbral hacia la guerra termonuclear con Rusia y China, al cual nos acercaron Bush y Obama con su política belicista, y restablecer una relación sensata entre Estados Unidos y Rusia.

En este respecto, Trump está avanzando de manera significativa, como lo volvió a destacar el vocero del Kremlin, Dmitry Peskov, quien elogió la conversación telefónica entre Trump y Putin del 28 de enero, como “buena y constructiva”. Y la histeria creciente que se ha desatado entre los voceros y supeditados al imperio británico y a Wall Street, quienes andan aullando porque Trump les ha creado una “incertidumbre excepcional” debido a que habla amigablemente con Putin, muestra que el avance que se ha hecho es real.

Ya es hora de hacer realidad la peor de las pesadillas del imperio británico en esos dos campos de batalla.