Funcionarios del gobierno de México y de Estados Unidos discuten sobre el desarrollo económico regional como solución a la crisis migratoria

24 de febrero de 2017

24 de febrero de 2017 — Los Secretarios de Seguridad Interior, general John Kelly, y de Estado, Rex Tillerson, concluyeron una difícil visita de dos días a México este jueves 23, durante la cual se reunieron con sus homólogos mexicanos y con el Presidente Enrique Peña Nieto. En una conferencia de prensa conjunta en la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, la parte estadounidense emitió una declaración de prensa donde indican que las discusiones habían sido “muy productivas” y que “nos escuchamos muy cuidadosamente unos a otros, y planteamos de manera respetuosa y paciente nuestras respectivas inquietudes”. El Secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Videgaray, también expresó una nota alentadora, y dijo que “quiero reconocer a los Secretarios Tillerson y Kelly su presencia el día de hoy en México en un momento en que nuestros países y nuestros gobiernos tienen diferencias públicas y notorias”, en referencia a los problemas apremiantes de la migración fronteriza y el narcotráfico. “El mejor camino para resolverlas es a través del diálogo, el diálogo franco, el diálogo claro, el diálogo que se da finalmente entre dos naciones que tienen profundos lazos de amistad, de cercanía y por supuesto de sociedad en Norteamérica”, agregó Videgaray.

Videgaray indicó también que en unos meses México convocará a una reunión sobre migración con los gobiernos de Estados Unidos, Centroamérica, Canadá y Colombia, “entendiendo que es a través del desarrollo y la estabilidad, como realmente pueden atenderse las causas de la migración”. El Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, subrayó asimismo la necesidad de desarrollar “una buena estrategia de desarrollo regional”.

Por su parte, el Secretario Kelly también subrayó que “ya hablé sobre el desarrollo económico en Centroamérica para tratar de reducir los motivos de que la gente venga a Estados Unidos”. De manera enfática, agregó: “Déjenme ser muy claro, muy claro; no habrá, repito, no habrá deportaciones masivas... Y de nuevo, escuchen esto: no, repito, no habrá el uso de la fuerza militar en las operaciones migratorios, ninguna”.

Desde hace mucho tiempo Lyndon LaRouche ha insistido en que el único modo de resolver los problemas interrelacionados de los inmigrantes indocumentados y el tráfico de armas y de drogas, es con una política de desarrollo económico acelerado conjunto de los países involucrados, al mismo tiempo que se elimina a los intereses bancarios de la City de Londres y de Wall Street que controlan el narcotráfico desde arriba.

El asunto más polémico que casi hizo fracasar las pláticas entre México y Estados Unidos antes de que empezaran, fue la publicación de un memorando el pasado 20 de febrero, por el Departamento de Seguridad Interior de Kelly, sobre la “Implementación las políticas del Presidente sobre seguridad fronteriza y mejoras a la aplicación de la ley de inmigración”. Lo más perturbador para los mexicanos es que el memorando anunciaba un cambio en la política de Estados Unidos, según el cual Estados Unidos “regresaría a los extranjeros que lleguen por tierra desde un territorio extranjero contiguo a Estados Unidos... al territorio desde el cual llegó, a la espera de un procedimiento formal de traslado”. Lo que esto significa en la práctica es que Estados Unidos ya no deportaría a los inmigrantes indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras a sus países de origen respectivo, sino que simplemente los enviaría de nuevo a través del territorio mexicano. México denunció de inmediato esa medida como inaceptable y como una violación al derecho internacional.

Esto no es una cuestión menor. La medida anunciada es inoperable y sumamente peligrosa, si se llegase a intentar bajo las actuales condiciones económicas y de seguridad. Según las estadísticas de la Secretaría de Seguridad Interna, durante los 8 años de la presidencia de Obama, se deportó un promedio de unas 400,000 personas al año desde Estados Unidos, mucho más que en las presidencias anteriores, lo cual le ganó a Obama el mote de “Deportador en Jefe”. De ese total, unos 280,000 (más del 70%) eran mexicanos y unos 90,000 (más del 20%) eran centroamericanos. Si los centroamericanos fuesen regresados ahora a México a través de su frontera con EU, esto sería equivalente a entregarle entre 90,000 y 100,000 centroamericanos empobrecidos y desesperados a los carteles del narcotráfico que están muy bien organizados y que también controlan las redes de tráfico de armas y de personas, lo cual convertiría a la región fronteriza entre México y Estados Unidos en un narcoestado.

México no está preparado de ningún modo para manejar influjo de deportados de esa magnitud, y enfrentaría condiciones similares a las de Turquía o Grecia, con los millones de refugiados africanos y del Medio Oriente. Es mejor abordar la crisis fronteriza en la manera que lo plantea LaRouche: Eso sí va a funcionar.