Los “Cascos Blancos”, una criatura de los británicos

15 de abril de 2017

13 de abril de 2017 — Cuando en toda la prensa mundial se dio a conocer el 3 de abril el supuesto “ataque con armas químicas” contra civiles en la provincia de Idlib perpetrado supuestamente por la fuerza aérea siria, todos los testimonios de los testigos y la evidencia presentada, como el informe que le fue dado al día siguiente al Presidente Donald Trump, fueron proporcionados por el grupo de “Defensa Civil Siria” también conocido como los “Cascos Blancos”. No había periodistas occidentales en Idlib. Los primeros informes de origen sobre el suceso los recopilaron por teléfono los periodistas de los servicios de cable desde lugares como Beirut, con versiones incluso que hablaban de que “se dispararon tres o cuatro cohetes” (como dijo Associated Press). Luego estas versiones se sustituyeron por “testimonios de testigos presenciales” desde el centro de al-Qaeda en Idlib, donde ocurrió el incendio de productos químicos y las muertes, y ahora esas versiones hablaban de “aviones que soltaron bombas de gas desde el cielo”. Todos esos informes salieron de los Cascos Blancos.

Expertos con amplia experiencia, como Scott Ritter, han perfilado a los Cascos Blancos. De acuerdo a Ritter, “los cimientos organizativos de los Cascos Blancos se pueden encontrar en una reunión de marzo del 2013 en Estambul, entre un oficial militar británico retirado, James Le Mesurier (con amplia experiencia en el mundo turbio de las compañías privadas de seguridad y la confluencia sombría entre las operaciones nacionales de seguridad y de inteligencia y las organizaciones internacionales) con representantes del Consejo Nacional Sirio (CNS) y la Sociedad Qatarí de la Media Luna Roja. A principios de ese mes, le habían dado al CNS el asiento que le correspondía a Siria en la Liga Árabe, en la reunión de la Liga que se llevó a cabo en Qatar.

“En esa reunión, el CNS asumió el lugar de Siria, y la Liga Árabe autorizó a los Estados miembros a darle respaldo activo a los rebeldes sirios, incluyendo armas y municiones. Los cataríes, operando por medio del CNS, ayudaron a reunir un capital inicial de $300,000 dólares para Le Mesurier, de Japón, Estados Unidos y del Reino Unido, para hacer un curso de 7 días diseñado para entrenar y equipar a un equipo de rescate de 25 personas, reclutados por el CNS, para trabajar en las llamadas ‘zonas liberadas’ de Siria”.

Los Cascos Blancos han operado exclusivamente en las “zonas liberadas”, es decir, las zonas bajo control de los grupos yihadistas contrarios al gobierno de Assad. Y han recibido $30 millones de dólares al año del Ministerio de Defensa británico, de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, en sus siglas en inglés) y de los gobiernos holandés, danés y japonés, unos $100 millones de dólares en total. Max Blumenthal publicó un perfil del grupo en octubre de 2016, en donde agrega al Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña como otro más de los financistas de los Cascos Blancos. También reciben apoyo a través de una ONG llamada “The Syria Campaign” (“Campaña Siria”) y de una empresa de relaciones públicas que es contratista del Departamento de Estado de EU, Chemonics; y Netflix los ha hecho célebres con la película “The White Helmets” a la que le dieron un premio de la academia de Hollywood.

En el perfil de Blumenthal, se documenta que los supuestos “estrictamente neutrales” Cascos Blancos, hacen campañas agresivas de cabildeo, a través de The Syria Campaign y de Chemonics, a favor de la imposición de “zonas de seguridad” en Siria que debiera de imponer la “coalición” de Estados Unidos, lo cual solo se podría hacer con una guerra contra las defensas aéreas y las fuerzas armadas sirias. También se documenta que los Cascos Blancos han aparecido con frecuencia en los videos donde militantes de al-Qaeda ejecutan soldados sirios, en particular. Algunos de estos videos muestran a los Cascos Blancos danzando con banderas de al-Qaeda y portando armas.