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Las acusaciones de Mueller no cambian nada: Su cacería de brujas se basa en un fraude británico

31 de octubre de 2017
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El entonces director del FBI Robert Mueller reconoce el aplauso durante los comentarios del Presidente Barack Obama en el jarín Rosado de la Casa Blanca, el 21 de junio de 2013. Ahí anuncio Obama a James Comey, drecha, como su postulado para reemplazar a Mueller. (Foto oficial de la Casa Blanca).

31 de octubre de 2017 — El Presidente Trump está pronto a salir para una gira por Asia en la cual sostendrá importantes cumbres económicas y de seguridad con el Presidente Xi de China, el primer ministro Abe de Japón, y quizás con el Presidente Putin de Rusia. Su programa declarado repetidamente consiste en que Estados Unidos debe tener buenas relaciones productivas con esas naciones.

Eso significa que nos encontramos en el punto crítico de exponer el historial y la utilización de un documento fraudulento de la inteligencia británica —el mentado “dossier de Steele”— y a un asesino judicial, Robert Mueller, para tratar de chantajear a Trump para que trate a Rusia y a China como los principales enemigos de Estados Unidos.

Hasta ahora, el chantaje originado en la inteligencia británica, que ha ido en una escalada de amenazas de enjuiciamiento, golpe de Estado, e incluso asesinato, no ha podido intimidar al Presidente en su propósito de formar relaciones de cooperación y beneficio mutuo con esas grandes potencias. No solo está de por medio la paz en el Medio Oriente y en la península coreana, sino el desarrollo cooperativo de grandes proyectos de infraestructura, en la exploración espacial, nuevas fuentes de energía, en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Es hora de intensificar la movilización para destruir al dossier británico y al asesino judicial.

Los primeros autos de acusación que emitió Robert Mueller no cambian esto, a pesar de que de manera deliberada e ilegal se hayan filtrado a la prensa para asustar a los niños en la noche de Halloween. Esas acusaciones se esperaban; se refieren a hechos ocurridos mucho antes de que el Presidente Trump fuese candidato incluso, por lo cual no lo involucran; son intentos de “aturdir” y de intimidar.

Son más dicientes las continuas revelaciones sobre el dossier británico.

No solo fueron los comités políticos de Clinton, sino también los de Obama, que le pagaron millones de dólares a un bufete jurídico de Washington por “servicios jurídicos” (o sea, con propósito de negar el objeto de la relación) la cual transmitió el dinero que produjo el fraudulento “dossier”, un refrito de anteriores acusaciones falsas inventadas por la inteligencia británica sobre Donald Trump y los rusos. No solo el dossier, sino también el tenebroso informe sobre el “hackeo a las computadoras del CND” se produjo con los millones que le pagaron Clinton y Obama a este bufete de abogados.

Antes de que se supiera esto, Clinton, Obama y los medios noticiosos cómplices, trataron este dossier británico como la “prueba del delito” del siglo. Después de que se hicieron estas revelaciones, el dossier comenzó a llamarse simplemente “investigación de oposición”, algo terciario que ¡ni los Obamas, ni los Clintonistas, reconocerían que sabían que habían pagado millones por eso!

Pero no. El dossier británico fue utilizado por funcionarios de inteligencia del gobierno de Obama, James Clapper, John Brennan y James Comey, en una reunión del 6 de enero con el Presidente electo Trump, para tratar de chantajearlo hacia una posición contra Rusia y contra China en su gobierno. Esto es de lo que se ufanaba el fanfarrón de Comey cuando se refirió a su “momento J. Edgar Hoover”. Se merecía que lo despidieran por eso, como el mismo Hoover debió haber sido despedido por los Presidentes que él chantajeó con sus “dossieres”.

Luego de que Trump rechazó el chantaje, el dossier británico se diseminó por los medios “noticiosos”, lo cual llevó directamente al nombramiento del asesino judicial Mueller, para sacar a Trump del gobierno y restaurar el control de Londres y Wall Street sobre la Presidencia de Estados Unidos.

Van a haber más revelaciones, luego de que la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes obtuvo finalmente los registros financieros de la firma Fusion GPS (la empresa que le pagó al agente británico Christopher Steele para elaborar el “dossier”), y está por conseguir los archivos del FBI sobre el propio Stelle, que registran como se utilizó el dossier británico y quién más pagó o a quién más le pagaron.

Todo depende de que el informe especial de la EIR, “Robert Mueller es un asesino judicial amoral: cumplirá su cometido si se le deja”, circule más ampliamente todavía.

La recompensa potencial, es un verdadero nuevo paradigma que cubra los programas que salgan de la próxima gira presidencial a Asia. La creación de un “banco hamiltoniano” de cooperación para la infraestructura, la exploración espacial conjunta y programas energéticos de urgencia, y la reorganización bancaria de acuerdo a la ley Glass-Steagall para que la producción pueda empezar en serio.