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Los golpistas están desesperados por sabotear la gira de Trump a Asia

1 de noviembre de 2017
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El Presidente de China, Xi Jinping (segundo a la derecha) y su esposa Peng Liyuan (segunda a la izquierda) posan para una foto con Donald Trump (centro), su esposa Melania Trump (primera a la derecha) y su hija Ivanka en Mar-a-Lago, Florida, el 7 de abril de2017. (Xinhua/Lan Hongguang).

1 de noviembre de 2017 — Mientras que el Presidente Trump se prepara para salir a Asia esta semana para sostener reuniones decisivas con Xi Jinping de China, Shinzo Abe de Japón, Rodrigo Duterte de Filipinas, Moon Jae-in de Corea del Sur, y quizás también con Vladimir Putin de Rusia —reuniones que podrían llevar a Estados Unidos directamente a estar en sintonía con el nuevo paradigma para la humanidad que surge del proceso de la Nueva Ruta de la Seda de China— los lacayos del imperio británico en Estados Unidos andan desesperados tratando de desacreditar e incluso de enjuiciar al Presidente, para sabotear su propósito de formar relaciones amistosas y constructivas con China y con Rusia.

Las acusaciones del asesino judicial Robert Mueller a Paul Manafort, que fue por un tiempo breve el director de la campaña de Trump en 2016, y a George Papadopoulos, quien muy probablemente fue plantado por la inteligencia británica en el equipo de transición de Trump (sin ninguna influencia notable) se han emitido para cubrir todas las primeras páginas y espacios noticiosos en Estados Unidos como si fuese el primer golpe para derrocar a Trump. Éste respondió con sus tuits, donde dice que las acusaciones contra Manafort no tienen nada que ver con él, ni con Rusia, y que “muy poca gente conocía al joven voluntario de bajo nivel llamado George, quien ha resultado ya ser un mentiroso”. El comentarista de CNN, David Gergen, se adelantó el lunes en la noche para advertir a Trump que no debe emprender su gira asiática mientras que enfrente tales ataques judiciales mortales. Pura bazofia.

China, mientras tanto, ya está desenvolviendo la alfombra roja para la visita presidencial de Trump, la primera que realiza un jefe de Estado desde la conclusión del histórico XIX Congreso Nacional del PCC, el cual concretizó la transformación de la historia mundial que inició Xi Jinping con el lanzamiento de la Franja Económica de la Nueva Ruta de la Seda y la Ruta de la Seda Marítima del Siglo 21, durante sus primeros cinco años de gobierno.

La andanada de ataques en los medios contra Xi en la prensa británica y estadounidense (como “dictador despiadado”, “el nuevo Mao”, “el nuevo Stalin”, etc.) no puede encubrir la realidad del increíble ritmo de desarrollo, tanto dentro de China, como en las naciones del sector en desarrollo del mundo que se han incorporado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Hasta el FMI e instituciones británicas históricas como el HSBC se han visto forzados por la realidad a informar sobre la transformación que está sucediendo en el mundo debido a la iniciativa de China, aunque sea porque la quieren detener.

La diferencia entre los dos futuros que enfrenta la humanidad es muy clara. Xi Jinping presentó una visión para China y el mundo para el año 2050, en la cual China llega a ser una nación plenamente desarrollada, y ayudando a las otrora naciones colonizadas del mundo a salir de la pobreza para convertirse en naciones industriales modernas. Xi fundamenta esto en los conceptos de “una comunidad de destino común” y “un nuevo tipo de relaciones entre las grandes potencias”. Él respalda totalmente el propósito declarado del Presidente Trump de trabajar estrechamente con China y con Rusia en este nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias, llevadas por la visión de la Nueva Ruta de la Seda de un destino común de progreso para todos.

Por otro lado, tenemos la carencia total de visión en occidente por el momento. Los intereses imperiales británicos detrás del intento de golpe contra Trump son las mismas fuerzas de la City de Londres y de Wall Street que han llevado a las economías occidentales a la decadencia industrial, al derrumbe de su infraestructura, a la desaparición de la industria nuclear y de los programas espaciales, a la horrenda epidemia de drogadicción, al enorme desempleo y a las cada vez mayores tasas de empobrecimiento y de suicidios.

No obstante, tenemos en nuestras manos los medios para salir de esta cultura moribunda. La Nueva Ruta de la Seda es la vía, pero para hacer realidad esa visión, hay que acabar con la perversidad de las instituciones de tahurería quebradas, de Londres y Wall Street, las cuales han tomado el control de la mayoría de las instituciones de nuestros gobiernos. Franklin Roosevelt demostró que eso es posible con su Nuevo Trato, estableciendo la ley Glass-Steagall para limpiar la suciedad en Wall Street, y para establecer instituciones hamiltonianas de crédito nacional para reconstruir la infraestructura de la nación y liberar los poderes productivos del trabajo y el desarrollo científico.

Así como implementó Robert Mueller el “grupo especial para atrapar a LaRouche” en la década de 1980, precisamente porque Lyndon LaRouche encabezaba un movimiento para alcanzar esa visión superior de la humanidad, así Mueller hoy opera todavía a nombre del imperio, tratando frenéticamente de mantener al mundo dividido, para impedir que Trump lleve a Estados Unidos a cooperar con China y Rusia.

Las Cuatro Leyes de LaRouche, incorporan el enfoque de Franklin Roosevelt, y le suma la urgencia de la cooperación cultural y científica entre las naciones soberanas, para crear un renacimiento verdaderamente universal para el futuro de la humanidad. Este no es un momento de complacencia. El camino es claro, y la victoria en el corto plazo es posible, y necesaria, para que el mundo pueda evitar el caos global y la guerra.