Abe y Trump se comprometieron a los proyectos de infraestructura regional conjunta, pero también a la venta de BMD

10 de noviembre de 2017

10 de noviembre de 2017 — Durante su visita del dos día del Presidente Trump a Japón, se anunció un acuerdo para “ofrecer alternativas de inversión en infraestructura de alta calidad estadounidense y japonesa para la región del Indo-Pacífico”, en palabras del comunicado de la Casa Blanca sobre la reunión. Trump dijo que se trata de “invertir en nuevos y audaces proyectos de infraestructura”. Esto se concretó al día siguiente, martes 7, con la firma de un Memorando de Entendimiento entre la Corporación para Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos, y el Banco Japonés de Cooperación Internacional, informó la Casa Blanca el lunes 6.

Asimismo, se firmó un Memorando de Cooperación para una Asociación Estratégica Energética de Japón y Estados Unidos, entre la Agencia de EU para el Comercio y el Desarrollo y el Ministerio de Economía de Japón, “para promover el acceso universal a la energía asequible y confiable en el Sudeste de Asia, en el Sur de Asia, y en la África subsahariana”.

Los dos jefes de Estado se llevan estupendamente, siguiendo la tradición de la “diplomacia del golf” que iniciaron el abuelo de Abe y el Presidente Eisenhower. Abe fue muy efusivo, y en la rueda de prensa conjunta dijo que él cree “que nunca antes habían existido lazos tan estrechos que unan a los líderes de ambas naciones en la historia de la alianza entre Japón y Estados Unidos, como los tenemos ahora”. Trump también habló de su “extraordinaria” relación con Abe, y fue contundente en que las negociaciones para reducir el “enorme déficit comercial” de Estados Unidos con Japón se resolverá “de manera muy amistosa”, y que está seguro de que será todo un éxito. Invitó a empresarios japoneses a que construyan más fábricas y amplíen las que ya existen en Estados Unidos.

La reunión fue salpicada, sin embargo, por el énfasis que puso Abe —y también los informes oficiales de la Casa Blanc, más que el propio Presidente Trump—, en que ambas naciones se aliarán en contra de China en contra de China y de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, aunque sin mencionar nunca a “China” por su nombre. Abe habló de asegurar “un orden marítimo libre y abierto basado en el estado de derecho, como fundamento para la estabilidad y la prosperidad de la comunidad internacional”, y un mar Indo-Pacífico “libre y abierto”, en donde reine un “estándar muy alto en la formulación de reglas”, en toda la región del Asia Pacífico.

Asimismo, se puso el acento en una posición de mano dura contra Corea del Norte y se habló de ejercicios militares conjuntos entre Japón, Estados Unidos y Corea del Sur, así como de compra de armas de Japón a Estados Unidos, cosa que puso muy contenta a la facción belicista dentro de las instituciones estadounidenses. Japón adquirirá no solo aviones de combate F-35ª, sino que también sistemas de defensa antimisiles (ABM) Aegis, supuestamente para estar preparado contra Corea del Norte, pero es obvio que tanto Rusia como China verán esto como el intento de los belicistas para seguir rodeando a estos países con sistemas ABM.

No obstante, en su rueda de prensa conjunta, Trump dijo que en los días siguientes se reuniría con otros dirigentes con los que “también he desarrollado una gran amistad”, y que estaba seguro que con ellos “vamos a trabajar para fortalecer muchas cosas, entre otras el comercio, y también problemas militares”.

No faltó el malcriado corresponsal del New York Times con su pregunta apuntada con anterioridad, para preguntarle como podía conciliar el hecho de que iría a China, un país que “ni es libre ni es abierto”, a lo que Trump le contestó calmadamente que tiene una “excelente” relación con el Presidente Ji Xinping. “Me cae muy bien. Lo considero un amigo. El me considera un amigo. Dicho esto, el representa a China; yo represento a Estados Unidos; sus opiniones son diferentes en algunas cosas, pero son muy similares en cuanto al comercio.