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Los británicos se vieron obligados a contraatacar en su propio nombre la cooperación entre Trump, Putin y Xi

16 de noviembre de 2017
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Los participantes en la reunión de los dirigentes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), con los Presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Estados Unidos, Donald Trump.

16 de noviembre de 2017 — Los británicos trataron de subvertir a su súbita colonia independiente en las Américas por medios militares en numerosas ocasiones. Pero cuando Lincoln movilizó a la nación en contra de la confederación instigada por los británicos, con base en los principios morales superiores encarnados en la Constitución de Estados Unidos —y con la ayuda de la flota de la armada rusa desplegada a las bahías de Nueva York y San Francisco como advertencia a los británicos para que se mantuviesen alejados— Londres decidió que tenían que cambiar sus tácticas subversivas. Desde ese momento, han hecho todo lo que está en su poder para subvertir esos principios morales superiores, y para utilizar a Estados Unidos como el “gigante idiota” para imponer el dominio económico y militar británico sobre el planeta. Franklin Roosevelt representó un problema para ellos, cuando se unió con Rusia y con China para derrotar al fascismo, pero el hombrecito de Harry Truman les hizo el mandado, cometiendo genocidio con armas nucleares y abrazando la “Guerra Fría” de Churchill, para ponerle fin a la cooperación de Roosevelt con Rusia y China, y librando al mismo tiempo guerras “anticomunistas” contra las poblaciones de África y del Sudeste de Asia.

Pero se pierde de vista con demasiada frecuencia el aspecto cultural de sus ataques subversivos. Pero para mantener al sistema británico imperial, se tiene que apagar la creencia americana en el progreso, en la independencia de todas las naciones soberanas, y en el principio leibniziano de la “búsqueda de la felicidad”. Para ese fin, los británicos introdujeron un sinnúmero de campañas satánicas: La perversión verde en contra del progreso, que lanzó el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF, en sus siglas en inglés) del príncipe Felipe; la contracultura financiada por los británicos y la CIA en Europa y en Estados Unidos orquestada por el Congreso por la Libertad Cultural (CCF, en sus siglas en inglés) bajo el disfraz del anticomunismo; la nueva Guerra del Opio contra la juventud incauta de la contracultura y contra los ciudadanos empobrecidos y desahuciados por la “sociedad postindustrial”. Y luego de asesinar al Presidente John Kennedy, Estados Unidos fue arrastrado a una guerra colonial en Indochina, para ayudar a la causa imperial británica, socavando la economía y desmoralizando a los otrora orgullosos ciudadanos de Estados Unidos.

Ahora se eligió a un Presidente en Estados Unidos que está dedicado abiertamente a acabar con esa ideología imperial británica, para establecer una relación de amistad con Rusia y con China, para el desarrollo económico y para combatir al narcotráfico y al terrorismo. Por esto, los británicos y sus piezas en Estados Unidos han respondido de la manera más histérica que nunca, y por lo pronto, se han visto obligados a hacerlo en su propio nombre.

El miércoles 15, por ejemplo, el periodista del diario londinense Guardian, Luke Harding, dio a conocer un libro encaminado a resucitar el desacreditado expediente marrullero del agente del MI6 Christopher Steele, el cual se ha utilizado desde el principio para armar el golpe de Estado del Rusiagate contra Trump, ahora en manos del asesino judicial Robert Mueller, y que iniciaron los “empleadillos políticos” (como les llamó Trump) del equipo de inteligencia de Obama. El libro de Harding, “Collusion: How Russia Helped Donald Trump Win” (Colusión: Cómo ayudó Rusia a ganar a Trump) en donde elogia a Steele y nos asegura que Mueller se encargará probar las imputaciones caprichosas de Steele. Harding es un viejo agente de inteligencia encubierto como periodista, y fue expulsado de Rusia por ese motivo; no es ninguna casualidad que Harding sea el autor del libro “Mafia State — How One Reporter Became an Enemy of the Brutal New Russia” (El Estado mafia; como se convirtió un reportero en enemigo de la nueva Rusia brutal) en donde habla de sí mismo.

Según Harding, Steele trabajaba para la inteligencia del gobierno de Obama desde hace tiempo; dice Harding que Steele fue la principal fuente de inteligencia en el golpe de Estado del gobierno de Obama en Ucrania en 2014, en el cual respaldaron abiertamente a los neonazis e iniciaron la campaña contra Rusia. En febrero de este año, EIR había demostrado que las mismas redes británicas y del gobierno de Obama que dirigieron el golpe neonazi en Ucrania, eran los mismos detrás del intento de golpe contra Trump (“Obama and Soros — Nazis in Ukraine 2014, U.S. in 2017?). Harding viene ahora a confirmar esto plenamente.

La semana pasada, la monarquía británica declaró abiertamente que jugaron un papel central en la farsa del “acuerdo de paz” en Colombia, que en realidad no es más que la legitimación del grupo narcoterrorista asesino de las FARC, una campaña para la cual contaron también con el rol criminal de Obama para legalizar el narcotráfico en Estados Unidos. La propia reina británica, envió un mensaje personal al Presidente colombiano Santos, donde le dice “Felicito calurosamente al Presidente Juan Manuel Santos al recibir el galardón de Chatham House este año por su trabajo de ratificar el proceso de paz en Colombia... Los miembros del Real Instituto de Asuntos Internacionales han escogido de nuevo a un merecido ganador”.

Se tiene que erradicar el veneno de la contracultura del CCF, para que nuestros ciudadanos puedan elevarse al nivel necesario para detener el intento de golpe en marcha, y para llevar a Estados Unidos al Nuevo Paradigma que les ha puesto de frente el Presidente Trump con su histórica gira por Asia. Tanto Trump como Xi Jinping calificaron la amistad de Estados Unidos y China como el fundamento para resolver los problemas más profundos del mundo. El propio Trump tuvo que superar primero esos problemas en su propio campo que trataron de impedirle que se reuniera con Putin. No obstante, se reunieron tres veces en ese mismo lapso, y abordaron la necesidad de la amistad y la cooperación para combatir el terrorismo. Después, Trump repudió la farsa del Rusiagate y a sus promotores en ambos partidos y en los medios noticiosos mentirosos.

Es necesaria una transformación histórico-mundial, en la ciencia, las artes y en el arte de gobernar, como el ocurrido en el Renacimiento pero a una escala global, y ahora la tenemos a nuestro alcance, si actuamos con el necesario sentido de valor moral.