La monarquía británica mete la mano para proteger a las narcoterroristas FARC, otra vez

16 de noviembre de 2017

16 de noviembre de 2017 — El Real Instituto de Asuntos Internacionales le dio el Premio de la Chatham House de 2017 al Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, por su tarea de imponer un acuerdo de “paz” con el mayor cartel de la cocaína en Suramérica, las narcotraficantes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Santos recibió este premio el 9 de noviembre en Londres de manos del príncipe Andrew (sexto en línea para asumir el trono británico), acompañado de un mensaje personal de “calurosas felicitaciones” de parte de “su majestad la reina” misma.

Desde el comienzo, Executive Intelligence Review (EIR), insistió en que el acuerdo de “paz” de Santos era un fraude, era una plan maquinado por la monarquía británica y la City de Londres para legalizar el narcotráfico e imponer un gobierno narcoterrorista en Colombia. En Colombia, Santos se enfrenta a una tremenda oposición a este fraude; una gran mayoría de la población votó en contra del acuerdo en un referendo en septiembre del 2016, así que la Chatham House de la monarquía mete sus manos para darle un empujoncito, otorgándole su premio anual a la persona que “hizo la contribución más significativa al mejoramiento de las relaciones internacionales el año pasado”. Viendo que “el mundo” aplaude su acuerdo, en su discurso de aceptación del premio, Santos declaró que el Reino Unido ha sido “el gran aliado” de este acuerdo desde el comienzo hasta el final.

El mismo día en que se entregó el premio, la revista Economist de la City de Londres, dio a conocer las exigencias de su majestad: que no se apruebe en Colombia ninguna ley que restrinja la disposición del acuerdo que otorga a los jefes criminales de las FARC 10 escaños garantizados en el Congreso durante 10 años (o sea, que no es necesario que deban ser electos); que a nadie que pudiera cambiar el proceso de paz se le permita ser electo como Presidente de Colombia en las elecciones del año que viene; y que el gobierno de Trump deje de colocar obstáculos en el camino a este acuerdo hecho en Londres (y que Obama respaldó).

La revista Economist no tiene vergüenza: “La mayoría de los colombianos saben que las FARC son un ejército sin ley, cuya guerra de 52 años en contra del Estado estuvo en el centro de un conflicto que causó 200,000 muertes y 7 millones de personas desplazadas. El partido no está haciendo mucho esfuerzo para negar sus orígenes. Su nuevo nombre, Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), utiliza las viejas siglas manchadas de sangre. Su candidato presidencial, Rodrigo Londoño, alias Timochenko... es buscado por Estados Unidos por tráfico de cocaína, por secuestro, y por asesinato”.

Con todo y eso, Londres insiste que “la participación política de las FARC y que tengan sentencias leves fue el precio pagado por la paz”. El Economist amenaza: “Los políticos que tratan de evitar que los líderes de las FARC lleguen a tener cargos políticos, de hecho proponen que no se cumpla con el acuerdo de paz. Eso es peligroso”. Del mismo modo, “un presidente derechista podría socavar el acuerdo de paz de otras maneras, como por ejemplo reteniendo el dinero para implementarlo”.

En opinión de la reina, “el futuro de Colombia sería más brillante si los políticos pueden acordar que los líderes de las FARC ya no son terroristas. Estados Unidos podría ayudar en esto, quitando al grupo de su lista de organizaciones terroristas. Timochenko y sus camaradas merecen el desprecio de los colombianos. La manera de mostrarlo es no votar por ellos”.