El que ríe de último...

27 de noviembre de 2017

27 de noviembre de 2017 — Qué tanto y qué tan inesperadamente ha cambiado el mundo en dos años. Hace solo un poco más de dos años que el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, echó a andar la brillante acción de flanqueo que fue su intervención en Siria a petición de su gobierno, flanqueando así de manera inesperada las acciones del golpe de Estado del imperio británico y de Obama en Ucrania, que habían impuesto un gobierno nazi en las frontera con Rusia. Putin dirigió una amplia operación de flanqueo a nombre de la paz y de la soberanía nacional, en contra del terrorismo. El mismo mes de septiembre de 2015, Putin fue a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), para proponer una alianza mundial en contra del terrorismo según el modelo de la alianza creada en contra de Adolfo Hitler.

¿Cuántos de quienes estuvieron allí entendieron desde el comienzo qué era lo que Putin estaba haciendo, y el hecho de que sería un éxito, a pesar del aparente rechazo que hubo en la ONU? ¿A pesar del hecho de que Obama traicionó todas las promesas hechas por el Secretario de Estado, John Kerry, para separar de una vez por todas a los terroristas de la oposición legítima al gobierno sirio de Assad? Obviamente Putin entendía perfectamente lo que estaba haciendo, y entre los otros pocos que también lo entendieron, como es constancia en blanco y negro, estuvo Lyndon LaRouche y quienes comprendieron algo de lo que LaRouche decía.

Ahora ya se apartó a los terroristas, ya en gran medida están derrotados. Los supuestos líderes que creyeron que sabían más, evitaron que la ONU adoptara la propuesta hecha por Putin en septiembre del 2015, pero Putin logró algo similar a lo que propuso con la creación del Grupo de Astana, formado por Rusia, Turquía e Irán. Con el apoyo externo del Presidente Donald Trump en Washington, y en un contexto mundial al que le está dando forma y definiendo cada vez de manera más profunda el Presidente de China, Xi Jinping, y su Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que fue originalmente planteada por Lyndon LaRouche, y que retomó su esposa Helga Zepp-LaRouche y la sacó adelante.

Lyndon LaRouche y quienes están en la órbita de sus ideas también comprendieron el potencial verdadero del nuevo gobierno estadounidense de Donald Trump, el 8 y 9 de noviembre del 2016, y los días que le siguieron inmediatamente. Todas estas cosas las entendieron los LaRouche de inmediato y como “intuitivamente”, como muy pocos o casi nadie lo hizo.

¿Por qué esta especificidad? Porque estos sucesos que otros no vieron, no fueron una repetición del pasado, o la elaboración de causas encontradas en el pasado, como afirman los periodistas de noticias falsas y que los presuntos historiadores fraudulentos pretenden ver. Al contrario, esos sucesos representan la intervención del futuro en el presente. El futuro, que es la única ciencia verdadera, como ha enseñado Lyndon LaRouche, se ha extendido para alcanzar al presente desde el futuro, para poner en orden los asuntos del presente, según deben estar ordenados por el bien del futuro. Este futuro existe ahora, está aquí ahora, pero los tontos no lo ven.

Se burlaron de Lyndon LaRouche, lo ridiculizaron, lo persiguieron, y lo pusieron preso injústamente. Sobrevivió a intentos de asesinato y a todos los demás ataques que le hicieron. LaRouche no se doblegó, mantuvo su integridad y nunca comprometió sus ideas. No solo sobrevivió, sino que creció a pesar de todo esto, y ha sido reivindicado. Ahora debemos profundizar esta batalla hasta la victoria que de manera única él hizo posible. Nada en los años venideros oscurecerá las victorias que ya Lyndon LaRouche alcanzó.