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Su Estrategia de Defensa nacional pone en peligro al Presidente Trump más que Mueller y el “Rusiagate”

24 de enero de 2018
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El Presidente Donald J. Trump firma la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2018, H.R. 2810. 12 de diciembre de 2017 (Foto oficial de la Casa Blanca, por Stephanie Chasez).

23 de enero de 2018 — ¿Cómo puede ser que el liderazgo del primer ministro Shinzo Abe en Japón haya llevado a ver a China y a Rusia como socios cercanos para la cooperación, mientras que el Secretario de Defensa del Presidente Trump y el Asesor de Seguridad nacional declaran a Rusia y a China como las mayores amenazadas a Estados Unidos que el terrorismo internacional?

Japón es aliado más cercano de Estados Unidos en Asia, el socio más cercano para ponerle presión a Corea del Nortea para que cese en su programa nuclear, y es un vecino inmediato tanto de China como de Rusia y de la península coreana. El primer ministro Abre, como Trump, se ha reunido en repetidas ocasiones con el Presidente Vladimir Putin de Rusia durante el mismo período de tiempo que Trump, y al igual que Trump, ha mostrado la intención de avanzar en la cooperación.

Pero Abe si ha avanzado, y ahora avanza también con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China; a Trump se lo han impedido. Como lo ven claramente Rusia y China, la oposición macarthista se lo impedido, muy específicamente esa oposición dentro del Partido Republicano y de las fuerzas armadas del país.

El intento de golpe del “Rusiagate” en contra de Trump, que encabeza el asesino judicial Robert Mueller, ha resultado seriamente dañado luego de las denuncias nuestras y de otros, y puede ser derrotado ahora.

Pero ahora la demencia estratégica que rodea al Presidente —personificada en el nuevo proyecto de Estrategia de Defensa Nacional que presentó el Secretario de la Defensa Mattis— es una amenaza mayor, para el Presidente, para Estados Unidos, y para la especia humana en su conjunto. Tomen en serio la advertencia que hizo el ex Secretario de Defensa William Perry, de que la falsa alerta de misil en Hawai no fue una falsa alarma, sino un llamado de alerta, sobre lo cerca que estamos de la destrucción termonuclear accidental incluso, en una crisis de confrontación de potencias nucleares. Tomen en serio las advertencias de la representante Tulsi Gabbard de Hawai, de que se tienen que acabar la política de Bush y Obama de las “guerras de cambio de régimen”, como el propio Trump se ha propuesto, o si no, la amenaza de guerra termonuclear estará a la puerta.

Incluso si se evita esa destrucción, la estrategia de confrontación entre las grandes potencias que anunciaron recientemente el vicepresidente Pence, el secretario Mattis, y los napoleones locos de remate del Partido Republicano como los senadores Marco Rubio y Ted Cruz, etc., aparta la posibilidad de cooperación con China en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, de grandes proyectos de infraestructura, o con Rusia para establecer la paz en el sudoeste de Asia.

¿Una Nueva Guerra Fría? Olvídense. En la Guerra Fría, Estados Unidos tenía numerosos aliados. Para declararle la guerra a China y a Rusia, y a la “Nueva Ruta de la Seda”, Estados Unidos solo tiene un aliado: Gran Bretaña, el gran usuario del poderío militar estadounidense y gran destructor del poderío económico de Estados Unidos, desde adentro.

El Presidente tiene que declarar, como podría hacerlo, nula e inválida a la nueva Estrategia de Defensa Nacional, y aprovechar la ocasión de la reunión del Foro Económico Mundial de Davos, o su informe del Estado de la Unión, para declarar que se une a la “Nueva Ruta de la Seda”. Eso significaría para las políticas y programas nacionales de Estados Unidos, lo que Lyndon LaRouche denomina sus “cuatro nuevas leyes para salvar a la nación”, cosa que estamos organizando para poner en el centro de las próximas campañas electorales.