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Nunca había sido tan patente el papel de los británicos

15 de marzo de 2018
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George W. Bush y Tony Blair se dan la mano luego de recibir la noticia de que la Autoridad Provisional de la Coalición le h abía regresado la soberanía plena a Iraq y transferido el gobierno de la nacón al gobierno interino iraquí, el 28 de junio de 2004.

15 de marzo de 2018 — Primero fue el “expediente marrullero” de Tony Blair sobre las “armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein, lo cual fue el pretexto para que el patético George W. Bush desatase el infierno de terrorismo en el que se convirtió el Medio Oriente (luego con la ayuda de Obama). Luego salieron las imputaciones contra Bashir Assad de emplear armas químicas, que llevó a Trump a lanzar un ataque con misiles contra una base aérea siria. En medio de todo esto, el agente de inteligencia británica Christopher Steele sacó su propio “expediente marrullero”, para lanzar el intento de cambio de régimen contra el gobierno de Estados Unidos basado en los cuentos sobre Trump y Rusia. Ahora la primer ministra británica Theresa May, declara, sin evidencia como es típico, que “no hay ninguna conclusión alternativa” más que el “Estado ruso” es responsable por el ataque con gas nervioso en el distrito Salisbury de Londres, lo cual constituye “un empleo ilegal de la fuerza en contra del Reino Unido”. Tenemos que unirnos todos contra los malvados rusos, andan gritando May y sus controladores.

Es todo un absurdo evidente por sí mismo, pero hay desesperación en el imperio británico. Durante 50 años, Lyndon LaRouche ha documentado el odio histórico del imperio británico hacia Estados Unidos, y también la toma sistemática de la política del gobierno de Estados Unidos a través de Wall Street y otras herramientas del imperio, después de la muerte de Franklin Roosevelt y del asesinato de John Kennedy. Pocos escucharon. “El imperio británico ya murió”, ha menudo se escuchaba, seguido de las letanías de que el único imperio hoy día es el imperio ruso, o el imperio americano, dependiendo del ambiente controlado por el imperio británico que habitase cada quien.

Pero esta vez no está funcionando tan fácilmente. Este jueves 14, el diario londinense Guardian mostró el nivel de pánico que hay en el imperio: “Durante todo el día”, dice el editorial, “el Reino Unido llevó a cabo una ardua labor diplomática en Washington para persuadir a Trump de que dejara a un lado su deseo de tener una relación con Putin, y reconociera que Rusia era el único país que tenía los medios o los motivos para querer matar a Skripal”, el doble agente ruso que fue atacado con el gas nervioso la semana pasada junto con su hija. Pero, sigue gimiendo la editorial, “Trump solo ofreció una renuente aceptación de la versión británica, pero no le atribuyó directamente la responsabilidad a Rusia... Sería un golpe a las relaciones anglo-estadounidenses si Trump se rehúsa a aceptar la evaluación de la inteligencia británica, pero desde su elección él se ha sentido bajo acoso por las imputaciones de que se coludió con Rusia para ganar la presidencia, y él cree que ex funcionarios de inteligencia británica han estado alimentando esas imputaciones”.

Ciertamente que lo cree, y los intentos por seguir utilizando mentiras inventadas por el MI6 británico para derrumbar su Presidencia han quedado totalmente desacreditados. Los ex funcionarios de inteligencia de Obama que le han hecho el juego a las mentiras británicas, cayeron con las manos en la masa mientras que perpetraban su ataque traidor contra el gobierno de Estados Unidos, y podrían (y deben de) terminar en la cárcel pronto.

Dentro del mismo Reino Unido, la propia primera ministra May no anda totalmente sin obstáculos. Es cada vez más probable que el dirigente del Partido Laborista Jeremy Corbyn gane una elección si se llega a eso, como podría ser, y los tories conservadores van muy por detrás de los laboristas en las encuestas sobre las próximas elecciones locales. Corbyn desafió directamente la maniobra de May contra Rusia en el Parlamento este jueves 14, cuando le preguntó que si seguiría las normas de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés) que exigen que muestre a Rusia las muestras del gas nervioso, y espere los 10 días reglamentarios. May respondió con una bravata, que ya le había dado a los rusos tiempo suficiente, y que además había un consenso entre las galerías de que Corbyn está fuera de orden, y que simplemente ordenaba la expulsión de 23 diplomáticos rusos. Además, en una maniobra que seguramente llenará de pavor el corazón de los rusos, May anunció que la familia real no asistirá a la Copa Mundial en Rusia.

El temor de los oligarcas británicos es legítimo. El imperio no sobrevivirá la alianza de Estados Unidos, Rusia, China, África, Iberoamérica, e incluso la gente de Europa y del Reino Unido, en el nuevo paradigma que representa el espíritu de la Nueva Ruta de la Seda. Ellos están dispuestos a correr el riesgo de una guerra termonuclear para impedir ese nuevo paradigma, pero se les está acabando el tiempo. Nos encontramos en un momento con un potencial enorme, si la especie humana se pone a la altura de las circunstancias.