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Trump a Putin: vamos a reunirnos pronto

21 de marzo de 2018
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Trump y Putin se saludan durante el primer día de la cumbre del foro de APEC, el 10 de noviembre de 2017, en De Nang, Vietnam. (Foto: kremlin.ru).

21 de marzo de 2018 — El Presidente Donald Trump les serruchó el piso a la loquita de Theresa May y al todavía más loquito secretario del Exterior británico, Boris Johnson. Mientras que estos supuestos campeones del moribundo imperio británico culpan a Rusia por actos de guerra, con base, como siempre, en ninguna evidencia, Trump ayer se puso en el teléfono con el recién reelecto Presidente de Rusia, Vladimir Putin. Trump no solo felicitó a Putin por su triunfo electoral, sino que anunció luego a la prensa estadounidense que él y Putin “probablemente nos reuniremos en un futuro no muy distante” para hablar sobre medidas para impedir una carrera armamentista, y encontrar soluciones pacíficas a las crisis de Ucrania, Siria y Corea del Norte. El informe que publicó el Kremlin sobre la llamada dice que los dos mandatarios “hablaron a favor de desarrollar una cooperación práctica en diversas áreas, tales como los esfuerzos para garantizar la estabilidad estratégica y para combatir el terrorismo internacional, con un acento particular en la importancia de coordinar esfuerzos para frenar una carrera armamentista”. Asimismo, el Kremlin agrega que “se mostró un interés por impulsar la cooperación económica durante el intercambio. El tema de la energía se trató por separado”.

Anoche los británicos se acostaron mordiendo la alfombra. Trump no solo ha destruido su maniobra para culpar a Rusia por el supuesto ataque con armas químicas en territorio británico, sino que la trapacería del “Rusiagate” dentro de Estados Unidos, dirigido directamente por el agente del MI6, Christopher Steele y sus agentes en Estados Unidos, se ha derrumbado también. Ahora los operativos en el conato de golpe de Estado contra el gobierno de Estados Unidos, como el ex director de la CIA John Brennan, el ex director de Inteligencia Nacional James Clapper, el propio Barack Obama, Hillary Clinton, y varios operativos del FBI recién expulsados, enfrentan posibles cargos penales por el acto de traición más flagrante en la historia moderna de Estados Unidos, a nombre del imperio británico.

Para empeorar las cosas para la patética pretendida “M” y su secuaz “BoJo”, el dirigente del Partido Laborista, Jeremy Corbyn —quien muy probablemente ganaría una elección contra May si se realizara en este momento— ha exigido a May que presente las evidencias, si es que existen, del gas nervioso utilizado en el ataque a Skripal, e insiste, al igual que el Presidente Trump, que es absolutamente necesario hablar con los rusos. Asimismo, le recordó al país entero en una entrevista con la BBC ayer, de los catastróficos resultados de la inteligencia inventada por Tony Blair sobre las armas de destrucción masiva en Iraq.

Y para acabarla de remachar, la vocera de la Casa Blanca, Sarah Sanders, confirmó que el ataque de gas nervioso en el Reino Unido no se mencionó para nada en la llamada telefónica entre Trump y Putin.

El nuevo paradigma está tomando forma en todo el mundo: Trump no solo felicitó a Putin por ganar otros seis años más, sino que también dijo que era bueno que China haya eliminado el límite para los períodos presidenciales, porque, según dijo, Xi Jinping es un gran líder.

Xi Jinping habló ayer en la sesión final del 13avo Congreso Nacional del Pueblo, en donde expresó su confianza en que el rejuvenecimiento chino seguirá y se ampliará, y que China contribuirá más todavía a la gobernanza y al desarrollo del mundo por medio de la Nueva Ruta de la Seda. “Que la luz de una comunidad con futuro compartido de la humanidad ilumine al mundo”, concluyó su mensaje.

Helga Zepp-LaRouche dijo que los Presidentes Trump, Putin y Xi están afirmando un verdadero liderazgo ante el mundo, mientras que las acciones desesperadas del imperio británico les están saliendo contraproducentes. En el pasado, las intrigas imperialistas británicas eran respaldadas por un débil liderato estadounidense, que en muchas ocasiones tomó la delantera para imponer la política británica, como en el caso de la guerra en Indochina, la guerra en Iraq, la guerra en Libia, y en los programas radicales de libre comercio que han mantenido a las antiguas naciones colonizadas en el atraso económico, y al mismo tiempo llevando la ruina a las naciones industrializadas de Europa y Norteamérica.

Pero Trump se ha rehusado a ser presa de la “relación especial” con el imperio británico, y en diversas ocasiones ha manifestado que debe de terminar la división imperial del mundo entre Oriente y Occidente. Con la derrota a los confabuladores en el golpe, se coloca en posición de llevar a cabo su promesa de regresar a Estados Unidos al Sistema Americano de economía física, para hacer a un lado al fallido modelo británico del “libre mercado” y abrasar el sistema de crédito nacional dirigido hamiltoniano para reconstruir la infraestructura industrial estadounidense. La situación no obstante es todavía sumamente peligrosa, a pesar de que nunca ha estado tan cerca de terminar la existencia misma del imperio británico de una vez por todas.