EUA y Rusia suspenden sanciones a programa espacial, en búsqueda de mayor cooperación espacial

6 de agosto de 2018

6 de agosto del 2018 –- Desde el 2011, los astronautas de la NASA han viajado a la Estación Espacial Internacional en el cohete ruso Soyuz, y todas las sanciones que se podrían aplicar se han eximido. Los propulsores rusos RD-180 para el cohete Atlas V, que lleva cargas de la NASA y de la Fuerza Aérea, se entregaron sin ninguna interrupción. La venta de los propulsores mantiene a los cohetes estadounidenses volando y a las fábricas espaciales rusas en el negocio. Cuando se impuso una nueva ronda de sanciones contra Rusia, incluso en contra de personalidades rusas que tienen cargos en las instituciones de defensa y del espacio, el Presidente Putin firmó una ley, el 4 de junio, “Sobre medidas de influencia [neutralizar] en respuesta de las acciones hostiles de Estados Unidos de América y de otros Estados foráneos”, la cual le permite al gobierno tomar medidas de represalia. Sin embargo, hasta ahora, no se ha propuesto ninguna medida. Jim Bridenstine, administrador de la NASA, señaló la semana pasada que más que las cuestiones prácticas de los propulsores de los cohetes y los viajes del Soyuz, es mucho más importante la cooperación en el espacio que “es nuestra mejor oportunidad para dialogar cuando todo lo demás se derrumba”.

Hace dos días hubo un avance importante, cuando la NASA y la Fuerza Aérea de Estados Unidos, confirmaron que el propulsor de cohetes ruso RD-180 se utilizaría por primera vez en un viaje espacial tripulado. Van a estar en la primera etapa del cohete Atlas V, que llevará al espacio a la nave espacial Starliner de Boeing, y a su tripulación. Ayer la compañía rusa que construye propulsores Energomash y la United Launch Alliance, que lanza el Atlas, firmaron un acuerdo para la compra de otros seis propulsores rusos. El gobierno ruso decidió no invocar las leyes rusas en contra de las sanciones. Negarse a vender los propulsores no solo detendría el programa tripulado de Boeing, sino que además tendría un efecto dañino sobre la industria rusa nacional de construcción de propulsores, le dijo a Pravda Ivan Moiseyev del Instituto de Política Espacial.