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A reemplazar el “dólar de Londres” por el nuevo Bretton Woods antes de que estalle una crisis monetaria

20 de agosto de 2018
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El Presidente Donald J. Trump y la reina Elizabeth II; 13 de julio de 2018 (Foto oficial de la Casa Blanca por Andrea Hanks).

20 de agosto de 2018 — Hace diez años, ante el desplome del sistema financiero global, el fundador de la revista EIR, Lyndon LaRouche, dijo en una videoconferencia por Internet que “no se puede rescatar al sistema monetario internacional actual. Si se trata de rescatarlo, vamos a perder a todo el planeta”.

Diez años después, los bancos centrales que han impreso $14 billones de dólares en dinero inorgánico nuevo para tratar de rescatar al sistema monetario, han creado de hecho una nueva “crisis de monedas” que está llevando a olas de incumplimientos en las deudas corporativas e incluso en deudas públicas, quiebras bancarias y mucho peor, peor que en 2008. Esta mal llamada “crisis turca” enmascara una triplicación de la deuda corporativa global desde el 2010, de la cual un 75% del crecimiento de esa deuda corporativa está en los llamados países “avanzados”, cuyos salarios reales y niveles de vida se han contraído por toda Europa, Iberoamérica y Estados Unidos desde el 2008 a la fecha. Es impagable. Como dijo LaRouche entonces “se tiene que escoger: o se reemplaza el sistema o nos conseguimos otro planeta”.

Nuestro objetivo tiene que ser el de animar a los dirigentes de por lo menos las cuatro potencias (Estados Unidos, China, Rusia e India) para que tomen el liderato en retornar al sistema de Bretton Woods, iniciado por el Presidente Franklyn Roosevelt en 1944. Es decir, como indicó LaRouche en su videoconferencia por Internet del 18 de noviembre del 2008, tenemos que crear un sistema de crédito, no un sistema monetario.

Está claro lo que ha sido el “sistema monetario”, desde que se abandonó Bretton Woods en 1971-1973 a favor de un sistema de “tasas flotantes”: ha creado volúmenes gigantescos de dólares en Londres y en los “paraísos fiscales” de Londres, a través de los mercados del eurodólar y el petrodólar, cuando se suponía que la divisa de reserva internacional era el dólar. Cada día hay transacciones especulativas con divisas por $5 billones de dólares. Todo esto en Londres, el centro financiero del mundo. Con énfasis en la actividad especulativa sobre las inversiones en la economía real, con el resultado de deprimir aún más los niveles de vida, antes y después del crac del 2007-2008.

También está claro lo que significa un “sistema de crédito” en un nuevo Bretton Woods: un tipo de cambio fijo, sistema de reservas en oro que canalicen los flujos de crédito internacional de las naciones más desarrolladas industrialmente hacia las naciones en desarrollo, y la exportación de bienes de capital hacia éstos últimos, “para que asimilen tecnología, ¿mediante qué? Mediante mejoras en infraestructura... lo que es necesario para posibilitar que la fuerza laboral con ciertas destrezas puedan mejorar su productividad”.

Esto es lo que inició la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, que ha demostrado claramente la diferencia entre emisión de crédito y emisión de dinero por parte del banco central, reservas bancarias.

Ahora que las naciones afectadas por la crisis están discutiendo comerciar en divisas nacionales, los dirigentes de las cuatro potencias claves tienen que avanzar a saltos hacia un Nuevo Bretton Woods. La petición internacional que acaba de lanzar el sitio electrónico del Instituto Schiller pide precisamente esto: https://es-schillerinstitute.nationbuilder.com/nbw_petition.

Como dijo LaRouche en relación a este proyecto urgente: “Podemos crear un nuevo sistema de crédito, entre naciones, al que yo creo que, si Estados Unidos, Rusia, China e India están de acuerdo, se unirán con gusto la mayoría de las naciones del mundo, en especial si se considera cuál es la alternativa. Y por lo tanto, podemos crear un nuevo sistema mundial, un nuevo sistema monetario, un sistema de crédito en oposición a un sistema monetarista. Y bajo esas circunstancias, podemos proceder a adelantar crédito a gran escala, para la reconstrucción física de la economía física en el mundo. Podemos organizar una recuperación del mismo tipo como la que emprendimos con el Presidente Franklin Roosevelt por allá por los 1930 y 1940. Y una vez que lo hayamos hecho, no vamos a querer volver atrás, creo yo”.