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Estados Unidos no puede competir con la Franja y la Ruta de China, pero si puede trabajar con ella para crear un Nuevo Orden Económico

6 de septiembre de 2018
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La foto de archivo muestra un tren de prueba del ferrocarril de Mombasa a Nairobi, en Kenya, de la línea Standard Gauge Railway (SGR) construida por una empresa china; la prueba se hizo el 24 de mayo de 2017. (Foto: Xinhua / New China).

5 de septiembre de 2018 — Lo que a Wall Street gusta de llamar “crisis de las monedas de los mercados emergentes” se intensificó desde ayer martes 4 y se dirige a generar un contagio en la enorme burbuja global de la deuda corporativa; se avizoran serios problemas. Y la nación en la peor crisis, Argentina, es la nación cuyo gobierno, durante los dos últimos años, ha puesto en ejecución los programas de libre comercio de Londres y de Wall Street, religiosamente, con lo cual hundió su economía en un derrumbe hiperinflacionario. Se avizora una crac de la deuda global.

Al mismo tiempo, con los acuerdos a los que se llegó en la cumbre del Foro de Cooperación China-África el 3 y 4 de septiembre en Pekín, la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China (IFR) se ha vuelto claramente imparable. En Iberoamérica otros países se siguen uniendo al paradigma de desarrollo de la Franja y la Ruta como “puente terrestre mundial” de infraestructura, y ahora China y África han integrado a la IFR con el más las metas más ambiciosas a largo plazo de desarrollo industrial y reducción de la pobreza, los de la “Agenda 2063” de la Unión Africana.

El optimismo por el futuro desarrollo de África “al estilo de China”, se manifiesta en todos los 52 jefes de Estado y de gobierno que participaron, la inmensa mayoría del continente.

Y como lo dijo la presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, “la historia verá esta conferencia como el final oficial de 500 años de colonialismo” y 50 años de las condicionalidades antiprogreso del FMI. “África será una potencia económica mundial para el 2063”. Ya la pobreza en África, el peso imbatible de los siglos de colonialismo, se ha reducido en un 10% desde que China se convirtió en el principal socio comercial del continente y principal inversionista para el desarrollo.

Si todavía se creen las muy conocidas fábulas de que “la Franja y la Ruta de China están enfrentando barricadas”, entonces probablemente se creen también que Londres y Wall Street tienen bajo controla la mentada “crisis de las monedas”. Claro que no lo tienen, como lo han advertido muchos economistas, entre ellos un analista de JP Morgan, que han estado sonando la alarma en los medios noticiosos.

La opción entre los dos paradigmas económicos, entre el “libre comercio” por un lado, y el de crédito para la infraestructura y el progreso industrial y tecnológico por el otro, es muy clara.

Los funcionarios del gobierno de Trump quieren competir con China en el fomento al desarrollo industrial en África, Asia e Iberoamérica, con un nuevo Banco de Desarrollo del USAID, capitalizado con $60 mil millones de dólares, bajo la nueva “Ley BUILD” (acrónimo que en inglés significa CONSTRUIR) que la Casa Blanca ha estado promoviendo en el Congreso.

Esto no podrá “competir” eficientemente con la Franja y la Ruta, que ahora es el puente terrestre mundial, ni en desarrollo de infraestructura, ni en los nuevos avances científicos y tecnológicos, ni en la reducción de la pobreza.

Mucho mejor sería utilizar esas iniciativas para cooperar con China en el desarrollo del nuevo paradigma todo. La cooperación empezaría con efectos espectaculares en Centroamérica y en México, así como en África, como lo ha propuesto la candidata independiente al Congreso por Texas, Kesha Rogers. Ella compite contra el representante Al Green, que quiere enjuiciar a Trump, y Rogers ha confrontado a una base electoral mayormente afroamericana, con el gran optimismo con el que los líderes africanos trabajan ahora con China.

Estados Unidos no puede “competir” con la Franja y la Ruta; pero puede cooperar con ella, y ayudar a llevarla a un nivel superior.

Es por eso que el Instituto Schiller se ha movilizado internacionalmente con su llamado a los líderes de las cuatro potencias cruciales, Estados Unidos, China, Rusia e India, para que formen un nuevo sistema de crédito internacional con base al modelo del sistema de Bretton Woods del Presidente Franklin Roosevelt.

La crisis financiera que se avizora se puede impedir si se restauran los aspectos principales del sistema de Bretton Woods (la separación bancaria de la ley Glass-Steagall, tipos de cambio fijos entre las monedas, controles de capital) y sobre todo eliminando por completo la especulación global irrestricta y sustituyéndola con un crédito para el desarrollo de la infraestructura y las inversiones en bienes de capital. En vez de otra depresión más, y peor que cualquier otra, sería posible de ese modo reanudar un rápido crecimiento económico.