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Los británicos en Gran Bretaña y los británicos en Estados Unidos, están desesperados por reescribir la historia

5 de octubre de 2018
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El Presidente Donald Trump y la primera ministra británica Theresa May en una conferencia de prensa conjunta, el viernes 27 de enero de 2017, en el Salón Oriente de la Casa Blanca en Washington, DC (foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

5 de octubre de 2018 — Desde la impresionante derrota de Hillary Clinton, la sucesora designada para su hombre Barack Obama, en las elecciones presidenciales de noviembre de 2016 en Estados Unidos, el imperio británico ha estado tratando de reescribir la historia para hacer del resultado algo más de su agrado. Simplemente se rehúsan a aceptar la realidad, y todo lo que pueden hacer es lanzar alaridos, de que Donald Trump hizo trampa porque ganó en el Colegio Electoral; que los rusos son responsables del resultado; Trump se coludió con Rusia, como lo prueba el expediente de Steele; Trump es un depredador sexual; sus personas designadas son depredadores sexuales; él es “inepto” para el cargo porque no nos gusta, y por ende debe ser removido de su cargo mediante la 25ava Enmienda; y así por el estilo, hasta la saciedad.

Ahora andan revoloteando para convencer a los estadounidenses de que tienen que elegir una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes el mes próximo, para proceder con el juicio político a Trump. Y están pidiendo abiertamente una revuelta jacobina en contra de todos y cada uno de los partidarios de Trump o funcionarios electos aliados de Trump.

Cabe destacar que la camarilla del imperio británico se rehúsa también a aceptar la realidad en el propio Reino Unido, en donde la población británica votó a principios de 2016 a favor del Brexit, para abandonar la Unión Europea y sus programas destructivos. Primero, la camarilla de la City de Londres se negó a aceptar el resultado de la votación y querían hacer otro referéndum; luego dijeron que simplemente se debería hacer caso omiso de la votación; y ahora, su pieza más prominente, la primera ministra Theresa May, propone implementar una versión del Brexit que deja al país totalmente supeditado a la burocracia de Bruselas, a cambio de mantener el control de la City de Londres sobre el tráfico mundial de los derivados financieros.

El imperio británico simplemente no sabe cómo aceptar un no como respuesta.

No obstante, la ola mundial de rechazo furioso a sus programas e instituciones fracasadas de la última mitad de siglo (una ola que se expresó en el voto a favor del Brexit, en la victoria de Trump, en las elecciones italianas, en las elecciones mexicanas, y demás) no retrocede a pesar de los pronunciamientos de los británicos. Todo lo contrario, crece y crece, tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, como se ve en la explosiva y masiva participación en los mítines de la campaña congresional en los que ha participado el Presidente Trump, y en la apertura sin precedentes que expresa la población a las ideas y propuestas programáticas de Lyndon LaRouche. Del mismo modo ocurre con la Nueva Ruta de la Seda, cuyo espíritu crece día con día, a pesar de la histeria británica.

Son precisamente las ideas y programas de LaRouche lo que puede garantizar que la furia contra la casta dominante y sus instituciones quebradas, logre hacer realidad un nuevo paradigma viable.

Lyndon LaRouche previó este proceso y lo dijo públicamente, literalmente el día después de la Vitoria de Trump en noviembre de 2016. LaRouche declaró entonces que las fuerzas que actuaron en el contexto de las elecciones estadounidenses no se podrían entender plenamente dentro de Estados Unidos como tal.

El resultado de las elecciones de noviembre de 2016, “no fue algo nacional; fue internacional en todo su carácter”, dijo LaRouche. “Y ese es el patrón. No es un patrón de grupos locales en Estados Unidos, aunque tienen importancia. Pero no son algo que se pueda repartir en categorías. Se tiene que ver el valor total más amplio. Y esto se hará evidente en cuanto empecemos a tratar a la economía seriamente. En otras palabras, en vez de tratar de averiguar cómo sacar este producto particular de cierta manera y demás, la cuestión es, que van a partir de una base global. Lo que tenemos enfrente es algo de carácter global.

“Ahora bien, esta ha sido la situación desde hace algún tiempo. Pero no se había hecho evidente porque la gente no ha categorizado estas cosas de la manera apropiada. Lo que han hecho es que han buscado de manera muy minuciosa cosas que creen que son importantes, y son importantes; pero aquí, la cuestión que rige, es internacional, global”.

LaRouche subrayó: “Lo que observan es la desintegración de todo el área de vida que existía en el mundo previamente. Y cuando vean eso, entonces tendrán el cuadro completo... Y entonces, tienen que ver esto desde el punto de vista, no de qué fulano es importante o no en este área; tienes que ver el cuadro completo, porque si no, no consigues la respuesta correcta”.

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

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