Gracias a la operación “Lava Jato” del Departamento de Estado, Jair Bolsonaro ganó la Presidencia en Brasil

1 de noviembre de 2018

31 de octubre de 2018 — Para sorpresa de nadie, el derechista capitán retirado del Ejército Jair Bolsonaro ganó el 28 de octubre las elecciones presidenciales de Brasil, en la segunda ronda electoral, con el 55% de la votación sobre el 45% del candidato del Partido del Trabajo (PT) Fernando Haddad. Va a asumir el cargo el primero de enero del 2019.

La única razón por la que ganó Bolsonaro es porque los británicos y el Departamento de Justicia de EU (DOJ) operando a través del juez Sergio Moro, entrenado por el Departamento de Estado, metió a la cárcel al ex Presidente Lula da Silva en abril del 2018 acusado de “corrupción” como parte de la operación “Lava Jato”, lo que le impidió ser candidato a la Presidencia. Si él hubiera sido el candidato, se sabe que hubiera ganado las elecciones fácilmente.

Lula y su sucesora y aliada Dilma Rousseff (ilegalmente removida de su cargo en agosto del 2016, como parte de la operación Lava Jato) estaban organizando vigorosamente para el BRICS y simpatizaban con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Lava Jato no solo sirvió para deshacerse de estos dos políticos claves, sino que ha destrozado la mayor parte de las instituciones productivas en la nación y ha contribuido a polarizar radicalmente al país hundiéndolo en una profunda crisis económica y política.

Es esto y no el programa “duro con el crimen” de Bolsonaro, lo que explica su triunfo. Las referencias de los medios a Bolsonaro, que lo califican de un “Trump tropical”, no son más que sofistería.

Bolsonaro fue durante años un congresista mediocre, que se le consideraba como el caso clínico residente de ese cuerpo legislativo. Solo alcanzó notoriedad internacional gracias a la cobertura en el New York Times. Ahora su elección ha creado las condiciones para orillar a Brasil, la economía más grande de América del Sur, que debería haber sido un socio importante en la Iniciativa Franja y Ruta de China, al colapso político y a la agitación social. Exactamente lo que Londres había recetado.

La base electoral de Bolsonaro consiste de tropas de choque militantes entrenadas y financiadas por los radicales de libre mercado de Londres (como por ejemplo, la Fundación Atlas) que encabezaban las manifestaciones callejeras en el 2016 exigiendo el juicio político en contra de la entonces Presidenta Dilma Rousseff. El reemplazo de Rousseff, Michel Temer, hundió al país en una profunda recesión con su saqueo de “libre mercado”. Ahora el futuro ministro de Finanzas de Bolsonaro, Paulo Guedes, un economista neoliberal de hueso colorado, entrenado en la Universidad de Chicago y propietario de un fondo compensatorio, anunció un programa que va a provocar con toda seguridad la ira popular y el caos económico: “reformas al Estado” (privatizaciones), control de los “gastos excesivos y derroches del gobierno” y la instrumentación de mayores reformas a las pensiones y “combate a la corrupción” al estilo DOJ.