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El mundo se halla en un momento de confrontación: un nuevo paradigma vs. el aparato geopolítico de Occidente

28 de noviembre de 2018
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El Presidente ucraniano Petro Poroshenko (Agencia de Información UNIAN).

27 de noviembre de 2018 — La provocación que lanzó el gobierno de Poroshenko en Ucrania el domingo 25, con el despliegue de tres buques militares dentro del territorio ruso sin la notificación requerida, ha logrado el resultado esperado. Rusia capturó los buques, Poroshenko declaró la ley marcial, y la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, desparramó su veneno en el Consejo de Seguridad de la ONU, culpando a Rusia de una “atroz violación de la soberanía del territorio ucraniano”, y de “otra escalada irresponsable rusa”; y sin desparpajo alegó que hablaba a nombre del Presidente Trump. Pero no es verdad; de hecho, el Presidente Trump declaró minutos después que: “No nos gusta lo que está sucediendo, sea como sea, no nos gusta lo que sucede, y esperamos que las cosas se enderecen”. De inmediato la prensa bajo control de la casta dominante atacó a Trump por “no denunciar a Rusia”.

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, planteó la realidad: “El hecho de que se llevó a cabo con el beneplácito y bajo las órdenes directas de la dirigencia [de Kiev] es indudable”. También se refirió al hecho de que la provocación está dirigida no solo a Rusia, sino al Presidente Donald Trump también: “No podemos garantizar que esas fuerzas políticas de Estados Unidos que buscan acabar con la Presidencia de Trump, no se aventuren con nuevas provocaciones. Al contrario, es sumamente probable que surjan más provocaciones e intentos de destruir nuestra relación”.

“Si se declara la ley marcial”, agregó Lavrov, “entonces los nacionalistas radicales pueden sentir que se les ha dado luz verde”. Ciertamente, las bandas de encapuchados neonazis ucranianos atacaron la embajada rusa en Kiev y los consulados de Lviv y de Kharkov, quemaron carros, llantas, banderas rusas y lanzaron bombas molotov hacia los edificios. Se teme que el extremadamente impopular Poroshenko cancele las elecciones programadas para marzo entrante, bajo la disposición del código de ley marcial.

El objetivo inmediato es la reunión Trump-Putin planeada a llevarse a cabo en las márgenes de la cumbre del G-20 el 30 de noviembre y 1º de diciembre en Argentina. Asimismo, la reunión planeada entre Trump y Xi Jinping en ese mismo contexto, es también objeto de una andanada de nuevos ataques calumniosos contra China y contra la Franja y la Ruta, provenientes de los centros de peritos angloamericanos y de sus piezas en la prensa dominante.

Si el Presidente Trump aprovechara estas reuniones para imponer un nuevo paradigma en las relaciones entre estas tres potencias (Estados Unidos, Rusia y China), echando mano del poder considerable que le otorga la Constitución de Estados Unidos al Presidente para la política exterior, podría acabar con le embestida del imperio británico para utilizar a Estados Unidos, una vez más, como el “gigante idiota” para emprender las guerras del imperio, que esta vez se trata de una guerra mundial contra Rusia y China, la cual no dejará ganadores.

El momento es decisivo. El sistema financiero occidental está dando tumbos, en tanto que los gurús de Londres y Wall Street ya no pueden ocultar el alcance de las múltiples burbujas monetarias que están a punto de estallar. Ayer, el gigante General Motors anunció el cierre de tres plantas en Estados Unidos y Canadá, y el despido de unos 15,000 trabajadores de fábrica y de oficina. El mercado de bonos corporativos, enormemente inflado y apalancado con deudas, es en este momento el equivalente de la burbuja de las “hipotecas de alto riesgo” de hace 10 años, y el mercado de valores ya no reacciona a la maniobra de estas corporaciones de comprar sus propias acciones a un nivel récord.

Pero en vez de salir corriendo en busca de refugio, lo que hay que decir es que esas burbujas no son la economía real. El dinero no es la economía. La producción real y los avances tecnológicos que elevan la productividad del trabajo globalmente, eso es la economía real, como lo entendía claramente Alexander Hamilton y sus economistas amigos del “Sistema Americano”, así como Franklin Roosevelt y Harry Dexter White, quien le ayudó a darle forma la sistema de Bretton Woods al final de la Segunda Guerra Mundial.

Si el Presidente Trump aprovecha este momento preñado para juntar a Rusia, China, India, Japón y a otros, para restaurar la estructura del sistema de Bretton Woods —para acabar con la especulación con las divisas y los bonos chatarra que saquean a la economía real— y para unirse al proceso de desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda que está transformando ya a las naciones de África, Asia, Iberoamérica e incluso a varios países de Europa oriental y del sur, si adopta este enfoque en las reuniones del G-20, se podría evitar el derrumbe financiero que es de otro modo inevitable, y se podría poner en marcha una nueva economía de verdad y un renacimiento cultural entre las naciones.

Es nuestra responsabilidad transmitir esta realidad, y esperanza, al pueblo de Estados Unidos y a los pueblos del mundo entero; que las ideas de Lyndon LaRouche se han demostrado correctas en el mundo real, una y otra vez, durante los últimos 50 años. Ha llegado el momento ahora en que esas ideas son capaces de ser entendidas por una capa cada vez mayor de la población. Este conocimiento en las mentes de la ciudadanía, es el ingrediente esencial necesario para darle al Presidente Trump el respaldo y la dirección que necesita. Estos cuatro días antes de la reunión del G-20, son un momento de gran oportunidad que no debe toparse con gente pequeña.