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El Rusiagate se transforma en un desenmascaramiento del golpe británico

17 de enero de 2019
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El Presidente Donald J. Trump habla con los periodistas antes de salir por el Jardín Sur de la Casa Blanca, el lunes 14 de enero de 2019, rumbo hacia la Base Andrews, Maryland, para inciar su gira por Nueva Orleans, Luisiana. (Foto oficial de la Casa Blanca).

17 de enero de 2019 — La Parte III de la serie de informes de Barbara Boyd publicados en el portal de LaRouchePAC, sobre el intento de golpe orquestado por los británicos contra el Presidente de Estados Unidos, se puede leer ya (en inglés, en https://www.larouchepac.com/20190112/part-iii-british-intelligence-fraud-creates-coup-against-donald-trump), con el título de “A British Intelligence Fraud Creates the Coup Against Donald Trump” (Un fraude de inteligencia británico crea el golpe contra Donald Trump). El informe ya se convertió rápidamente en un tema candente en el circuito de la radio y los portales electrónicos alternativos, pero la mayoría tiene una gran circulación en Estados Unidos e internacionalmente.

Como dijo el propio Presidente Trump luego de que el New York Times publicó el 11 de enero el informe de que el FBI había abierto una investigación de contrainteligencia al Presidente por ser un agente ruso, el artículo del Times no desenmascara nada sobre Trump, sino más bien todo sobre la criminalidad abierta de todo el nido de agentes británicos dentro del FBI y del Departamento de Justicia de EU (DOJ), de donde casi todos han sido despedidos de sus cargos por su corrupción. Las últimas filtraciones del testimonio del ex subprocurador general, Bruce Ohr ante las comisiones del Congreso, revelan que el operativo del MI6 británico, Christopher Steel, autor del desacreditado expediente marrullero sobre Trump y Rusia, mantuvo el contacto con el FBI mucho tiempo después de que fue despedido de su cargo por filtrar información a la prensa, e incluso el FBI intentó recontratarlo luego de que Trump despidió a Comey.

La revelación de esta sucia operación británica es también un elemento crucial de la enorme crisis en el Reino Unido. La primera ministra Theresa May recibió el martes la mayor derrota parlamentaria en la historia británica, cuando el Parlamento rechazó su plan amañado del Brexit por 432 votos contra 202. Luego, al día siguiente sobrevivió a duras penas al voto de no confianza, con una votación de 325 contra 306. El nexo entre esta revuelta en el Reino Unido y la operación del Rusiagate contra Trump no se menciona nunca en las reseñas de prensa, pero la misma May, hizo la conexión, sin querer, durante el debate que precedió al voto de no confianza. May alegó que el dirigente de los laboristas, Jeremy Corbyn, es un incapaz para dirigir al país, y preguntó retóricamente que si cómo habría enfrentado las crisis mayores que ella enfrentó, como por ejemplo, el caso del envenenamiento de los Skripal por los rusos, el empleo de armas químicas por el gobierno de Assad en Siria, y la amenaza de Rusia a la OTAN. Todas estas no son solo mentiras completas, pero constituyen simplemente el lado británico de la farsa del Rusiagate en Estados Unidos, y todo eso en conjunto es simplemente parte de un intento frenético para salvar al moribundo imperio británico, para mantener la división del mundo entre bloques combatientes.

Más interesante aún, el ex alcalde de Londres, Ken Livingston, publicó un artículo en su portal electrónico el lunes 14 titulado “Brexit o no, las cosas se pondrán peor a menos que acabemos con el neoliberalismo”. Se refiere al hecho de que el progreso que se dio en la posguerra en Occidente se revirtió cuando Margaret Thatcher “introdujo la economía neoliberal”, la cual se adoptó rápidamente en Europa y Estados Unidos, lo cual condujo a la austeridad infernal que ahora oprime a las poblaciones de las naciones occidentales.

“La gente piensa que el mundo no está funcionando y quiere ver un cambio”, señala Livingston. “Esto es lo que llevó a la elección de Donald Trump, y aquí en Gran Bretaña, al compromiso de Jeremy Corbyn en 2017 para desechar al neoliberalismo y el apoyo al aumento en el gasto e inversión pública produjo el mayor aumento en el voto laborista desde 1945”.

A esto le podemos añadir la revuelta de los “Chalecos Amarillos” en Francia, la valerosa lucha del gobierno italiano contra la burocracia de la Unión Europea (UE) y movimientos similares que surgen por todo el mundo occidental. Las poblaciones de las naciones occidentales ya no toleran la decadencia económica y cultural. Es bueno recordar las palabras de la Declaración de Independencia de Estados Unidos al respecto:

“Sostenemos que estas verdades son evidentes por si mismas, que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los gobiernos que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando sea que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en esos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrezca las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y su felicidad”.

Estados Unidos se encuentra ciertamente ante la vivencia de restaurar el espíritu de la Revolución Americana. Ese espíritu está surgiendo en todo el mundo. Los chinos han experimentado esto desde que derrocaron a la Revolución Cultural, a lo cual le siguió el desarrollo económico más explosivo en la historia de la civilización, con el resultado de casi eliminar la pobreza en la nación más poblada del mundo. China está ahora ayudando a difundir este espíritu globalmente por medio del espíritu de la Nueva Ruta de la Seda. El Presidente Trump ha expresado su visión en términos de este espíritu, y ha insistido en que debe haber una relación de amistad entre Estados Unidos, Rusia y China.

El partido belicista en Estados Unidos, que se agazapa en ambos partidos mayores y cuyos elementos sirven de vasallos del imperio británico, está desesperado por derrocar a Trump, para seguir con las “guerras sin fin” que Trump quiera acabar, y quieren provocar una guerra con Rusia y China. Pero están a la defensiva. Hay que aplastarlos. En las palabras inmortales de Schiller, en su versión del juramento de Rutli, en su obra Guillermo Tell:

“No, el poder del tirano tiene un límite, cuando el oprimido no puede hallar justicia, cuando el fardo se hace insoportable, se alza con valor confiado hacia los cielos y toma ahí sus derechos eternos, que penden arriba, inalienables e indestructibles como las estrellas mismas”.