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Los británicos se despliegan para impedir el gran avance potencial de Trump con China y Corea del Norte

25 de febrero de 2019
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Los Presidentes Trump y Kim se saludan de mano en el salón de la Cumbre de Singapur en junio de 2018.

25 de febrero de 2019 —

Es un patrón predecible y familiar: en vísperas de grandes avances potenciales del Presidente Donald Trump en sus planes de construir buenas relaciones con China y con Rusia, y de acabar con las guerras perpetuas de la era de Bush y Obama, el imperio británico y sus piezas dentro de Estados Unidos orquestan algún tipo de provocación para golpear a Trump, para cambiar el orden del día en la situación estratégica, y para engatusarlo para respalde sus políticas suicidas.

El 6 de abril de 2017, el mismo dí en que Trump tenía su histórica cumbre con el Presidente de China, Xi Jinping, en Mar-a-Lago, Florida, se le alimentaron mentiras a Trump para convencerlo de apoyar un ataque militar estadounidense dentro de Siria, que no obstante fue mucho menos serio de lo que los británicos hubieran querido. Ese ataque se planeó par torpedear las relaciones chino-estadounidenses en general, pero no logró ese resultado.

El 16 de julio de 2018, cuando ya Trump tenía programada su reunión con el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, en Helsinki, el fiscal especial Robert Mueller trató de frustrar la cumbre con la acusación a una docena de personajes y compañías rusas, como parte de su mentada “indagatoria sobre la colusión rusa”. De nuevo, la jugada no pudo impedir la cumbre, aunque le causó grave daño a las relaciones ruso-estadounidenses.

Y ahora, cuando están en marcha las pláticas comerciales entre China y Estados Unidos, que han avanzado de tal modo que Trump las extendió más allá de la fecha límite del 1º de marzo, con la perspectiva de llegar a un acuerdo más amplio entre Trump y Xi personalmente en el futuro cercano; y en la víspera de la segunda reunión cumbre de Trump con el mandatario de Corea del Norte, Kim Jong-un, programada para el 27 y 28 de febrero en Hanoi, los británicos están en ello de nuevo con impecable cronometría. Mueller anda fanfarroneando de nuevo con un informe de acusación final en el caso del ex jefe de campaña de Trump, Manafort, y el ex abogado de Trump, Michael Cohen, está programado a testificar ante una audiencia abierta de una comisión del Congreso el 27 de febrero, precisamente en el momento en que Trump estará reunido con Kim. Y la más grave de las provocaciones, la crisis orquestada en Venezuela está llegando al límite de la violencia y de una posible invasión extranjera del país y un golpe de Estado durante esta misma semana, con el desafortunado respaldo público repetido a este plan del propio Trump, en el momento en que el Secretario de Estado Mike Pompeo y el vicepresidente Pence se dirigen a Colombia para reunirse con el “presidente interino” Juan Guaidó hoy lunes 25.

Y pendiendo sobre todos estos sucesos estratégicos como la más negra de las nubes negras, está el peligro de un enfrentamiento global de occidente con Rusia, acelerado con el retiro de Estados Unidos del Tratado INF, y que se refleja en el comentario sereno del Presidente Putin en su mensaje a la Asamblea Federal Rusa el 20 de febrero.

Ninguna de estos planes y provocaciones británicas se puede derrotar una por una. Para que hayan relaciones productivas entre Estados Unidos y China, Estados Unidos se debe unir a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, de China, para forjar un nuevo sistema de Bretton Woods. Para acabar con las guerras perennes de cambio de régimen, se tiene que sustituir la geopolítica británica como práctica y filosofía, con el concepto inventado por Cusa del Estado nacional soberano y el sistema de Westfalia. Para liberarse de los peligros de la aniquilación termonuclear, se tiene que poner en marcha pronto un acuerdo de cooperación de las Cuatro Potencias para establecer la Supervivencia Mutuamente Asegurada, y no la Destrucción Mutuamente Asegurada.

En realidad, todas estas cuestiones y crisis, y el caos internacional y el desespero cultural que han desatado, solo se puede cambiar radicalmente con un Renacimiento global basado en un concepto del hombre en tanto la especie singularmente creativa en el universo, lo cual constituye el corazón y el alma del Nuevo Paradigma por el cual Lyndon LaRouche pasó toda su vida para hacer realidad.

Para ese fin es que reiteramos la importancia de lograr la exoneración del fundador de la EIR, Lyndon LaRouche, y para honrar la memoria de la continuación de sus logros, como se hizo en la conmemoración a LaRouche en el programa de la TV por cable de la República Dominicana el 23 de febrero .

La justicia para el hombre significa justicia para sus ideas.