Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Trump construye la paz y la cooperación entre las grandes potencias, a la vez que lo empujan a la guerra. Por eso se necesita la sabiduría de LaRouche

26 de febrero de 2019
trump-feb18-2019.jpg
El Presidente Donald J. Trump se dirige a miembros de la comunidad venezolana en Estados Unidos, en el Centro Convocation de la Universidad Internacional de Florida, el lunes 18 de febrero de 2019, en Miami, Fl. (Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

26 de febrero de 2019 — En las últimas 72 horas, el Presidente Trump habló de manera optimista en todas las formas posibles sobre las perspectivas de una relación productiva de cooperación entre EU y China, de la paz y el desarrollo en la península coreana, y se mantiene a la expectativa en busca de una oportunidad para sacar del borde del abismo las relaciones con Rusia. En el transcurso del próximo mes, en medio de cumbres y un posible acuerdo comercial y económico entre EU y China, él tiene todas las esperanzas de lograr la paz y la cooperación entre las grandes potencias, que sus cuatro predecesores no pudieron o no quisieron lograr. El potencial existe, incluso para que las cuatro potencias —incluyendo a India— empiecen a hacer algo para detener la caída en la recesión a nivel internacional, mediante un nuevo sistema crediticio para grandes proyectos que se integre a la Franja y la Ruta de China.

Pero al mismo tiempo, existe el espectro de un John F. Kennedy aislado, arrastrado por miembros del gabinete, directivos del sector militar y de la CIA, y los belicistas en el Congreso que lo empujaron a la desastrosa invasión de Bahía de Cochinos de Cuba en 1961. Justo un año después esos mismos halcones bélicos exigieron una invasión militar estadounidense a escala total de Cuba para “destruir” los misiles rusos emplazados ahí. Con mayor sabiduría, coraje y suerte, el Presidente Kennedy apenas pudo librarla encontrando una forma de evitar ser arrastrado a la Tercera Guerra Mundial.

Ahora el Presidente Trump enfrenta a una bancada demócrata en la Cámara de Representantes que escandalosamente están sosteniendo audiencias para atacarlo, y acusarlo, increíblemente, de traición y corrupción el mismo día de su cumbre en Hanoi con Kim Jong-un de Corea del Norte. Se enfrenta con su gabinete, y a dirigentes del congreso y de las fuerzas armadas, —para no mencionar a los mentirosos como su director de inteligencia nacional, Dan Coats— que se oponen descaradamente a su política hacia China, su creencia de un potencial de paz con Corea, y a sus órdenes de traer de regreso a casa a los soldados en Afganistán y en Siria. Y tiene a su secretario de Estado, vicepresidente, Asesor de Seguridad Nacional y republicanos del Congreso que están en armas listos a fomentar sublevaciones en contra de gobiernos en América del Sur y respaldarlos con la “fuerza” estadounidense, ¡una nueva “Bahía de Cochinos” desastrosa en varias naciones a la vez!

Y el Presidente Putin de Rusia, debido a los efectos cada vez mayores de los programas de “sistemas de Misiles Antibalísticos” de George W. Bush y Barack Obama, está discutiendo públicamente la posibilidad de una nueva crisis de los misiles cubana, y hablando de los misiles rusos a cinco minutos de sus objetivos contra los cuales “no hay parangón en ningún otro país”.

El pueblo estadounidense, aunque “está tomando partido” furiosamente, en realidad no está haciendo nada. Tiene que haber un movimiento de masas por la paz y por un desarrollo económico nacional e internacional, si es que la nación ha de sobrevivir.

Esto significa las ideas, las “cuatro leyes” de progreso económico, de un solo hombre: Lyndon LaRouche. LaRouche fue atacado, enjuiciado, trataron de condenarlo al ostracismo durante décadas por pronosticar y crear el potencial de una moderna infraestructura tipo Nueva Ruta de la Seda, que ahora se está volviendo realidad; de un nuevo sistema crediticio tipo Bretton Woods; de los avances fundamentales en la energía de fusión y la colaboración internacional para el desarrollo en la exploración lunar y del sistema solar.

LaRouche luchó en contra de los movimientos “ecológicos” desquiciados —es decir, la eugenesia— de los “verdes” de la familia real británica. Tomó en serio que el desarrollo es el nombre de la paz, tal y como lo procura el Presidente Trump.

“Justicia para LaRouche” sería una manera de nombrar la huelga de masas que Estados Unidos necesita ahora. Sin esto, la Presidencia, la economía y la nación están amenazados con su propia destrucción.