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Tres personas que tienen las pruebas que Londres quiere esconder

13 de abril de 2019
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De izquierda a derecha: Bill Binney, Julian Assange, y Craig Murray.

13 de abril de 2019 — Hasta donde se conoce públicamente, hay solo tres personas que tienen las pruebas concluyentes de que los rusos no hackearon las computadoras del Comité Nacional Demócrata (CND) en 2016, y que están dispuestos a darlas a conocer. A pesar de que se derrumbó por completo la farsa de la “colusión con Rusia”, luego de que la investigación del fiscal especial Robert Mueller no pudo encontrar ningún tipo de colusión entre Rusia y la campaña de Trump, se mantiene todavía la mentira central, de que Rusia hackeó al CND y le pasó la información hackeada a WikiLeaks, y esa mentira sigue siendo lo único en que se apoya el intento del imperio británico para mantener a Estados Unidos enfrentado con Rusia.

Uno de los tres es el ex director técnico de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en sus siglas en inglés), William Binney, quien ha presentado todas las pruebas forenses conocidas que muestran que la información fue tomada desde adentro de la propia red del CND y no desde Internet, de tal manera de que fue alguien desde adentro del CND quien “filtró” la información, o algo semejante, y que no fue hackeo. El entonces director de la CIA, Mike Pompeo, se reunió con Binney a solicitud expresa del Presidente Donald Trump en octubre de 2017, pero Pompeo no le dio seguimiento alguno a la entrevista, y siguió insistiendo que Rusia había hacheado al CND. Subsecuentemente, los investigadores no entrevistaron nunca a Binney, ni lo solicitaron para que diera testimonio ante el Congreso.

La investigación que hizo Binney sigue siendo la única investigación basada en evidencias forenses, en gran medida porque el FBI, de manera inexplicable, nunca confiscó los servidores del CND después del supuesto hackeo, como lo ha señalado el Presidente Trump en diversas ocasiones. (LaRouchePAC entrevistó a William Binney, y el video de la entrevista, en inglés, se puede ver en su sitio electrónico, con el título “Bill Binney on the Arrest of Julian Assange”).

La segunda persona que conoce las pruebas concluyentes, es el ex embajador del Reino Unido en Australia, Craig Murray, amigo del fundador de WikiLeaks, Julian Assange. Murray le dijo el 10 de diciembre de 2016 al diario británico Guardian que la versión de la CIA de que Rusia hackeó los correos electrónicos del CND, son “puras mentiras”. Murray dijo que “yo sé quién las filtró”. Y sostiene que “yo me reuní con la persona que se las filtró, y con certeza no son rusos, es alguien de adentro. Se trata de una filtración, no de un hackeo; son dos cosas muy diferentes”. Hasta la fecha, Murray sostiene esta versión, pero nunca nadie le ha llamado a atestiguar, ni los investigadores de Mueller ni el Congreso.

La tercera persona es el propio Assange, quien le dijo al entonces representante republicano de California, Dana Rohrabacher, en la reunión que tuvieron a mediados de agosto de 2017, que “yo tengo las pruebas físicas de que los rusos no me dieron esto”. Rohrabacher quería hablar sobre esto con el Presidente Trump, pero lo hicieron a un lado. Y ni el Congreso ni los investigadores han entrevistado a Assange tampoco. Assange le dijo también al congresista que “yo tengo pruebas físicas que me daría mucho gusto ofrecerles en cuanto pueda salir de la embajada de Ecuador sin ser arrestado”.

Pero ahora la policía británica lo sacó a rastras de la embajada de Ecuador y lo pusieron preso el jueves 11. ¿Tendrá algo que ver esto en todo el asunto del Rusiagate?

Por supuesto que sí. Luego de que se les cayó todo el cuento de la colusión y de que el actual procurador general William Barr comenzó a investigar a los investigadores de la farsa desde sus orígenes, Londres empezó a entrar en estado de encubrimiento para tratar de borrar todas las huellas. A pesar de que Estados Unidos ha solicitado la extradición de Assange para enfrentar una cursi acusación de “conspiración” en el Distrito Este de Virginia, la operación para sacarlo de su asilo en la embajada de Ecuador tiene por todos lados pintadas las huellas británicas, no estadounidenses. No obstante, hay muchos halcones estadounidenses que son adversarios apasionados de Assange; mínimamente, Londres quiere agitar las aguas para impedir que salga la verdad. Pero tendrá que salir, completa.