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Diálogo o choque: esa es la cuestión que enfrenta la civilización

15 de may de 2019
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El secretario de Estado de EU, Mike Pompeo, se reunió con el Presidente Vladimir Putin de Rusia en Sochi, Rusia. (Foto: kremlin.ru).

15 de mayo de 2019 — El Secretario de Estado de EU, Mike Pompeo, se reunió el martes 14 en Sochi, Rusia, con el ministro del Exterior de Rusia, Sergey Lavrov y el Presidente Vladimir Putin. Con instrucciones muy claras del Presidente Donald Trump (y la rienda corta) Pompeo le dijo a los periodistas después de las reuniones que había tenido “un conjunto de conversaciones productivas” con sus anfitriones y encontró que “hay lugares en los que nuestros dos países pueden hallar que podemos cooperar, que podría ser productivo”. A principios de la semana, el Presidente Trump había reiterado su deseo de sostener reuniones a fondo con el Presidente chino Xi Jinping y con el Presidente Putin, en la reunión del G-20 que se llevará a cabo a fines de junio en Osaka, Japón; Lavrov respondió en Sochi que “si recibimos una invitación formal, la responderemos positivamente”.

El día antes, lunes 13 de mayo, el ministro del Exterior chino, Wang Yi, había estado también en Sochi para reunirse con Lavrov y Putin, y aprovechó la ocasión para destacar que, a pesar del rompimiento serio en las negociaciones comerciales con Estados Unidos, “China, Rusia y Estados Unidos deben seguir ampliando la cooperación y contribuir conjuntamente a la estabilidad del mundo y al desarrollo global”.

Esto es lo último que el imperio británico quisiera ver como resultado de las reuniones en Sochi esta semana, pues saben que esa combinación de potencias es capaz de sacarlos del juego para siempre.

Pero hay también una ironía en los acontecimientos en Sochi que no se debe pasar por alto, a fin de entender toda la complejidad de la situación estratégica global. Este es el mismo Mike Pompeo que el año pasado elogió efusivamente al recién fallecido planificador imperial británico Bernard Lewis, autor del plan perverso para detonar un “choque de civilizaciones” en todo el planeta. Y más recientemente, Pompeo se ha aliado al Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, siempre que Trump no los tiene con la rienda lo suficientemente corta, para fomentar ese plan de “choque de civilizaciones” en todo lugar imaginable del mundo. Pompeo y Bolton funcionan en ese sentido como operativos a nombre del propósito del imperio británico de destruir la Presidencia de Trump y arrastrar a Trump precisamente al tipo de guerras de cambio de régimen, a las que él se oponía en su campaña y por lo cual fue electo.

Como lo señaló el ex diplomático británico Alastair Crooke en un artículo del 13 de mayo, la fuente de la política de Pompeo y Bolton sobre Irán (y podría haber agregado sus políticas hacia Rusia, China, Venezuela, Siria, Corea del Norte, etc., etc.) es realmente el “plan de Bernard Lewis... diseñado para fracturar a todos los países de la región, desde el Medio Oriente hasta India, a lo largo de líneas étnicas, sectarias y lingüísticas. Una balcanización radical de la región”. Lewis, destaca Crooke, “ha sido formidablemente influyente en Estados Unidos; sus ideas programáticas se han elevado por encima de Presidentes, legisladores y grupos de peritos, y todavía lo están”. Y fue Lewis quien acuñó realmente la frase “Choque de civilizaciones”.

Lyndon LaRouche fue mucho más preciso al identificar la naturaleza del enemigo y de su política. En la conferencia del Instituto Schiller del 15 de febrero de 2003, LaRouche dijo que el Plan de Bernard Lewis “está dirigido hacia toda la humanidad, pero apunta hacia el Islam, debido a la encrucijada entre el Mediterráneo y el Océano Índico, y porque hay 1,300 millones de musulmanes, y si metes un caos en esa parte de la cultura, entonces no puede haber paz en ninguna parte de Eurasia, y Eurasia estaría acabada. Y por ende, puedes gobernar al mundo”.

Ese es el plan británico para el Choque de Civilizaciones. Pero luego tenemos la realidad que surge a la superficie en Sochi, la dinámica global dominante del espíritu de la Nueva Ruta de la Seda que Helga Zepp-LaRouche ha identificado repetidamente, que es una dinámica que mueve a la mayoría de la raza humana hacia un Diálogo de Civilizaciones Clásicas, que está confluyendo en torno a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. De hecho, China celebra los días 15 y 16 de mayo en Pekín la Conferencia sobre el Desarrollo de las Civilizaciones Asiáticas (CDCA), la cual según informa la agencia Xinhua, fue “iniciada por el Presidente chino Xi Jinping para fomentar los intercambios entre las civilizaciones y el aprendizaje mutuo entre este continente tan culturalmente diverso, y construir una comunidad asiática con un futuro compartido.... [Xi] sostiene que los intercambios y el aprendizaje mutuo entre las civilizaciones han posibilitado el progreso humano, así como la paz mundial y el desarrollo”.

Pero ese Diálogo de Civilizaciones solo puede tener éxito, y el perverso Plan de Bernard Lewis del Choque de Civilizaciones del imperio británico solo puede ser derrotado, si se especifican los principios filosóficos más profundos de ese necesario diálogo, de la manera en que lo ha hecho Lyndon LaRouche. En su estudio monumental del 19 de diciembre de 2004, “El diálogo de civilizaciones euroasiáticas: Los próximos 50 años de la Tierra”, LaRouche señala:

“La crisis inmediata que dicta la urgencia de un diálogo de culturas, puede y debe ser identificado con ayuda de algunas observaciones concretas y a veces cáusticas, de la siguiente manera ejemplar.

“Esos productos de la Universidad de Harvard, del trabajo del finado profesor William Yandell Elliott, de Zbigniew Brzezinski y Samuel P. Huntington, han inventado planes, a menudo en concierto con un otrora dirigente de la Oficina Árabe del Reino Unido, Bernard Lewis, orientados a construir una parodia fascista mundial angloamericana del imperio romano... y también su receta [de Huntington] para la guerra religiosa mundial, su Choque de Civilizaciones”.

LaRouche advirtió que “el mundo se tambalea ahora al borde de una crisis financiera fuera de toda experiencia de cualquier persona viva hoy en día. Estamos atrapados, como un buque en medio de una tormenta, dentro de una crisis mundial que ya se viene encima, que ahora amenaza con hundir al planeta en su conjunto en una nueva era de tinieblas”.

LaRouche especificó entonces los principios necesarios en torno a los cuales se puede organizar una solución:

“Un mundo racional adoptaría la Noosfera definida por Vladimir I. Vernadsky como piedra angular para definir las doctrinas económicas físicas de gestión y desarrollo de todas las economías modernas... Esta utilización de la obra de Vernadsky resultará ser de importancia singular para hacer realidad la transición tan urgentemente necesaria, de una división entre culturas europeas y asiáticas, hacia el surgimiento de la verdadera cultura euroasiáticas actualmente necesaria. El diálogo de culturas, fundamentado en una agenda de tales consideraciones, debe funcionar como un foro de referencia general para desarrollar la aceptación de ese proceso de avance hacia tal cultura euroasiática emergente, progreso compartido a modo de diálogo para forjar programas y acuerdos entre las naciones soberanas”.