Roger Stone introduce una moción en el tribunal para refutar la versión del “hackeo ruso”; cita a Binney

16 de may de 2019

16 de mayo de 2019 — El viernes 10 de mayo, Roger Stone, el viejo amigo de Donald Trump a quien Robert Mueller escogió como castigo sustituto en su fraude del Rusiagate (acusado por Mueller de mentir al FBI, de obstrucción de la justicia, y de manipulación de testigos en la investigación del Rusiagate) introdujo una moción en el tribunal que sigue se caso mediante la cual refuta la premisa central del Rusiagate, que dice que los rusos hachearon las computadoras del Comité Nacional Demócrata (CND) y de ese modo “interfirieron” en la elección presidencial de 2016 para darle ventaja a Donald Trump.

La medida que introdujo se denomina “moción para suprimir documentos y evidencias obtenidas como resultado de órdenes de cateo emitidas en su caso y otros relacionados. En esta moción, Stone anexó como declaración de experto las pruebas presentadas por el ex director técnico de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en sus siglas en inglés) William E. Binney, y también la documentación elaborada por el reconocido experto en seguridad cibernética Peter Clay. Ambas declaraciones refutan el fundamento del Rusiagate, a saber, que el Estado ruso hackeó las computadoras del CND, de John Podesta, y del comité demócrata de campañas electorales, y que luego transfirieron esa información hacheada a WikiLeaks para su publicación. La moción de supresión de Stone establecer que con toda probabilidad, eso nunca sucedió.

Su caso está pendiente en el tribunal federal de distrito de Washington, DC, y está programada una audiencia para analizar esta moción para el 21 de junio de este año, ante la juez Amy Berman Jackson. En su moción, Stone solicita una audiencia para presentar las pruebas. Si se acepta la moción, será la primera vez que la falsa narrativa del hackeo ruso de la elección presidencial de 2016, se somete a una prueba para demostrar lo contrario, y la mayoría cree que la teoría será refutada sustantivamente en cuanto se le someta a la luz del día. Stone ha solicitado también copias sin tachaduras del supuesto informe forense que presentó la empresa CrowdStrike, contratada por el CND para demostrar que “los rusos hachearon al CND”, y cuyo informe es lo único que sustenta la acusación que fundamenta al Rusiagate.

El diario Washington Post se vio obligado a cubrir esta noticia tan importante, pero censuró el hecho de que el ex director técnico de la NSA, Bill Binney, respalda la afirmación de Stone en el sentido de que no se ha probado el hackeo ruso (https://www.washingtonpost.com/local/legal-issues/roger-stone-asks-court-to-toss-out-evidence-saying-russian-hacking-of-democrats-in-2016-is-assumption/2019/05/10/4462bb2a-7365-11e9-9eb4-0828f5389013_story.html?utm_term=.abba19533c91).

A Stone se le acusa de hacer declaraciones falsas, supuestamente, ante la Comisión Selecta de Inteligencia de la Cámara de Representantes, sobre sus actividades para encontrar qué documentos tenía WikiLeaks y cuándo serían publicados; también se le acusa de haber amenazado, supuestamente, a un posible testigo que Stone pensaba que mentiría a Mueller sobre los contactos de Stone con WikiLeaks. Muchos ex fiscales de experiencia han argumentado que los cargos reales contra Stone se hubiesen podido establecer en unas cuantas páginas. Pero el “sumario parlante” de 23 páginas de Mueller se propone desprestigiar a Stone, colocándolo en medio de una conspiración general, que involucra al hackeo ruso, a la campaña de Trump, y los supuestos intentos de despistar a los investigadores del Congreso y del FBI. Como ya lo anticipaban los fiscales de Mueller, el sumario de Stone se le ha dado una gran publicidad. Uno de los enunciados específicos de la acusación de Mueller contra Stone, bajo el encabezado de “Falso testimonio de Stone al HPSCI” (la Comisión de inteligencia de la Cámara antes referida) dice que “Estas audiencias [de la Comisión] se basan principalmente en la acusación todavía no probada de que el Estado ruso es responsable del hackeo al CND y a John Podesta y la transferencia de esa información a WikiLeaks”. Cuando habló ante la Comisión de la Cámara de Representantes, Stone declaró que su testimonio tenía el propósito de refutar las afirmaciones de que el conocía por adelantado sobre el hackeo a la campaña de Clinton y de que tenía conocimiento de antemano sobre la fuente o contenido real de las revelaciones de WikiLeaks.

El equipo macarthysta de Mueller utilizó la vaga narrativa del sumario para alegar que el caso de Stone está relacionado, en términos de los hechos, al caso de Mueller contra la GRU rusa por el supuesto hackeo formalmente, Estados Unidos versus Netyksho, No. 18-cr-215), que se encuentra actualmente en manos de la juez Amy B. Jackson. Pero el sumario del caso Netyksho nunca va a llegar a juzgarse, ya que el los funcionarios individuales de la GRU que están acusados por el hackeo al CND y a Podesta, nunca se van a presentar ante un tribunal de Estados Unidos. Entonces, según el equipo de Mueller, dado que la relación “factual”, de hecho, entre los casos de Stone y Netyksho, se exigía que se asignara el caso de Stone a la juez Jackson, en vez de asignarlo al azar a cualquier juez, como se acostumbra normalmente. La juez Jackson también presidió el caso de Paul Manafort. Los abogados de Stone han impugnado el hecho de que Mueller haya asignado el caso a la juez Jackson, por se un abuso del sistema.

Según la Moción para suprimir, que presentó Stone, la declaración jurada de la orden de cateo en el caso de Stone y del caso de Netyksho, se basa en el argumento deficiente de Mueller, carente de hechos, sobre el hackeo ruso, y acusa a Stone de participar en una amplia conspiración con los rusos y con WikiLeaks en el hackeo. La orden de cateo dice que Stone está bajo investigación por delitos que se podrían derivar de su participación como conspirador activo con los rusos y con WikiLeaks en los supuestos hackeos al CND, a Podesta y al comité de campaña demócrata. Si resulta como sostiene Stone, que la orden de cateo es intencionada e irresponsablemente falsa, entonces todo lo que se obtuvo como resultado del cateo realizado en base a esa orden falsa, se debe suprimir y no se puede utilizar como evidencia en contra de Stone.

Las declaraciones certificadas de Binney y de Clay son idénticas en esencia. La declaración de Binney establece, bajo el encabezado de “Opinión”, que “WikiLeaks no recibió la información robada del gobierno ruso. Los metadatos intrínsecos que son del dominio público sobre WikiLeaks, demuestra que los archivos que WikiLeaks adquirió fueron transmitidos por un medio tal como un dispositivo de memoria USB ubicado físicamente en el CND”. Binney respalda su opinión experta con hechos basados en sus estudios forenses y en experimentos relacionados con los archivos del CND publicados en WikiLeaks y los materiales publicados por Guccifer 2.0, el supuesto hackeador ruso que Mueller alega que es una persona del GRU ruso y que operaba desde Rusia. Binney refiere tres cuestiones básicas: (1) todas las fechas y horas modificadas estampadas en los datos del CND en el sitio de WikiLeaks, terminan en números pares, lo cual es congruente con información copiada desde un sistema seguro a un medio físico, tal como una memoria USB, pero es incongruente con archivos copiados a través de Internet desde un servidor a otro sistema, como utilizan los hackeadores; (2) el tiempo firmado en los archivos posteados en Guccifer 2.0, demuestra que fueron copiados a velocidades muchísimo mayores a las velocidades de Internet. Las velocidades son congruentes con los archivos que se copian directa y manualmente a una memoria USB dentro del edificio; y (3) los archivos de WikiLeaks fueron copiados en tres tramos, el 23, 25 y 26 de mayo de 2016, y se saltaron el 24. “Esto sería más congruente con archivos que fueron copiados de manera cubierta cuando se presentaba la oportunidad de hacerlo, contrario a la recolección de archivos que ya se habían juntado y luego transmitido como una colección a un destino como WikiLaeks”. WikiLeaks ha insistido siempre que ellos recibieron los documentos del CND y de Podesta de un filtrador interno en Estados Unidos y no de ningún miembro del Estado ruso.

La moción de Stone también señala que el FBI y Mueller violaron por completo todas las normas forenses, cuando aceptaron que el proveedor de Internte del DNC, la firma CrowStrike, les presentara u supuesto análisis forense, en vez de hacer lo que se acostumbra, que es aislar el escenario del delito supuesto y examinarlo ellos mismos. Ahora bien, parece que el equipo de Mueller se pasó en cuanto a conducta irregular. Han presentado copias tachadas del examen forense de CrowdStrike, como parte de las pruebas, que Stone tiene el derecho de ver en el caso, pero verlas íntegras. Por qué tacha el gobierno el informe del proveedor del CND, una empresa privada, en lo que presenta a la defensa de Sonte, es un misterio. CrowdStrike alegó que los rusos habían hacheado los servidores del CND en junio de 2016, una afirmación que muchos piensan que la orquestó la campaña de Clinton para desviar la atención de los documentos veraces que publicó WikiLeaks, que demostraban que el CND intentaba sabotear la campaña insurgente de Bernie Sanders. La moción de Stone no se refiere el repudio político de CrowdStrike hacia el gobierno ruso, ni que John Podesta, presidente de la campaña de Clinton, planease, según un documento de Podesta publicado por WikiLeaks, difamar a Donald Trump como peón ruso desde diciembre de 2015. El propio informe de Mueller reconoce una falla central en la narrativa del hackeo ruso, con relación a cómo llegaron los documentos hasta WikiLeaks. Mueller reconoce que no puede probar que los documentos hacheados fueron transmitidos por Internet a WikiLeaks, y dice en la página 47 de su informe auq “el despacho no puede descartar que los documentos robados fueran transferidos a WikiLeaks a través de intermediarios que lo visitaron en el verano de 2016”.

Binney y el grupo de Veteranos Profesionales de la Inteligencia por la Cordura (VIPS, en sus siglas en inglés), han señalado repetidamente la total carencia de pruebas verificables con relación a cómo resultó que el supuesto hackeo ruso terminó en la publicación de los documentos en WikiLeaks, y han realizado estudios forenses independientes que demuestran que la narrativa divulgada por la comunidad de inteligencia y por Robert Mueller, es totalmente deficiente y falsa. Como resultado, el Presidente Trump le encargó al entonces director de la CIA, Mike Pompeo, que se reuniera con Binney y escuchara su planteamiento. La reunión se llevó a cabo con Pompeo y lo que parece eran dos analistas de la CIA. Después de esa reunión, que ocurrió en octubre de 2017, ha habido un esfuerzo sustancial y sistemático para bloquear el análisis de Binney y de otras opiniones que refutan el análisis de Mueller sobre el hackeo que nunca existió.