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¿El Presidente recupera la política exterior? Bien, pero ¿quién va a detener el colapso económico global?

2 de julio de 2019
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El Presidente Donald J. Trump, junto con el Presidente de la Republica de Corea, Moon Jae-in, en la zona desmilitarizada en la frontera de las dos Coreas, el domingo 30 de junio de 2019. (Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

2 de julio de 2019 — En su videoconferencia estratégica semanal que se transmitió este lunes 1º de julio, la presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche comentó con satisfacción que el Presidente Donald Trump y el mandatario de Corea del Norte, Kim Jong Un, revivieron “el espíritu de Singapur” este fin de semana, como lo establecieron en junio de 2018. En términos estadounidenses, dijo ella, la sorpresa que dio Trump en la zona desmilitarizada de la frontera de las dos Coreas —luego de sus reuniones con los Presidentes Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia, que ayudaron al suceso— representa una restitución de la formulación política al Presidente. Con ello flanquea a los bien conocidos halconcitos del partido bélico angloamericano. Es muy prometedor, señaló Zepp-LaRouche, y los representantes de las otras potencias que estuvieron en la reunión del G20 lo vieron así. Hay un buen motivo para el optimismo por el hecho de que la población estadounidense también lo vio así.

El gobierno japonés puede también haber jugado un papel importante en esto; quizás se discutió una nueva “arquitectura de seguridad asiática” para detener la proliferación de misiles nucleares de alcance corto e intermedio.

Pero lo importante es que esta vez el partido belicista no saboteó las reuniones del Presidente Trump con Xi Jinping y en particular con Putin.

Apenas dos semanas antes, el Presidente había sido empujado hasta llegar a 10 minutos de una guerra con Irán, y se le había mantenido traicioneramente aislado de los planes para ejecutar bombardeos cibernéticos contra la red eléctrica de Rusia, lo cual constituye un acto de guerra de una superpotencia. Ya antes el caótico gobierno del Reino Unido había empujado a Trump a lanzar ataques militares con sus actividades de falsa bandera en Siria. Por décadas, el partido bélico estadounidense en el Congreso y en la Casa Blanca ha actuado como émulos imperiales británicos de los Haushofers, Churchills y Mackinders. En una república, es el Presidente patriota el que hace la política exterior con otras grandes potencias. Si el Presidente Trump puede restablecer esto, tendrá todo el apoyo de los estadounidenses.

Pero esas grandes potencias no hicieron nada en la reunión del G20 para hacer frente al macabro origen compañero de la guerra: el colapso económico. La economía mundial se hunde en una recesión, con la amenaza de otro estallido financiero peor que el anterior. Esto es lo que muestra el informe especial del semanario EIR del 5 de julio, titulado The Bitter Truth about the Economic ‘Recovery’? (“La amarga verdad sobre la ‘recuperación’ económica”).

La tambaleante Unión Europea es inservible en esta crisis. Lyndon LaRouche insistió durante dos décadas hasta su fallecimiento, que los dirigentes de Estados Unidos, China, Rusia e India tienen que tomar la delantera, junto con todas las naciones soberanas que sea posible, para excluir a los británicos e crear un nuevo sistema de crédito, un Nuevo Bretton Woods, como el que pensaba Franklin Roosevelt para después de la Segunda Guerra Mundial. Los principios económicos de LaRouche, como la regulación bancaria Glass-Steagall y la banca nacional hamiltoniana, son la salida a esta crisis peligrosa y esas potencias los deben poner en marcha ya.