Historiador Graham Allison replantea la “Trampa de Tucídides”: ¿Podrían llegar a ser Estados Unidos y China “socios rivales”?

10 de julio de 2019

9 de julio de 2019 — En un artículo publicado el domingo 7 de julio en la revista National Interest especializada en relaciones internacionales, el historiador Graham Allison plantea que cuando una potencia emergente amenaza con superar a la potencia dominante, no necesariamente se puede presagiar un peligro extremo por venir. En los últimos 500 años, 12 de 16 rivalidades tipo Tucídides (como la que explicó Tucídides entre Atenas y Esparta que llevó a las Guerras del Peloponeso) terminaron en guerra, señala Allison. Pero en los últimos tres años, dice que ha estado investigando en busca de una respuesta a cómo escapar de esa trampa, y está explorando ahora con Estados Unidos y China lo que él denomina un antiguo concepto chino de “socios rivales”. Allison pone como referencia la manera perspicaz con la que respondió el Presidente Kennedy luego de haber resuelto la crisis de los misiles cubanos en 1962, cuando propuso que Estados Unidos y la Unión Soviética coexistieran en un “mundo seguro por la diversidad”.

Aunque muchos estrategas creían que cada potencia nuclear solo podía garantizar su existencia segura si la otra fuese destruida, señala Allison, Kennedy dio un discurso el verano de 1962 en el cual, “aunque nunca vaciló en su convicción de que la Unión Soviética era mala y que el mundo libre bajo la dirección de Estados Unidos era bueno, no obstante llegó a la conclusión de que un esfuerzo irrestricto para enterrar al totalitarismo encabezado por los soviéticos se había hecho inaceptablemente peligroso”,

Allison cita como ejemplo de “socios rivales” el Tratado de Chanyuan de 1005, que estableció el emperador Song de China con Liao, un reino manchuriano en la frontera norte de China, que consistía en un acuerdo para competir agresivamente en algunas áreas y cooperar al mismo tiempo intensamente en otras. El Tratado de Chanyuan exigía que Song pagase un tributo a Liao, quien a su vez acordó invertirlo en el desarrollo económico y científico en la China de Song. Para sostener esta “asociación de rivales” fue necesario hacer frente a crisis recurrentes, pero funcionó durante 120 años, y generó una forma incipiente de mercado, y estimuló a los grupos económicos de China para sostener el desarrollo de la educación y las artes en lo que los historiadores de China caracterizan como una “edad de oro”. Aunque Allison no lo dice, el Tratado de Chanyuan fue un precursor de la disposición del Tratado de Westfalia de “trabajar por el bien del otro”.

¿Pueden Estados Unidos y China hacer eso hoy? Ambos competirían en todas las esferas del desarrollo económico, pero ambas culturas entenderían que la competencia es un motor de progreso, dice Allison, y beneficia a la humanidad. En el ámbito militar, la rivalidad es principalmente suma cero, señala Allison, pero debido a que la tecnología “es también un motor clave del crecimiento económico y del PIB total, también financia y alimenta los avances en fortaleza militar”.

Allison menciona cinco áreas en las que ambas potencias no solo cosecharían beneficios mutuos: evitar la guerra general, específicamente la guerra nuclear; detener los medios para el mega terrorismo; contener las pandemias; gestionar las crisis financieras para evitar depresiones; y preservar una biosfera “en la que los ciudadanos puedan respirar”. Aquí se detiene la propuesta de Allison; no habla de grandes misiones en las fronteras de la ciencia, tal como la exploración espacial, la conquista de las enfermedades, o la eliminación de la pobreza en el mundo, en lo que las dos potencias podrían competir y cooperar, lo cual constituye el meollo de la propuesta de LaRouche para una Iniciativa de Defensa Estratégica y todas las demás propuestas de LaRouche para mantener la paz a través del desarrollo compartido.

Allison concluye en que: “Crear una gran estrategia que combine la competencia con la cooperación va a requerir un salto de imaginación estratégica tan grande que vaya más allá de la mentalidad convencional actual, como lo fue la estrategia de la Guerra Fría que surgió durante los cuatro años después del Telegrama Largo de Kennan desde el consenso de Washington en 1946. Pero esa empresa formidable se puede fundamentar en la reflexión sobre Kennedy y la Dinastía Song”.