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Las implicaciones estratégicas generales del Proyecto Luna-Marte

25 de julio de 2019
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El traje espacial de Neil Armstrong en el Museo Nacional del Aire y del Espacio, en Washington, DC, en honor del 50 aniversario de la Misión Apolo 11, el martes 16 de julio de 2019. (Foto oficial de la Casa Blanca por D. Myles Cullen).

24 de julio de 2019 — El mundo entero se ha visto envuelto en la ola de optimismo cultural con el recuerdo del alunizaje del Apolo 11 en la Luna hace 50 años, y reflexiona sobre las posibilidades de aplicar ese mismo enfoque Kennedyesco de “si se puede”, a las abrumadoras tareas que enfrenta la humanidad hoy día. Un obstáculo enorme en la vía de la necesaria cooperación internacional para dar el siguiente paso como especie espacial, es la campaña contra China que se fomenta desde los círculos dominantes del Reino Unido y de Estados Unidos.

El problema se hizo patente en la reciente conferencia espacial que se realizó en Zhuhai, China, la cual congregó a científicos prominentes de China, Rusia, India, Europa y otras naciones, pero ninguno de Estados Unidos, para hablar sobre un esfuerzo conjunto para construir una estación de investigación en la Luna. “Estados Unidos se pone la soga al cuello por no participar en esa cooperación internacional”, dijo Helga Zepp-LaRouche ayer. La campaña geopolítica británica que pone a China como un adversario y hasta como enemigo, como lo repite una declaración del Consejo Editorial del diario New York Times el domingo 21, es un “pensamiento erróneo” que tiene que acabar, y pronto, señaló.

Estamos en el amanecer de una nueva era de la civilización, en la cual la humanidad va a industrializar la Luna y a colonizar Marte. El anunció del Presidente Trump, en el sentido de que “vamos a ir” a la Luna en 2024, como escalón hacia Marte, lleva el espíritu correcto, pero carece de la política económica y científica específica que se requiere para cumplir realmente con esa misión. El visionario científico espacial, Krafft Ehricke, aportó precisamente eso, igual que el reconocido estadista Lyndon LaRouche, quien hace 30 años presentó el programa necesario para llevar a cabo ese proyecto.

Se puede afirmar científicamente, declaró Zepp-LaRouche, en una discusión con asociados, que por ese motivo la exoneración de LaRouche y el programa que la humanidad necesita son una y la misma cuestión.

“Yo pienso que lo más importante es que tengan un atisbo de qué tipo de espíritu humano es posible, una vez que la gente se concentre en las metas comunes de la humanidad, en el tremendo potencial creativo de la especia humana para superar toda limitación, como decía Krafft Ehricke, y como lo hizo Lyndon LaRouche en toda la obra de su vida dedicada a esta idea. Las dos cuestiones, la exploración espacial y la exoneración de LaRouche, son realmente la misma cosa.

“Porque en cuanto sea exonerado, habría una exploración y discusión de sus ideas. Todo estudiante, cada persona podría empezar a leer la obra de LaRouche de manera desprejuiciada. El potencial creativo que se desataría al hacer eso es enorme: sus conceptos en casi todos los campos del conocimiento son los más avanzados, y solo unas cuantas personas tienen una idea de lo que es el debate científico, por ejemplo, entre el concepto del universo riemaniano y el enfoque reduccionista deductivo.

“Una vez que haya una discusión inmediata sobre esto, sería como lo fue la introducción de Platón en el fermento fértil del Renacimiento italiano, a partir de lo cual Nicolás de Cusa fue el fundador del Estado nacional moderno y de la ciencia moderna.

“Las dos veces que Europa salió de una era de tinieblas, hacia un Renacimiento, siempre se remitieron a las ideas más altas que produjo la humanidad hasta ese momento, que quería decir que el Renacimiento italiano se remitió a los antiguos griegos clásicos; y el período clásico alemán se remitió a los antiguos griegos clásicos y al Renacimiento italiano, y naturalmente a Shakespeare también, que fue traducido al alemán en un momento en que era menos conocido incluso en Gran Bretaña.

“Hoy nos encontramos en una era de tinieblas. Y si queremos salir de esto, tenemos que liberar al mundo entero, académicos chinos, indios, rusos, para que vean el cuerpo de ideas de LaRouche del mismo modo en que la gente ve a Platón, a Cusa, a Leibniz y a Einstein. Esto es fundamental en especial ahora, por sus ideas sobre el universo relativista, que la gente tiene que considerar en cuanto empecemos con los viajes en el espacio. Cuando vayamos a Marte, no será por medio de la propulsión convencional, porque simplemente no lo podría soportar.

“Y cuando entramos a una idea relativista del universo, como la precondición para viajar de manera segura a Marte, y luego más allá, significa toda una revolución en el pensamiento del hombre, y es por eso que tenemos que hacer que toda la obra de LaRouche este disponible, sin prejuicios ni todas las calumnias a las que ha estado sujeta.

“Yo creo que el entusiasmo que ha generado este nuevo resurgimiento de la ‘fiebre lunar’ con el 50avo aniversario del Apolo 11, se tiene que juntar con la exoneración de LaRouche. Y nos debemos concentrar en la idea que planteó Buzz Aldrin, que ha sido el único que ha mencionado esto, que necesitamos una alianza espacial internacional unida para que todo esto suceda”.