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El nuevo sistema crediticio que especificó LaRouche para estas cuatro potencias

30 de julio de 2019
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Parte de la misión Chandrayaan-2 sale desde la segunda plataforma de lanzamiento SDSC SHAR, el 22 de julio de 2019 (Fuente: Organización India de Investigación Espacial).

30 de julio de 2019 — Es muy probable que para el 7 de septiembre, cuatro potencias espaciales habrán realizado el alunizaje suave de una nave espacial sobre la Luna. Estados Unidos, Rusia, China e India, cuyo módulo lunar Chandrayaan 2 está programado a alunizar en esa fecha en el polo sur lunar.

Estas cuatro naciones prominentes tienen la inspiradora responsabilidad de llevar a la humanidad más lejos en el sistema solar por medio del desarrollo de la Luna, y en el proceso lanzar una serie de revoluciones tecnológicas como lo hizo el Proyecto Apolo de hace 50 años. Tienen que hacerlo juntas, “en paz, por toda la humanidad”, y tendrán el vigoroso apoyo de las agencias espaciales de Japón y de Europa, JAXA y ESA respectivamente, y pueden integrar a las demás naciones. Tendrán que llevar a cabo un programa de urgencia como lo definió en su momento el Presidente John F. Kennedy, para sacarlo en una década más o menos, a los destinos que requieren cohetes, orbitadores, módulos de aterrizaje, fuentes de energía, y materiales que ni siquiera se han diseñado ni descubierto todavía en 2019.

El programa espacial de China, el más dinámico si no es el cuenta con cohetes más poderosos, ya coopera con el de Rusia, y en las semanas recientes ha reiterado públicamente su invitación a colaborar con los programas de India y de Estados Unidos. Para que Estados Unidos tenga éxito en cumplir con la orden del Presidente Trump para regresar a la Luna en 2024 y empezar desde ahí a trazar el rumbo a Marte, tiene que empezar a cooperar, y derogar la Enmienda Wolf de 2011 y cualquier otra barrera autoimpuesta que lo limite para colaborar con las demás potencias.

Podemos considerar: La misión de la NASA y de la ESA europea para retornar las muestras desde Marte en 2026, está planificada para durar cuatro años en su ruta hacia Marte y regresar, utilizando propulsión química y eléctrica de iones. Eso no funciona para la exploración humana; la misión a Marte requiere una propulsión de energía de fusión, la cual se supone que le faltan unos 20 a 30 años para estar operativa. El Presidente Vladimir Putin de Rusia exhortó el 9 de julio a llevar a cabo un programa de urgencia de colaboración internacional para desarrollar la energía de fusión, con el objetivo de realizar una revolución tecnológica y científica para toda la humanidad. India tiene decenas de empresas de alta tecnología que hacen componentes para el reactor experimental de fusión internacional, el “ITER”. El programa de investigación de China lleva la delantera en el mundo en el logro de las mayores temperaturas y presiones de fusión. China, Estados Unidos, y Rusia son importantes contribuyentes al proyecto ITER, e incluso Estados Unidos lo ha hecho a costas de sacrificar sus programas de fusión internos, algo que en realidad debe cesar. Las décadas, se pueden convertir en un plazo de 5 a 10 años si hay colaboración eficaz.

Estas cuatro naciones pueden dar la pauta. Y pueden dar la pauta, como están ahora, en la utilización de la energía nuclear para generar electricidad y desarrollar las próximas generaciones de reactores de fisión nuclear para los países avanzados y los países en desarrollo.

De este modo el economista y estadista Lyndon LaRouche especificó, desde principios de la década de 1990, que Estados Unidos, China, Rusia e India, deben tomar la delantera para iniciar un nuevo sistema de crédito internacional, de regulación bancaria y monetaria, o sea, un nuevo Bretton Woods. Sin dejarse engañar con esos dispositivos retrógrados “verdes” de baja energía, su dirigencia conoce las tecnologías de frontera, desde los láseres hasta la levitación magnética y la fusión, lo cual exige avances revolucionarios y su proliferación.

LaRouche planteó los principios. Mediante la separación de su sistema bancario de la especulación (el principio de la Ley Glass-Steagall de Franklin Roosevelt en Estados Unidos) y con los métodos de Alexander Hamilton para generar crédito, esas cuatro potencias pueden ofrecer al mundo un sistema para exportar las nuevas tecnologías, en la forma de bienes de capital, a los países en desarrollo.

De este modo se elevarán los niveles de vida y la productividad, para que millones de personas alcen su vista a la Luna y al sistema solar, a donde van los “Proyectos Apolo” de hoy día.