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La “Rebelión a la extinción”, es el fascismo verde británico para destruir a la civilización industrial

1 de agosto de 2019
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Un grupo de jóvenes del XR (Rebelión a la extinción) tirados en el suelo simulando la muerte, en Amsterdam el pasado 18 de abril (Foto: Extinction Rebellion NL/Catharina Gerritsen) Attribution 2.0 Generic (CC BY 2.0).

1 de agosto de 2019 — La mentada “Rebelión a la extinción”, conocida en los medios noticiosos europeos como la “XR”, es un engendro de Gran Bretaña desde el octubre pasado y se ha extendido rápidamente por varios países de Europa y por Estados Unidos, y no se debe tomar a la ligera como si fuera únicamente una locura sicótica, aunque lo es también. El objetivo no se esconde: la destrucción de la civilización industrial moderna. La declaración fundadora, que publicó el diario londinense The Guardian el 26 de octubre de 2018, firmada por 94 académicos, políticos y activistas, declara que los gobiernos son culpables de “no reconocer que el crecimiento económico infinito en un planeta con recursos finitos no es viable”. Esta mentira fundamental, de que vivimos en un mundo de recursos escasos, fue refutada por Lyndon LaRouche en su libro de 1983, No hay límites al crecimiento. Con base a esa falsedad, la declaración del XR concluyen en que: “es por lo tanto no solo nuestro derecho, sino nuestro deber moral pasar por encima de la inacción y flagrante incumplimiento del deber del gobierno, y rebelarnos para defender la vida misma”.

Los autores del manifiesto fueron el doctor Alison Green, un psicólogo de la Universidad Arden de Inglaterra, y Molly Scott Cato, miembro británica del Parlamento Europeo, del Partido Verde británico, que no solo son adversarios rabiosos del carbón sino también de la energía nuclear, lo cual viene a demostrar que la intención del XR no es solo contra el carbón, sino contra la industria y la ciencia. Entre los firmanes se cuenta el ex arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, quien motiva a los niños a que falten a clases para salir a la “cruzada de los niños”, para exigir la desindustrialización. Gran parte de los firmantes son psiquiatras, y para sorpresa de nadie, el XR se jacta de tomar como modelo al “Comité de los 100”, el movimiento de desobediencia civil de Bertrand Russell de la década de 1960. Russell, a quien Lyndon LaRouche caracterizó como “el hombre más malvado del siglo 20!, fue quien indicó que la “psicología de masas” es la herramienta más importante de la política: “Su importancia ha crecido enormemente con el crecimiento de los métodos modernos de propaganda”, escribió Russell en su libro de 1952, El impacto de la ciencia en la sociedad. “De estos [métodos modernos] el más influyente es el que se llama ‘educación’. La religión juega su parte, aunque cada vez menor; la prensa, el cine y la radio juegan una parte cada vez mayor. Lo que es esencial en la psicología de masas es el arte de la persuasión. Si comparan un discurso de Hitler con un discurso de, (digamos), Edmund Burke, verán los avances que se han hecho en el arte desde el siglo 18. Lo que salió mal antes es porque la gente había leído en los libros que el hombre es un animal racional, y armaba sus argumentos en base a esta hipótesis... Se puede esperar que en su momento, cualquiera podrá persuadir a cualquier de cualquier cosa si puede capturar al paciente joven y si el Estado le proporciona dinero y equipo”.

El XR está cerrando calles al tránsito de vehículos y pintarrajeando monumentos, pero se puede esperar que en cualquier momento empiecen con ataques terroristas contra las plantas de energía y fábricas que generan CO2. Aunque sus camisas son verdes y no marrón, son fascistas. Forman la avanzada del movimiento que actualmente está destruyendo a Alemania, la nación industrial por excelencia en Europa. Uno de los oradores en la conferencia del XR de cinco días que se está llevando a cabo en Dortmund, es Christoph Schmidt, quien ha sido el principal asesor económico de la Canciller Angela Merkel durante los últimos diez años, en los que el gobierno alemán comenzó a desmantelar las plantas de energía nuclear y el cierre de todas las plantas termoeléctricas que utilizan carbón, con el supuesto de que podrán sobrevivir únicamente con molinos de viento y paneles de energía solar. El movimiento XR internacional tiene como blanco también a Estados Unidos, y por ahora está concentrado en intervenir en la Cumbre de Acción Climática de la ONU que se llevará a cabo en Nueva York en septiembre próximo.

Hay que parar en seco a este movimiento demoniaco, lo cual solo se logrará con éxito si las poblaciones del mundo tienen las herramientas para romper con la guerra sicológica y cultural. Nunca ha sido la oportunidad para hacerlo tan grande como lo es hoy día, como resultado del entusiasmo y del optimismo que se ha despertado con la celebración del 50 aniversario del alunizaje del Apolo 11 en la Luna, junto con el anuncio del proyecto Artemisa Luna-Marte que hicieron el Presidente Donald Trump y el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, para regresar a la Luna en 2024, para quedarse a construir la capacidad industrial y científica para establecer la base humana para viajar a Marte y más allá. El “Llamado del Instituto Schiller a los ciudadanos del mundo: nos comprometemos con la misión Luna-Marte”, tiene el propósito de proporcionar esa chispa de creatividad y optimismo, en especial en los jóvenes, a quienes se les ha negado esa visión de futuro desde el asesinato de John Kennedy, de la guerra en Indochina, y la persecución a Lyndon LaRouche. La exoneración de LaRouche puede hoy, y debe, despertar a los patriotas y ciudadanos del mundo a la realidad de las décadas perdidas desde que se suprimieron sus ideas, a manos de las mismas fuerzas imperiales británicas que instigaron el conato de golpe contra el Presidente Trump.