Renunció directora para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado; por enfrentamientos con la pandilla de Bolton por la política para Iberoamérica

9 de agosto de 2019

9 de agosto de 2019 — Kimberly Breier, secretaria adjunta del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental, renunció a su cargo, aduciendo “razones personales”. Una explicación más posible es que se separó del cargo como resultado de las peleas faccionales al interior de la Casa Blanca, en donde el Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton y sus aliados neoconservadores están dirigiendo la política sobre Iberoamérica, pasando por encima de Breier a cada rato.

Breier no tenía ningún problema con el cambio de régimen en Venezuela. De hecho, poco tiempo después de que Juan Guaidó se declaró supuesto “presidente interino” en enero de este año, ella acompañó a Guaidó en una gira por varios países de Iberoamérica, para presentarlo como el presidente “legítimo”.

Sin embargo, trascendió que ella tuvo enfrentamientos con los funcionarios de línea dura de la Casa Blanca, del Consejo de Seguridad Nacional (CSN) y del Congreso, que querían endurecer la política hacia Iberoamérica, en especial en asuntos de migración. Breier fue la funcionaria del Departamento de Estado encargada de lidiar con la migración que entra a Estados Unidos desde México, y estuvo muy involucrada en las negociaciones con México a comienzos de junio para forjar un acuerdo y evitar la imposición de los aranceles de Estados Unidos a las importaciones mexicanas.

Cuando el criminal del Irán-Contra, Elliott Abrams, fue nombrado enviado especial para Venezuela, se conoció que hicieron a un lado a Breier. Además ella apartó al halcón contra Venezuela, el senador Marco Rubio (republicano por Florida) al rehusarse a testificar ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado sobre la política para Centroamérica.

Según el diario The Washington Post, el asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, recientemente le envió un correo electrónico a Breier amonestándola, increpándole que era su trabajo “defender” la política del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos de obligar a Guatemala a aceptar su designación como un “tercer país seguro”. Esto quiere decir que Guatemala debe ofrecer asilo a los inmigrantes que lo pidan cuando viajen por el país hacia el norte. A quienes Estados Unidos no les de asilo, tendrán que regresarse a Guatemala (no a su país de origen) y esta nación tendrá que hacerse responsable de ellos, un peso financiero gigante para un país pobre.