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Alto a la “revolución de color” en Hong Kong, planificada desde Londres

15 de agosto de 2019
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La turba de manifestantes de Hong Kong agredieron el aeropuerto internacional y lo paralizaron. Foto del lunes 12 de agosto de 2019. (Studio Incendo/Flickr/CC BY 2.0).

14 de agosto de 2019 — La celebración del 50vo aniversario del primer alunizaje del hombre en la Luna, el pasado 20 de julio, sirvió como un poderoso recordatorio a la humanidad entera, a todos los 7,500 millones que somos, de que nuestra especie tiene una manera de progresar, basada en la cooperación pacífica entre todas las naciones para lograr los avances tecnológicos necesarios para regresar al espacio, y para resolver los problemas de la pobreza, el colapso financiero, y la decadencia cultural aquí en la Tierra. Nos recordó que no hay necesidad de tolerar la política del imperio británico de genocidio maltusiano y de pesimismo inducido, que hoy en día se enmascara en la forma de un movimiento ambientalista radicalmente “verde” que pide esa despoblación con absoluto descaro.

Y para cualquiera que vea con cuidado, y con un concepto sobre la historia del último medio siglo, el aniversario del Apolo 11 demuestra también que Lyndon LaRouche estuvo correcto todo el tiempo en su concepto de un programa de urgencia para la exploración espacial con base en la energía de fusión, así como en su llamado para crear una alianza de las Cuatro Potencias, Estados Unidos, China, Rusia e India, para destruir al imperio británico y tomar la iniciativa para sacar a todas las naciones de la crisis actual.

Esa alianza de las cuatro potencias es la única manera de evitar los dos peligros gemelos de una desintegración financiera mundial, y una confrontación estratégica entre Estados Unidos y China, y Estados Unidos y Rusia, lo cual los británicos tratan de desatar. Estos peligros están ya en el orden del día que tiene el planeta en lo inmediato.

Uno de los lugares en conflicto más peligrosos es Hong Kong, en donde los británicos han lanzado una “revolución de color” a toda escala, diseñada para desestabilizar al propio Hong Kong, pero también para forzar al gobierno chino a intervenir militarmente, como han dicho que lo harían si se ven obligados, ya que después de todo, Hong Kong es parte de China y no una nación soberana aparte. Desde ahí, habría un solo breve paso para provocar algún tipo de evidencia fatal, posiblemente una “tercera fuerza” bajo control de los servicios de inteligencia extranjeros que ya operan ahí, para ondear una camisa ensangrentada.

Vale la pena recordar que China y Rusia han caracterizado de modo explícito a esas “revoluciones de color” como una forma de guerra moderna.

El gobierno chino y los medios noticiosos semioficiales han expresado también explícitamente que ven las manos extranjeras detrás de la desestabilización en Hong Kong, tanto de los británicos, que es la potencia colonial histórica en Hong Kong, como los elementos anglófilos instalados en el gobierno de Trump, tales como el Departamento de Estado de Mike Pompeo y las piezas del Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, y por supuesto los desquiciados miembros del Congreso. El Presidente Trump ha sido mucho más mesurado, quien ha declarado que entiende el apuro en el que se encuentra el gobierno chino, como lo ha dicho, “pero estoy seguro de que lo va a resolver. Espero que se resuelva para todos, incluso para China, por cierto”.

El pasado lunes 12, el diario chino en inglés China Daily, por ejemplo, publicó un artículo en donde destaca el papel histórico de los británicos, para recordarle a todo el mundo que “luego de masacrar a miles en las Guerras del Opio, los británicos inundaron al país con las drogas, para matar a un sinnúmero de personas más”. Asimismo, el diario recuerda a sus lectores: “No nos olvidemos de los millones de indios asesinados en la hambruna de Bengala impuesta bajo el dominio británico”.

No obstante, la provocación británica en Hong Kong, con todo y lo peligrosa que es, es solo una de las tantas desestabilizaciones que han desatado con su “estrategia de tensión” en el mundo, como se puede ver en:

** La crisis en Cachemira, en donde nuevamente India y Pakistán han llegado al punto de la guerra por el territorio en disputa. China ve también su soberanía nacional amenazada por la revocación unilateral de India a la autonomía de Cachemira, así que ahí tenemos a tres potencias nucleares, India, Pakistán y China, en una posible trayectoria de colisión que podría desatar incluso una guerra nuclear regional. El servicio de noticias chino, Xinhua, también ha señalado correctamente que, “cuando el subcontinente del sur de Asia obtuvo su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, los colonialistas británicos dejaron detrás al Plan de Mountbatten y una región dividida, que es la causa y origen de la turbulencia y la violencia”.

** El intento de golpe de Estado aún en marcha en contra del Presidente Donald Trump, a quien la Cámara de los Lores británica ha identificado explícitamente como una amenaza a la continuidad de su dominio sobre el mundo. Parte de ese golpe en marcha es la actual “estrategia de tensión” en sentido más amplio, en el propio Estados Unidos, en la forma de los asesinatos en masa, orientados cada vez más por una ideología maltusiana “verde”.

** La guerra económica y otras formas de desestabilización diversas en contra de Rusia, Irán, Venezuela, y por supuesto contra China.

Ninguno de esos planes sirve realmente a los intereses de Estados Unidos. Su denominador común es el propósito de extender el viejo paradigma de pesimismo, guerra, y especulación económica y saqueo. Están diseñados para continuar con el intento del imperio británico para impedir que una alianza de las Cuatro Potencias sustituya a su sistema en bancarrota con uno basado en el avance científico, el desarrollo económico mundial, y la cooperación internacional entre los Estados nacionales soberanos. Esto, y nada menos que eso, es el verdadero interés nacional de Estados Unidos: el bien común de toda la humanidad.

Lyndon LaRouche, como ven, estuvo correcto siempre.