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A derrotar el ataque del Banco de Inglaterra contra el dólar, sin guerra comercial

3 de septiembre de 2019
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El Presidente Donald J. Trump conversa con los periodistas en el Jardín Sur de la Casa Blanca, el viernes 30 de agosto de 2019, antes de abordar el avión presidencial "Marine One" hacia Camp David cerca de Thurmont, Md. (Foto oficial de la Casa Blanca por Joyce N. Boghosian).

3 de septiembre de 2019 — El dólar está sobrevaluado. El Presidente Donald Trump lo sabe claramente y está molesto por ello, en particular con relación a la moneda china, el yuan. Pero el Presidente le está haciendo el juego directamente a los bancos centrales de Europa en su pretendido “cambio de régimen”, cuando le exige a la Reserva Federal que les copie sus tasas de interés negativas. Ellos suprimen la inversión productiva y fomentan la especulación desbocada de la City de Londres y de Wall Street. Lo que no reconoce es el por qué el dólar está demasiado fuerte.

Hay un volumen inmenso de $5.5 billones de dólares diarios en especulación monetaria descontrolada y sin regulación, que ha crecido desde el 2004 cuando ya la cifra era de $2 billones de dólares diarios, y todas esas transacciones de compra venta de divisas está prácticamente divorciada del comercio real. Luego con el incompetente programa de tasas de interés negativas de los bancos centrales, que hace que las tasas de interés de los certificados del Tesoro de EU, que están en un mínimo récord, se vean altas en comparación.

La sobrevaluación del dólar se destaca con el hecho de que la productividad laboral en China, según las mediciones estándar, ha venido creciendo más del doble que la de Estados Unidos por casi 30 años. Esto debería de haber fortalecido el valor del yuan de manera continua frente al dólar. Esto es así para la simple productividad laboral (la tasa de crecimiento promedio de 6.5% al año en China, frente al 2.6% al año en Estados Unidos, desde 1992) y también para el factor total de productividad, que intenta medir el impacto del avance tecnológico en el crecimiento de la industria y en la construcción de nueva infraestructura económica (en China la tasa de crecimiento promedio es de 3.16% al año, y en Estados Unidos es de 1.6% al año).

Este gran crecimiento de la productividad en China no es de sorprender, dado que en las últimas décadas China ha mantenido grandes inversiones de manera continua en nueva infraestructura de tecnología de punta, y en las innovaciones y avances necesarios para construirla.

Se puede ilustrar la misma sobrevaluación con otra comparación básica. El ingreso promedio per cápita de una persona en Estados Unidos es casi dos veces y media la de una persona en China. Pero si la persona en Estados Unidos fuese a recibir de algún modo ese ingreso promedio en yuanes chinos, al tipo de cambio reciente entre las dos monedas, y lo fuese a gastar viviendo en China, su “capacidad de compra local” para una canasta de mercado de las necesidades vitales sería, no de dos y media veces, sino de apenas un poco menos del doble que el del asalariado promedio chino, de acuerdo a la firma CEIC Data de Hong Kong, de la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OCED) y otros organismos cuyos estudios sobre el poder de compra en esos países coinciden.

Estas comparaciones sugieren que la especulación descontrolada ha llevado el valor del dólar demasiado alto.

Pero Estados Unidos y China podrían llegar a un acuerdo en cualquier momento para establecer un tipo de cambio fijo entre sus monedas, con una revaloración del yuan chino, y con la eliminación de todos los aranceles que están previstos y los que se han aumentado en los últimos 18 meses. Se podría mantener el nuevo tipo de cambio entre sus monedas de manera estable aplicando un control de cambios para detener los flujos especulativos de entrada y salida de la moneda.

Y ambas naciones podrían establecer una separación bancaria estricta a la Glass-Steagall, para separar la banca comercial y de préstamos, de las operaciones especulativas en derivados financieros y demás apuestas que hace la mentada “banca de inversión”, con todos sus fondos disfrazados de bancos. Esa especulación presiona tremendamente no solo al tipo de cambio, sino a las tasas de interés. Y desde el 2006, esta especulación ha seguido la pauta de los bancos centrales europeos.

China tiene una legislación tipo Glass-Steagall de separación bancaria desde 1994, pero los reglamentos se han flexibilizado y se tienen que restablecer plenamente. El Congreso de Estados Unidos tiene encarpetada la discusión de varios proyectos para restaurar la Ley Glass-Steagall, lo cual requiere del apoyo del Presidente para que se mueva. Como candidato presidencial, Donald Trump propuso en el 2016 “reventar la ‘gigantesca burbuja de Wall Street’ ” y “promulgar una versión de la Glass-Steagall del siglo 20”.

Un acuerdo entre Estados Unidos y China para establecer tipos de cambio fijos entre sus monedas y una separación de la banca especulativa de la banca comercial —si se hace con la intención mutua de darle marcha atrás a la guerra comercial que por ahora va de mal en peor— aumentaría la capacidad y el incentivo de China a invertir parte de sus reservas en moneda extranjera junto con los inversionistas de Estados Unidos, en una institución nacional de crédito estadounidense para producir la nueva infraestructura económica en Estados Unidos. Estos son dos de los principios básicos que planteó Lyndon LaRouche en el 2014 como “Las cuatro leyes para salvar a EUA. No es una opción, sino una necesidad inmediata” (EIR, 13 de junio de 2014). Estos dos principios son el restablecimiento de la Glass-Steagall y la creación de instituciones de banca nacional hamiltonianas para invertir en la infraestructura y en las manufacturas.

Un acuerdo entre Estados Unidos y China invitaría de manera efectiva a otras potencias económicas y tecnológicas a unirse en un nuevo sistema internacional de tipos de cambio fijo para sustituir al flujo especulativo de divisas por inversiones en nuevas tecnologías y bienes de capital, en particular en los países en desarrollo.