En marcha el cambio de régimen financiero transatlántico. El Banco de Pagos Internacionales inició la impresión de dinero verde para los bancos centrales

3 de octubre de 2019

2 de octubre de 2019 — La firma de Wall Street “BlackRock LLP” (que cuenta entre sus ejecutivos a muchos ex funcionarios de la banca central) presentó en la reunión patrocinada por la Reserva Federal en Jackson Hole, Wyoming, en agosto pasado, una propuesta “impactante”. Según esta, ya es hora de que los bancos centrales tomen en sus manos la política fiscal, el control del gasto público o los fondos públicos de los gobiernos. A esta propuesta la calificaron de “cambio de régimen”. Según el plan de BlackRock, esto se debe hacer simplemente mediante el recurso de imprimir dinero y hacer que un “comité de expertos” le diga a los gobiernos y otras instituciones cómo gastar ese dinero. Quien fue más allá todavía en esta propuesta toma del poder, fue el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien hizo la propuesta “más impactante” aún, de sustituir el dólar con una moneda digital global controlada por los bancos centrales. De este modo, fácilmente el Banco Central imprime dinero para todos.

En las seis semanas que van desde entonces, los bancos privados más grandes del mundo, y los bancos centrales encabezados por Carney, han dejado en claro de manera explícita que este “cambio de régimen” se va a utilizar para forzar las inversiones “verdes” y para matar cualquier inversión relacionada con los combustibles fósiles (“carbón”), ya sea en África, Sudamérica o Asia, en donde esta medida causará la muerte prematura de varios millones de personas.

Los agentes verdes captaron el mensaje de inmediato. El senador Bernie Sanders y otros seguidores propusieron que los varios billones de dólares que quieren para su mentado “Nuevo Trato Verde”, los imprima nuevecitos la Reserva Federal de Estados Unidos, y listo.

Pero la medida de mayor peso en la dirección del “cambio de régimen” la anunció el lunes 30 de septiembre el Banco de Pagos Internacionales (BPI), con sede en Basilea, Suiza, conocido como el “banco central de los bancos centrales”. El boletín de prensa del BPI donde hace el anuncio, señala que ha “iniciado un fondo indefinido para las inversiones de la banca central en bonos verdes. En respuesta a la creciente demanda de inversiones benéficas al clima entre las instituciones oficiales, la iniciativa del fondo de bonos verdes del BPI ayuda a la banca central a incorporar los objetivos de la sustentabilidad ambiental en la administración de sus reservases”.

Para traducirlo al lenguaje llano: ¿Cómo es que la banca central consigue esas reservas para administrar? Pues imprimen dinero, o en los términos bancarios, lo “crean”.

El boletín del BPI dice más todavía: “Con el apoyo de un comité asesor escogido de un grupo global de los bancos centrales, el fondo agrupa los activos de los clientes del BPI [explicación: “clientes del BPI” son bancos centrales] para promover las finanzas verdes a través de inversiones considerables benéficas al ambiente y para respaldar la adopción de mejores prácticas de mercado para profundizar el mercado de bonos verdes...

“La iniciativa es parte del compromiso más general del BPI para respaldar las finanzas y prácticas de inversión que sean ambientalmente responsables, en línea con la participación del BPI en la Red de Bancos Centrales y Supervisores para el Reverdecimiento del Sistema Financiero. El Jefe del Departamento Bancario del BPI, Peter Zoller, comentó que con esta iniciativa “Estamos confiados en que, al agregar el poder de inversión de la banca central, podemos influir en el comportamiento de los participantes en el mercado y lograr algún impacto en el desarrollo de las normas de inversión verde’ ”.

Esta declaración indica no solo que está en marcha “el cambio de régimen” en el sistema financiero transatlántico, sino que la declaración de Carney en el espectáculo de la ONU con Greta está plenamente vigente, con el fin de reducir ya toda inversión en la producción industrial o agropecuaria moderna.