La investigación sobre los orígenes del Rusiagate va al fondo del “Estado profundo”

29 de octubre de 2019

29 de octubre de 2019 — La investigación que conduce el Fiscal General de EU, William Barr, y el fiscal federal John Durham, sobre los orígenes del “Rusiagate” dejó de ser la semana pasada una “revisión administrativa” para pasar a ser una “investigación penal”. El cambio tiene implicaciones profundas para los que estuvieron involucrados desde el principio en la ejecución de un golpe de Estado contra el Presidente Donald Trump. De hecho, Durnham tiene ahora la facultad para expedir órdenes judiciales para obtener todos los documentos que juzgue conveniente y de instalar un Gran Jurado para imponer acusaciones penales. Según el noticiero de la cadena ABC News, Durham está investigando las actividades del ex director de la CIA, John Brennan, y del Director de Inteligencia Nacional (DNI, en sus siglas en inglés) de Obama, James Clapper, quienes jugaron un papel central para crear la operación de cambio de régimen contra Trump.

En anticipación de los problemas que esto le pudiera ocasionar, Clapper exhibió el comportamiento de una rata acorralada. En una entrevista que le hizo CNN el 7 de octubre, dijo que él había investigado la “interferencia rusa” por órdenes del Comandante en Jefe, es decir, el Presidente Barack Obama, y que solo hizo lo que Obama “le dijo que hiciera”. En otras palabras, Clapper está listo para echarle el muertito al Presidente. Luego recalcó su línea de defensa, cuando dijo que “resulta desconcertante… ser investigado por haber hecho nuestro deber y haber hecho lo que nos dijo el Presidente que hiciéramos”. Quizás el ex DNI nunca consideró que los criminales de guerra nazi no escaparon de su culpa alegando que “solo seguíamos órdenes”. Es posible que Obama no esté muy contento con la declaración de Clapper.

En realidad, James Clapper debió haber sido condenado varios años atrás, por mentir bajo juramento en una audiencia en el Congreso, cuando dijo que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en sus siglas en inglés) no espiaba a los ciudadanos estadounidenses, y que no había ningún programa de vigilancia en masa, ni se recopilaba información de los ciudadanos estadounidenses. Cuando se retractó de ese comentario, dijo que no había mentido, sino que se había “expresado mal”. Si sale con esas “malas expresiones” frente un Gran Jurado de Durham, le espera una larga temporada en la cárcel.

En cuanto a John Brennan, el ex analista de la CIA, Larry Johnson, escribió en el portal electrónico Sic Semper Tyrannis (que publican varios ex operativos de inteligencia) que un funcionario de inteligencia le comentó que Brennan organizó en la CIA un “equipo especial para agarrar a Trump” a principios de 2016, con el respaldo de Clapper. La misma fuente le dijo a Johnson que Brennan incluyó en ese equipo especial a agentes del MI6 británico, así como a espías australianos, italianos e israelíes, en un plan para espiar a Trump y a su campaña electoral. La fuente dijo que esa es la red que también entrampó al general retirado Michael Flynn (el candidato de Trump para fungir como Asesor de Seguridad Nacional) y a George Papadopoulos, un colaborador de la campaña de Trump.

El caso de Flynn pronto se volverá realmente explosivo, ya que su abogada Honey Sidney Powell, consiguió documentos que confirman la conducta ilegal del FBI, como por ejemplo el informe de la entrevista en donde interrogaron a Flynn, que la cambiaron para dar la apariencia de que había mentido. En esa red participó la abogada del FBI, Lisa Page, y su amante, el agente especial del FBI Peter Strzok; ambos figuran de manera prominente en la investigación del inspector general del Departamento de Justicia, Horowitz, sobre la conducta ilegal del FBI cuando solicitaron autorización oficial para espiar al funcionario de la campaña de Trump, Carter Page.