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La ofensiva por la paz de Trump y Rusia exige una movilización total contra el partido bélico y su intento de golpe en EU

12 de diciembre de 2019
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El Presidente Donald J. Trump escucha al senador Ted Cruz quien participó en una mesa redonda para informar a las familias sobre las opciones en educación, el lunes 9 de diciembre de 2019, en el Salón del Gabinete de la Casa Blanca. (Foto oficial de la Casa Blanca por Tia Dufour).

11 de diciembre de 2019 — En medio del espectáculo que están dando los demócratas desquiciados en el Congreso de Estados Unidos para anunciar la acusación formal para hacer un juicio político al Presidente Trump este martes 11 —un proceso de juicio político en el cual la patética vocera de la Cámara de Representantes Nancy Pelosy, dice que “todos los caminos conducen a Putin”— el Presidente Trump se reunió con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, en la Casa Blanca; una reunión que Trump caracterizó de “muy buena”. Después de la reunión, Lavrov habló con los periodistas y les dijo: “en cuanto toca a las relaciones con Rusia, no tenemos ningún motivo de duda de que el Presidente Donald Trump comprende sinceramente los beneficios de unas buenas relaciones ruso-estadounidenses para los negocios estadounidenses, para Estados Unidos en general y para la situación global”.

¿Quién gobierna Estados Unidos? ¿Los lunáticos dirigen el manicomio? El profesor de derecho constitucional, Alan Dershowitz, demócrata por cierto, le dijo a la cadena Fox News el 8 de diciembre que “el abuso de poder” ni siquiera se acerca al criterio constitucional para un juicio político (delitos graves y faltas menores, soborno o traición). Todos los Presidentes en la historia de Estados Unidos han sido acusados por la oposición de “abuso de poder”. Pero convertir el juicio político, en un arma política por parte de una mayoría partidista, algo de lo que advirtieron los forjadores de la Constitución (en particular Hamilton y Madison) —advierte Dershowitz— lleva a Estados Unidos de regreso a un sistema británico de gobierno, en el cual “el primer ministro sirve a la voluntad del parlamento”. Un simple voto de no confianza y el dirigente queda depuesto. “Eso es exactamente con lo que no quisimos facultar al Congreso para que hiciera en Estados Unidos”, declaró Dershowitz.

Lo que está en juego son las alternativas de una guerra y una depresión económica, o la paz y el desarrollo. Nancy Pelosi reconoció que sabía —cuando era también vocera de la Cámara de Representantes durante el gobierno de George Bush, y tenía acceso a los informes de inteligencia oficiales— que George Bush sabía que no había armas de destrucción masiva en Iraq cuando lanzó su guerra genocida, una guerra que correctamente Trump ha calificado como “el peor error cometido nunca en la historia de nuestro país”, y aún así insistió la Pelosi que no permitiría el juicio político a Bush. Ahora que el Presidente Trump está colaborando con el Presidente Zelenzky de Ucrania para evitar una guerra con Rusia, la Pelosi convierte eso en un acto que merece el enjuiciamiento político. En el caso de China, la histeria es aún peor, cuando el Congreso de Estados Unidos llega al límite de la soberbia y el desvarío de promulgar leyes para castigar a China por supuestas violaciones a los “derechos humanos” en Hong Kong y en Xinjiang, en un acto que viola la soberanía de China y todo el derecho internacional. Como lo señaló un participante en un foro sobre derechos humanos en Pekín ayer, luego que Estados Unidos invadió Iraq, Libia, Siria y otros países musulmanes, ocasionando millones de muertes, y dejando a las poblaciones de esos países en manos de pandillas terroristas, ¿puede alguien creer realmente que les preocupan los derechos humanos de los musulmanes en Xinjiang?

Pero el trasfondo que no se puede perder de vista es el proceso de implosión que está en marcha en todo el sistema bancario transatlántico, y para tratar de impedirlo la Reserva Federal inyecta miles de millones de dólares al sistema todas las noches, y todo como preparativo para reanudar a escala total el proceso de imprimir directamente el dinero mediante la mentada “emisión cuantitativa”, lo cual no será suficiente en este caso para evitar el colapso como hicieron después de 2008. Los banqueros de Wall Street que son “dueños” de la mayoría de los miembros del Congreso y de la prensa corporativa, están desesperados por impedir la posible respuesta de Trump al próximo crac venidero, es decir, que cumpla con su promesa de campaña de restaurar la Ley Glass-Steagall de Franklin Roosevelt, para impedir que la quiebra de los especuladores se convierta en la quiebra de las familias, y para retornar a un sistema crediticio hamiltoniano.

Logrando eso, Estados Unidos, Rusia y China pueden dedicarse a lo verdaderamente prioritario para la especie humana, congregar al mundo entero en torno al espíritu de la Nueva Ruta de la Seda, el nuevo paradigma libre de la geopolítica, de las maniobras imperiales, y de ahí a la Luna y a Marte.