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El informe Horowitz: Desmontando el imperio desde arriba

14 de diciembre de 2019
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Captura de pantalla de la audiencia en el Senado, miércoles 11 de diciembre de 2019. (CSPAN).

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14 de diciembre de 2019 — El miércoles 11 de diciembre se llevó a cabo una audiencia que hará historia en la Comisión Judicial del Senado, en la cual el inspector general del Departamento de Justicia (DJ) respondió a las preguntas sobre su informe sobre la brutal conducta dolosa del FBI y del DJ en la en la campaña internacional para impedir la elección de Donald Trump y luego para sacarlo del cargo, un intento de golpe que ha estado en curso desde la elección de noviembre de 2016. Y luego hoy, el Partido Demócrata en la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes avanzó en ese intento de golpe con la acusación formal para un juicio político, el cual si se acepta y se lleva a cabo en el Senado, convertirá a la República Constitucional de Estados Unidos en un sistema parlamentario británico, en donde el Presidente será una figura decorativa al servicio y placer del Senado, que podrá ser depuesto solo por disputas de estilo o agenda del día. Estados Unidos quedaría formalmente bajo el control, como los parlamentos europeos, de una oligarquía financiera con sede en la City de Londres y los bancos centrales, una entidad imperial moderna administrada por académicos, tecnócratas y mandarines profesionales, como todos los imperios en la historia.

La herramienta para dicho control es como el Hermano Mayor de la novela de George Orwell, 1984, la vigilancia masiva, el control absoluto de la opinión popular y la inducción de la ignorancia sectaria y diferencias políticas basadas esencialmente en el fanatismo de cualquier extremo.

A pesar de la enorme campaña mediática de mentiras, antes y después de la presentación del informe Horowitz, y a pesar del tipo de lenguaje sibilino que escogió para su redacción para presentar sus resultados, el informe constituye una revelación devastadora del brutal abuso de poder por parte del Departamento de Justica y del FBI del gobierno de Obama. En la página electrónica de LaRouche PAC, en inglés, pueden ver el discurso inicial del senador Lindsey Graham, presidente de la Comisión Judicial del Senado, en la apertura del testimonio de Horowitz. Ahí mismo pueden ver el video de las intervenciones de los senadores Chuck Grassley, John Cornyn, Mike Lee y Ted Cruz quienes interrogaron implacablemente a Horowitz. Ahí se pueden dar cuenta de la magnitud de todo esto.

El informe de Horowitz muestra que el DJ y el FBI solicitaron la autorización del tribunal FISA (siglas en inglés de la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Foranea) para vigilar en secreto a Carter Page, mediante mentiras y ocultaciones fraudulentas al tribunal FISA, y a la ciudadanía en general. Aquí nos vamos a centrar en dos de esos fraudes que descubre el informe de Horowitz. Lo primero es que el FBI sabía que el expediente que preparó Christopher Steelee (el expediente obsceno que preparó el MI6 británico sobre Donald Trump, y que fue pagado por la campaña de Hillary Clinton y que fue prácticamente la única fuente sobre la cual se sustentaron los alegatos de que Trump era un agente de Putin y un traidor) era un fraude total, cuando menos desde enero de 2017. Para esa fecha el FBI entrevistó al tipo que dice Christopher Steele que fue su principal fuente de toda esta farsa, un ruso que recabó todo lo demás para preparar el expediente, y este tipo le dijo al FBI que el expediente de Steele consiste en su totalidad de chismes escuchados en el bar compartiendo una cerveza y otros rumores del mismo tipo.

Pero el FBI quería espiar oficialmente a la campaña de Trump, así que necesitaban una autorización para espiar cuando menos a uno de los voluntarios de la campaña. Como lo señaló Bill Binney, miembro fundador del VIPS (Veteranos Profesionales de la Inteligencia por la Cordura), con una autorización de FISA para espiar a una persona, se abre la puerta para entrar a todo el equipo de campaña. Escogieron a Carter Page par la autorización del tribunal FISA, luego de que Christopher Steele les mintió diciendo que Page era el mandadero de Paul Manafort (director de la campaña) para las relaciones entre el gobierno ruso y la campaña de Trump. Pero ahí sí que metieron la pata, porque resulta que Carter Page no solo no era un peón de los rusos, como decía Steele, sino que en realidad era una fuente operacional para la CIA, y Page informaba a la agencia sobre sus contactos con los rusos. Cuando el FBI, el DJ y el propio Christopher Steele le filtraron a los medios el nombre de Carter Page y lo acusaron de ser un espía ruso, Carter dijo, ‘un momentito, yo le reporto sobre mis contactos rusos tanto a la CIA como al FBI’. Además, cuando eso salió a la luz en los medios noticiosos, la CIA le envió un email al FBI que básicamente decía, “oigan, este tipo es una fuente operacional nuestra”. Pero el abogado del FBI, Kevin Clinesmith, antes de entregarle este email al tribunal FISA, lo cambió para que dijera que Carter Page no era una fuente de la CIA. Porque, obviamente, si Page es una fuente de la CIA, todo el motivo para obtener una autorización para vigilarlo por ser un agente ruso, no hubiera funcionado. (Ocultar información al tribunal, es grave, engañarlo con información tergiversada, es mucho peor).

Entonces, según el informe de Horowitz, se puede afirmar y comprobar que el FBI y el DJ sabían para enero de 2017, cuando entrevistaron a la principal fuente de Steele para pergeñar su expediente, que no había ninguna colusión entre los rusos y Donald Trump, sin importar que tanto repetían esa mentira a los medios la inteligencia británica, la Casa Blanca de Obama y la CIA de John Brennan. No había nada que investigar ni motivo alguno para iniciar el “Rusiagate”. Excepto que el motivo de todo eso otro muy diferente, detener a Trump a como diera lugar, e impedir que comenzara a cumplir sus promesas de campaña de “llevarse bien” con Rusia y China, y restaurar la Glass-Steagall.

Pero sucedió todo lo contrario. En enero de 2017, la “comunidad de inteligencia” emitió su “evaluación” de que Rusia intervino en las elecciones que tuvieron como resultado la elección de Donald Trump. Y ahora sabemos que el expediente de Steele fue el elemento principal en el que se sustentó esa “evaluación”, a pesar de que Brennan y el director de inteligencia nacional James Clapper lo negaron repetidamente, incluso bajo juramento. Ese mismo expediente fue el que utilizó el entonces director del FBI, James Comey, cuanto intentó entrampar al Presidente en enero de 2017 y luego difamarlo ante los medios noticiosos de que Trump estaba comprometido con Putin porque Steele decía que Putin tenía videos de Trump envuelto en actividades sexuales. Todo era falso, una mentira atroz, de lo cual hay muy pocos paralelos en la historia, y nunca antes en la historia de Estados Unidos que involucrase a las agencias policías del Estado para chantajear a un Presidente en ejercicio.

El Fiscal General, William Barr, comentó sobre este asunto en dos entrevistas que le hicieron la semana pasada. Dijo que habían puesto al país “patas arriba” durante tres años, debido esencialmente a información que todas las agencias involucradas sabían que eran mentiras desde el principio, y apoyados por los medios noticiosos cómplices y corruptos. Incluso si se acepta la suposición de que el FBI no sabía todo desde el principio (que ahora se sabe no es así), el informe de Horowitz muestra que lo sabían cabalmente en enero de 2017. No obstante, procedieron con el cometido de tratar de involucrar al Presidente en algún otro delito como el de “obstrucción a la justicia” (cuando no había nada que “obstruir”) de lo cual salió la brutal cacería de brujas ridícula que encabezó Robert Mueller, el “fiscal especial”, y luego la fase siguiente igual de desquiciada con el “Ucraniagate” y el juicio político. Ahora viene el verdadero proceso judicial, en el que los perpetradores de la traición pasarán al banquillo de los acusados, a pesar de toda la humareda en los medios noticiosos que sirven de Guardianes del Imperio. El senador Graham dijo en el programa de Sean Hannity en Fox News TV, que el informe de Horowitz abrió la puerta y ahora va a entrar la justicia: “Rod Rosenstein, prepárate para atestiguar”, comentó Graham en referencia al entonces segundo del DJ que nombró a Mueller para el Rusiagate.

Pero hay mucho más que revela el informe de Horowitz, principalmente por lo que no incluyó. Es por eso que el Fiscal General Barr y el fiscal federal John Durham no están de acuerdo con las conclusiones de Horowitz, y gran parte de esto tiene que ver con lo que han demostrado Bill Binney, Larry Johnson y otros miembros del VIPS. La premisa del informe de Horoqitz implica la aceptación de la gran mentira, la mentira de que los rusos hackearon las computadoras del Comité Nacional Demócrata y de John Podesta (director de la campaña de Clinton) y le entregaron el contenido a WikiLeaks. Esa es una mentira que Bill Binney y sus amigos han probado y demostrado en detalle.

El informe de Horowitz también confirma mucho de lo que ya hemos publicado sobre Christopher Steele y su círculo. Desde el principio dijimos que si se seguía la pista de Stele en el intento de golpe a Trump, se llegaría hasta las puertas de las operaciones internacionales perversas, y esa pista llevaría hasta el núcleo del enemigo. Esto es, los círculos de la inteligencia británica de sir Richard Dearlove (ex director del MI6). Christopher Steele es el protegido de Dearlove en el MI6. Estos son los personajes que le vendieron la guerra contra Iraq a George Bush.

Steele tiene un historial en la perpetración de operaciones de guerra informática, de propaganda negra, que seguramente lo sabían las agencias de inteligencia de Estados Unidos, aunque el FBI diga que no sabía. El panfleto contra Trump, no fue el primer trabajo que hacía en Estados Unidos. En el período del golpe de Estado nazi en Ucrania, Steele elaboró varios de sus informes para la funcionaria del Departamento de Estado que coordinó el golpe dirigido por la inteligencia británica, Victoria Nuland, así como para el propio secretario de Estado, John Kerry. Joe Biden fungió como el virrey moderno en el gobierno golpista de Ucrania. La empresa de Steele, Orbis Business Intelligence, es una firma de fachada muy obvia para las operaciones de la inteligencia británica. Sus clientes principales son oligarcas rusos rivales a quienes Steele ayuda en sus diversas guerras de litigios entre ellos, las cuales se sostienen con la condición de que estacionen sus millones mal habidos en los bancos de la City de Londres. Luego utiliza los perfiles y la información que consigue de estos oligarcas para tratar de socavar a Putin. Según el informe de Horowitz, Steele trató de convertir a algunos de esos oligarcas en informantes del FBI, un cuento bastante interesante que todavía está por salir al público.

Steele fue el controlador de la persona que en su momento fue el más famoso oligarca adversario de Putin, Boris Berezovsky, antes de que terminara muerto; fue también el agente del MI6 que llevó el caso del envenenamiento de Litvinenko en 2006, con lo cual se inició toda la campaña de guerra actual de Londres en contra de Rusia. Luego, Pablo Miller, socio de Steele en la firma Orbis, fue el controlador de Sergei Skripal, la víctima más reciente de las patrañas de la inteligencia británica para inculpar a Rusia. Como se recordará, Skripal fue envenenado el 4 de marzo de 2018, en una patraña que se atribuyó a los rusos. Poco antes de emprender su encargo contra Trump, Steele preparó informes amañados donde alegaba que el voto mayoritario a favor del Brexit fue manipulado por los rusos y que los rusos intervenían en las elecciones en toda Europa.

Así que no hay que tomar en serio los alegatos que hacen ahora las agencias de inteligencia británica (luego de que su agente ha salido chamuscado ante todo mundo) en el sentido de que consideran que Steele carece de buen juicio o que no es de fiar. La realidad es que su operación quedó al descubierto y se quemó por completo con las implicaciones del informe de Horowitz. En realidad, el propio Christopher Steele ha mostrado su desacuerdo con el FBI, el cual lo ha calificado de informante que ha violado los protocolos del FBI para con los medios noticiosos; Steele sostiene que él le había dejado muy en claro al FBI desde el principio que su negocio consiste en difundir propaganda negra, y que el FBI aceptó un contrato con su empresa para ese fin. El informe de Horowitz confirma que ese era el entendimiento. Así que, aquí tenemos toda una pista muy bien marcada, que solo hay que seguir minuciosamente para destapar todos los crímenes de las agencias de inteligencia en las últimas cuatro décadas.

Bill Binney ha caracterizado la situación internacional como una guerra entre un enemigo definido, que pelea por preservar su imperio en todo el mundo, a cualquier costo, y quienes se están liberando de ese imperio y de sus axiomas oligárquicos sobre los seres humanos. Desde la muerte de Franklin Roosevelt, Estados Unidos se ha corrompido y degradado paulatinamente en la dirección del gobierno oligárquico, en donde una casta petulante e se coloca por encima y dicta las normas y el comportamiento, tanto de las leyes como de las costumbres, que tiene como resultado que grandes partes de la población es tratada prácticamente como ganado humano.

El gran viraje para lo peor ocurrió con los asesinaos de Kennedy y de Luther King y la guerra de Vietnam, y Vietnam War, y se desató definitivamente cuando Nixon mató finalmente el sistema de Bretton Woods en 1971, lo cual abrió la puerta al desastre de la globalización con su especulación financiera como fuerza dominante bajo el nombre de libre comercio. Si quieren tener una muy buena idea de que es una oligarquía, lean el ensayo de Federico Schiller sobre Licurgo y Solón, al que se refiere con detalle Lyndon LaRouche en su ensayo del 2004, “Hacia un segundo Tratado de Westfalia: el mundo euroasiático venidero”.

El punto nodal más reciente en este descenso fue el ataque terrorista del 11 de septiembre y la subsecuente guerra en Iraq. Lyndon LaRouche se refiere a los servicios de inteligencia británicos, a Zbigniew Brzezinski y a Samuel Huntington como los autores intelectuales del régimen moderno de guerra permanente, y el aparato burocrático irresponsable dentro del gobierno que ahora combate al Presidente Trump. Bill Binney y Larry Johnson estuvieron alertando a grandes gritos poco después del 11-S sobre el Estado policiaco que se estaba instrumentando entonces y de sus consecuencias, las cuales estamos viendo ahora en acción en el intento de golpe contra un Presidente de Estados Unidos en ejercicio, y la pretendida transformación de la república constitucional dirigida por unos jacobinos desquiciados.

El informe de Horowitz es el primer paso para cambiar todo esto, realmente todo. El Estado policiaco está bajo ataque generalizado. Los Guardianes del Imperio, los medios noticiosos corporativos y del entretenimiento de la cultura de Hollywood, han perdido credibilidad como resultado de su campaña de mentiras contra Trump. Se han mostrado de manera desesperada y negligente y han quedado expuestos como unos mentirosos y estafadores. Pero lo importante es que hay un Presidente dispuesto a dar la pelea y a perturbar todo ese orden imperial. Lyndon LaRouche escribió sobre las causas y soluciones a las crisis políticas lo siguiente: “Generalmente, por desgracia, se asume de manera errónea que la crisis anterior fue resultado de la transgresión de algún conjunto de valores tradicionales, cuando en realidad, la ocasionó el hecho de no haber llevado a cabo la necesaria transgresión de ese conjunto de valores. La falsa suposición consiste, por lo tanto, en que existe una solución dentro del conjunto de suposiciones que ha generado la crisis, para empezar”. Esos axiomas que defienden los Guardianes del Imperio, son la causa, y la solución está en desbaratarlos por completo, como ha empezado a suceder.