Se desmorona cada vez más el axioma central del mito del Rusiagate

25 de diciembre de 2019

25 de diciembre de 2019 — El ex analista de la CIA y experto en contraterrorismo del Departamento de Estado, Larry Johnson, publicó un artículo el 20 de diciembre en el blog de Pat Lang Sic Semper Tyrannis, en donde señala la probabilidad de que las personas de Internet identificadas como “Guccifer 2.0” y “DCLeaks”, fueron creadas por la CIA de John Brennan, y no por la inteligencia militar rusa (GRU) como lo alega sin ninguna prueba el informe final de Robert Mueller y la infame “Evaluación de la Comunidad de Inteligencia” que emitió el gobierno de Obama para justificar la acusación de que Rusia “intervino” en la elección de 2016 a favor del candidato Donald Trump. Si Johnson está en lo cierto, y no tenemos ningún motivo para dudarlo, con esa revelación se desbarata mucho más toda la trama del cuento del “Rusiagate”.

Johnson señala que en octubre de 2015, John Brennan reorganizó la CIA para crear una “División de Innovación Digital”. Este grupo produjo de inmediato un programa llamado “Vault 7” que tiene otro programa asociado llamado “Marble”, mediante el cual se pueden conducir intrusiones cibernéticas de envergadura y luego disfrazar su origen para confundirlo a fin de atribuir la acción, que es en realidad de la CIA, a cualquier actor extranjero. En el caso de “Guccifer 2.0” y de “DCLeaks”, mediante estas actividades de confusión se insertaron caracteres cirílicos en el código y se creó un pista falsa que lleva a un nombre ruso que se traduce como “Felix Dzerzhinsky”, el fundador de lo que se conoció más tarde como la policía secreta soviética, o KGB.

Los investigadores crédulos, ingenuos o cómplices desde el principio, se comieron esta “pista” sin evaluar el hecho de que una entidad cibernética tan capaz como la GRU, dejaría realmente esa pista en algún operativo genuinamente suyo. Pero, gracias a la total incompetencia de los secuaces de la CIA de Brennan, tanto el programa “Vault 7” como el “Marble” fueron hackeados y se los pasaron a WikiLeaks, que los publicó en 2017, luego de intentar negociar con el gobierno estadounidense la oportunidad de darles a conocer el verdadero origen de los documentos del Comité Nacional Demócrata (CND) y de John Podesta, que publicó WikiLeaks en 2016, y también para explicarles las vulnerabilidades de los programas de la CIA que permitieron que fueran hackeados, todo a cambio de la inmunidad para Julian Assange. Esa negociación, que se condujo a los niveles más altos del Departamento de Justicia, fue saboteada por el senador demócrata de Virginia, Mark Warner, y el entonces director del FBI, James Comey, lo cual en sí mismo constituye otro escándalos sedicioso aparte.

El artículo de Johnson se publicó un día después de que el diario New York Times recibió y publicó una filtración, según la cual el fiscal federal John Durham, está concentrando en Brennan su investigación penal sobre los orígenes del Rusiagate, y ha contado con la cooperación de la CIA en esa investigación. Al mismo tiempo, el portal noticioso de The Intercept informó que el ex director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en sus siglas en inglés), Mike Rogers, también está cooperando con Durham en su investigación y se han reunido con ese fin varias veces.

Según el NYT, Durham se ha enfocado en la “Evaluación de la Comunidad de Inteligencia” (ECI) de enero de 2017, la cual señala como conclusión que el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó el hackeo de las computadoras del CND y del jefe de campaña de Hillary Clinton, John Podesta para ayudarle a Trump a ganar la elección. Según la información publicada por el NYT, hubo mucho debate al interior del mismo grupito de la “comunidad de inteligencia” seleccionado por John Brennan sobre esa “opinión”. La NSA, entonces bajo la dirección de Mike Rogers, manifestó en su momento que solo tenía una “moderada” confianza en esa conclusión. Según el artículo del NYT, la conclusión de que Putin ordenó el hackeo para ayudar a Trump no fue el resultado de la inteligencia en manos de la NSA, sino que se basa únicamente en una fuente de la CIA de Brennan, que se supone es muy cercana al Kremlin. Ya se han publicado otras informaciones que señalan que la mentada “fuente” de Brennan es sumamente dudosa. El artículo del NYT cita al representante republicano de Utah, Chris Stewart, como uno de los que sostienen que las conclusiones de la “ECI” sobre las intenciones de Putin no se justifican en base a la inteligencia confidencial que él ha visto.