La peligrosa crisis en el sudoeste de Asia: una de las consecuencias de no exonerar a Lyndon LaRouche

9 de enero de 2020

8 de enero de 2020 — Una de las consecuencias de no exonerar a Lyndon LaRouche se puede ver en la manera en que los británicos han orquestado una operación estratégica de pinzas para desatar la guerra en toda la región del sudoeste de Asia, con el peligro muy real de desatar una guerra termonuclear, y al mismo tiempo ejecutar el golpe de Estado contra el Presidente Trump. Como es costumbre, los británicos juegan en todos los bandos del juego, poniendo una trampa a Trump en la que cayó redondo con el asesinato del general Soleimani y con sus amenazas de atacar los sitios culturales de Irán, una trampa con la que ahora los británicos dan un portazo con la sofistería santurrona que viene de los líderes demócratas, el diario New York Times, y los propios británicos, (que nunca dijeron nada de la destrucción de los sitios culturales de Bagdad, Alepo, Trípoli, etc., etc.). Este es el tipo de trampa británica a la que se refirió LaRouche en repetidas ocasiones, como por ejemplo, en su video “Tormenta sobre Asia”, donde señala:

“Los británicos siempre tienen dos políticas. Nunca traten de descubrir cuál es la política británica; siempre tienen dos, que parecen opuestas totalmente: están a tú favor, y están en tú contra. Te doran la píldora por un lado, y por el otro lado te ponen un cuchillo en la espalda, lo cual no es nada bueno para tí, ni para las apariencias ni para cualquier otra cosa, ¿eh?”.

Asimismo, LaRouche ofreció soluciones de manera única para derrotar tales juegos británicos, de las cuales se hace eco el llamado que ha hecho Helga Zepp-LaRouche para que se reúnan los Presidentes Trump, Xi y Putin y aborden la crisis. Si LaRouche hubiese sido exonerado, la actual demencia geopolítica británica probablemente ya se habría desactivado desde hace tiempo.

Pero al contrario, Trump no solo fue inducido a ordenar el asesinato del general Soleimani, sino también de amenazar con atacar sitios culturales iraníes. Todo esto ha desatado una tormenta de oposición tanto de los amigos como de los enemigos. Cuando volaba en el avión presidencial Air Force One desde Mar-a-Lago, Florida, hacia Washington, DC, el domingo 5, Trump repitió su amenaza: “A ellos se les permite matar a nuestra gente. Se les permite torturar y mutilar a nuestra gente. Se les permite poner bombas en el camino y hacer volar a nuestra gente. Y a nosotros no se nos permite tocar sus sitios culturales. Así no funciona”.

En comentarios posteriores en la Casa Blanca el martes 7, Trump retrocedió un poco de su amenaza: “Si eso es lo que dice la ley, a mí me gusta obedecer la ley. Pero piensen en eso. Ellos matan a nuestra gente. Ellos hacen estallar a nuestra gente y luego nosotros tenemos que ser muy amables con sus instituciones culturales. Pero yo estoy bien con eso. Para mí está bien”.

El secretario de Defensa, Mark Esper, tuvo que enfrentar a los periodistas por las amenazas de Trump de atacar los sitios culturales, y respondió que Estados Unidos no atacaría los sitios culturales. El New York Times informó que Esper dijo “vamos a seguir las leyes del conflicto armado”, en un informe a la prensa en el Pentágono. Los periodistas insistieron que si eso quería decir “no”, y Esper repitió. “Esa es la ley en un conflicto armado”.

El secretario de Estado Mike Pompeo prefirió negar que Trump hubiera dicho nada de eso. “El Presidente Trump no dijo que atacaría un sitio cultural”, le dijo a la cadena Fox News. “Vean con atención lo que dijo”, agregó.

El senador Lindsey Graham, un aliado del Presidente Trump en lo relacionado con el juicio político, llamó a Trump el lunes 6, y luego le informó a la prensa lo que le dijo a Trump. “Nosotros no estamos en guerra con la cultura del pueblo iraní. Tenemos un conflicto con la ideología, el ayatolá y su manera de hacer las cosas... Yo creo, que el Presidente diga que les vamos a dar bien duro, es el mensaje correcto. Atacar los sitios culturales no es darles duro; es crear más problemas. Estamos tratando de mostrar solidaridad con el pueblo iraní”.

Y por supuesto, la camarilla de los demócratas de Obama dio su más santurrona presentación para parlotear del asunto en medio del golpe de Estado que tienen orquestado con la inteligencia británica. Por ejemplo, Jeh Johnson, el ex secretario de Seguridad Nacional de Obama, dijo: “ciertamente, en circunstancias agravadas, se podría considerar como un crimen de guerra”.