El “dinero por helicóptero” no es gratis; es dinero de los contribuyentes para Wall Street

24 de marzo de 2020

24 de marzo de 2020 — El gigantesco proyecto de ley para enfrentar el coronavirus, que se negocia en el Congreso de Estados Unidos desde el jueves 19, no se ha aprobado por diferencias bizantinas. Es claro que en principio el liderato republicano en el Senado tenía la intención de salvar al mercado de valores que se desploma incesantemente, pero se cambió a medio camino cuando se anunció el lunes 23 el nuevo programa federal de rescates.

Ahora la Cámara de Representantes, dominada por los demócratas, cambio ese proyecto por otro que propone $2.5 billones de dólares, de los cuales unos $500 mil millones serían destinados como ayuda a las empresas pequeñas y medianas, a los estados y a las alcaldías; pero el Senado con mayoría republicana lo tiene detenido. Otra parte importante se utilizaría para pagar a los hogares y a individuos, según el ingreso declarado en 2018. Y unos $425 mil millones iría a la Tesorería para cubrir las pérdidas de la Reserva Federal en su juerga por salvar a los tahúres de Wall Street con su “emisión cuantitativa” y demás préstamos que ha dado a los bancos insolventes.

Estas son las operaciones de la Reserva Federal durante los últimos 20 días para inyectarle liquidez a los mercados de valores de Londres y Wall Street que se siguen derrumbando:

· Recortar los intereses, de 1.25% a 0.15%.

· Inundar con $700 mil millones de dólares en emisión cuantitativa.

· Un programa de préstamos “repo” por $1.5 billones de dólares.

· Un segundo programa de préstamos “repo” por $1 billón de dólares

· Anunció que comenzará a comprar a los bancos, el papel comercial (deuda corporativa de corto plazo) que tienen como “activos”.

· Le permite ahora a los bancos agentes de la Reserva que utilicen paquetes de acciones y cualquier otro título valor como colateral, a cambio de créditos de corto plazo de la Reserva Federal.

· Anunció que empezará a comprarles a los bancos sus bonos municipales.

· Abrió líneas de permuta ilimitadas para otorgar dólares a 14 bancos centrales para sus operaciones similares con valores denominados en dólares..

Pero a pesar de todas estas operaciones, el mercado de crédito sigue congelado; no hay préstamos para las empresas. Así que el lunes 23 anunció que compraría directamente bonos corporativos, y más. Anunció que sus programas de “emisión cuantitativa” ahora serán sin ningún límite absolutamente. Y de hecho, ahora está comprando títulos valores a los bancos y entidades financieras de Wall Street y de Londres, a un ritmo casi increíble de $125 mil millones diarios.

Ya cuando el proyecto de Ley del Senado no caminaba, el Secretario del Tesoro, Mnuchin, el representante de la Casa Blanca en las negociaciones parlamentarias, dijo el domingo 22 que el proyecto era para “cooperar con la Reserva Federal”, y que tenía el propósito de proporcionar hasta “$4 billones de dólares en liquidez total a las empresas y los hogares”, una linda frase para referirse a los especuladores de Wall Street para quienes está destinada la mayor parte del paquete.

No se sabe si esos $450 mil millones para la Reserva van a quedar en la ley final que resulte, pero de cualquier modo, la ley exige que la Tesorería del gobierno tiene que pagar las pérdidas en la juerga de la Reserva Federal para levantar los valores caídos de muchos billones en el mercado de valores. Y las pérdidas muy probablemente serán mayores que esa cifra. La Tesorería emitirá bonos para prestar ese dinero, y eventualmente los contribuyentes pagarán esas pérdidas. El dinero que lanzan por helicóptero no es gratis.

Un proyecto de ley cuerdo y razonable excluiría explícitamente a esos títulos valores creados por los especuladoras de Wall Street y Londres, de cualquier apoyo que tengan que soportar los contribuyentes o la banca comercial. Esto se puede hacer interviniendo esos compañías financieras tenedoras para imponer una reorganización al estilo de la Glass-Steagall, pero de inmediato. Helga Zepp-LaRouche ha propuesto muy acertadamente que se declare un feriado bancario para ejecutar esa reorganización bancaria al estilo Glass-Steagall.