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El plan de Trump, o el plan de Wall Street; no pueden coexistir

1 de abril de 2020
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El Presidente Donald J. Trump durante el informe diario sobre el avance de la lucha contra el coronavirus, el lunes 30 de marzo de 2020, en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca. (Foto oficial de la Casa Blanca por D. Myles Cullen).

1 de abril de 2020 – El martes 31 por la tarde el Presidente Trump publicó un tuit, en donde plantea algo que puede ser el inicio de una recuperación si se pone en práctica de inmediato; puede ser la recuperación no solo de los efectos de la COVID-19, sino del enconado colapso de la economía estadounidense desde el asesinato de John Kennedy y del inicio de la guerra de Vietnam. “Con tasas de interés para Estados Unidos en CERO”, escribió Trump, “este es el momento de hacer nuestra esperada por décadas Ley de Infraestructura. Tiene que ser MUY GRANDE Y ATREVIDO. ¡Los billones de dólares, y enfocarse solamente en los empleos y en la reconstrucción de la otrora gran infraestructura de nuestro País! Fase 4”.

¿Puede funcionar esto? Luego de que la dirigencia del Partido Demócrata se ha visto obligado a cooperar con Trump frente a la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, y que aceptaron aprobar los paquetes de estímulo y de ayuda humanitaria, es posible que acepten cooperar en esto también. El problema está en otra parte.

Al mismo tiempo que Trump propuso esto, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, anunció que el balance general de la Reserva alcanzó la cifra histórica (o histérica) de $5.3 billones de dólares, luego de que tan solo en la última semana aumento en un 12.4%. Más aún, los eruditos de Wall Street dicen que esto es solo el comienzo, y para fin de año la suma llegará a los $10 billones de dólares.

Vamos a estar claros. El balance de activos de la Reserva Federal se compone de las “inversiones” que hace. Estas “inversiones” las paga imprimiendo dinero, con sus facultades de banco central. Ese dinero inorgánico, lo respalda (según dice) la Reserva Federal con los papeles tóxicos del mercado bursátil, que en las últimas semanas son prácticamente todo tipo de título valor que se desplomó en las bolsas de valores y que no tienen valor alguno. Estos títulos los ha comprado la Reserva con dinero creado de la nada, para darlo a los bancos de inversión, fondos especulativos y demás firmas financieras, los cuales han quedado en la insolvencia.

De este modo, es evidente que todos esos billones de activos de la Reserva no van a ir a parar a la economía real, sino directamente a la compra de derivados financieros y otros títulos sin valor que tienen los bancos como “activos”. Y no son solo los bancos de Wall Street, sino todos los bancos occidentales, ya que gran parte de esos activos de la Reserva son permutas de dólares que han transado con los bancos centrales con los que tienen arreglos.

Esta inyección masiva de dinero sin ningún respaldo en la producción en absoluto, es precisamente lo que Lyndon LaRouche señaló (desde que Richard Nixon acabó con el sistema de tipos de cambio fijo de Bretton Woods en 1971) como la causa cierta de un colapso hiperinflacionario, que convertiría los salarios y fondos de pensión de los trabajadores, en menos que papel sanitario; y pueden estar seguros que estas medidas no tienen el propósito de resolver el problema de la escasez de papel sanitario en los supermercados.

Imprimir dinero como forma de crédito, por otra parte, con la intención de crear riqueza productiva para el futuro, es precisamente lo contrario de imprimir dinero para pagar las deudas pendientes de los tahúres del casino financiero. La primera forma, crea riqueza, la segunda roba riqueza de la economía real para apuntalar a los oligarcas imperiales anglosajones (de hecho en bancarrota) que controlan la City de Londres y Wall Street. Como decía LaRouche, el dinero es estúpido, el crédito sabe lo que hace.

Trump ha estado haciendo campaña para que se apruebe una ley de infraestructura, por años, incluso antes de que decidiera hacer campaña para la Presidencia. También hizo campaña a favor de la Ley Glass-Steagall. Pero hasta ahora no ha tenido la suficiente fortaleza política para vencer las presiones no solo de la oposición demócrata, sino de su propio entorno que forma parte de la secta de adoradores de Wall Street.

Esta crisis, con el “virus doble”, el de la COVID-19 y el virus de los derivados, ya ha creado un “cambio de fase” en la mente de grandes sectores de la población, que cada vez más perciben que el viejo sistema ya no funciona, y no a sobrevivir. Pero incluso esos sectores, todavía se ven abrumados porque no conocen una solución, y un remedio para evitar una nueva Era de Tinieblas que se avizora frente a sus ojos. Difundir esa solución es la misión del movimiento de LaRouche en el mundo.

Este martes, Helga Zepp-LaRouche tuvo una videoconferencia de dos horas y media con jóvenes de Estados Unidos, Iberoamérica, Europa, África, Asia y el Oriente Medio. Ello los alentó y motivó a participar en la necesaria movilización de las naciones y pueblos del mundo para exigir que se lleven a cabo de inmediato una serie de cumbres de los líderes de las Cuatro Potencias de mayor peso y las naciones aliadas para construir una alternativa al viejo paradigma moribundo. Ella destacó que la pasión y la visión de la juventud es parte integral de cualquier revolución y renacimiento. En particular, los exhortó a movilizar a miles de personas internacionalmente para que atiendan la Conferencia Internacional del Instituto Schiller, que se llevará a cabo por Internet los días 25 y 26 de abril. La invitación a esta conferencia se puede leer en esta misma página; asiste y organiza a todos tus conocidos para que participen en este evento decisivo en estos momentos.