Neoconservadores tratan de arrastrar a Estados Unidos a una guerra de cambio de régimen contra Venezuela

2 de abril de 2020

2 de abril de 2020 — Se podía haber pronosticado. En el momento exacto en el que el Presidente Donald Trump ha reanudado la diplomacia personal con el Presidente de China, Xi Jinping, y con el Presidente de Rusia, Vladimir Putin —una diplomacia que amenaza con revertir todo el plan geopolítico del imperio británico— salieron los anglófilos con su trampa de las guerras de cambio de régimen para redefinir el orden del día y tratar de arrastrar a Trump a su madriguera.

En el informe diario en la Casa Blanca, el Presidente Trump —rodeado por el secretario de Defensa, Mark Esper; el fiscal general, William Barr; el Asesor de Seguridad Nacional, Robert O’Brien; el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Mark Milley, y otros— anunció que van a duplicar los despliegues navales de Estados Unidos en las costas del Pacífico de México y en el Caribe, incluyendo a las fuerzas especiales, presuntamente para golpear a los carteles narcotraficantes. Sin embargo, el secretario de Defensa Esper, un neoconservador que se opone firmemente a los esfuerzos de Trump para construir buenas relaciones entre China y Rusia, en sus declaraciones dejó muy claro que el verdadero objetivo de esto es derrocar al gobierno del Presidente Nicolás Maduro en Venezuela. Esper dijo que el despliegue tendrá como blancos a “actores corruptos” en la región como el “régimen ilegítimo de Venezuela”, a quien le cerrarán el acceso al dinero del narcotráfico. El fiscal general Barr y el Asesor de Seguridad Nacional, O’Brien, en sus declaraciones también dijeron que la intención es aumentar la presión sobre Venezuela.

El 31 de marzo, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, junto con su aliado neoconservador, el Enviado Especial para Venezuela, Elliott Abrams, difundieron lo que denominaron “Marco para una transición democrática pacífica en Venezuela”, enumerando 13 pasos secuenciales para un cambio de régimen, que Estados Unidos espera se tomen en el período de los próximos 9 a 12 meses, y que lleven a nuevas elecciones en el país. El anuncio que hizo el Departamento de Estado sobre este plan dice que “la presión internacional y de Estados Unidos [a Venezuela] es un componente importante de esta estrategia. Nuestras sanciones van a continuar en vigor, y van a aumentar, hasta que el régimen de Maduro acepte una verdadera transición política”.

En otras palabras, las sanciones ahora se convierten en un asedio militar, con la amenaza de una invasión al estilo de la invasión de Bush a Panamá.

Este plan tiene tres condiciones previas: la salida inmediata de Maduro de su cargo (Pompeo dijo: “Hemos aclarado siempre que Nicolás Maduro no volverá a gobernar a Venezuela”); la formación de un Consejo de Estado como gobierno de transición; y la salida inmediata del país de todas las fuerzas de seguridad extranjeras (o sea, rusas, chinas y cubanas).

El intento de golpe de Estado anterior y una operación militar contra Venezuela planificada bajo la dirección del bochorno de Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, fracasó miserablemente. El nuevo elemento es esta estrategia de mantener a los venezolanos como rehenes ante la posibilidad de una enorme cantidad de muertes por la pandemia COVID-19, hasta que las fuerzas armadas del país y otros acepten un gobierno impuesto por Estados Unidos. La suspensión de las sanciones impuestas al uso de las ganancias de la producción petrolera del país, solo se contempla como el 7º paso de este plan; y solo dos pasos después de esto se habla de permitir a la “comunidad internacional” enviar “ayuda humanitaria, electoral, de gobernanza, de desarrollo, de seguridad y económica, con una atención especial al sistema de cuidados médicos, agua, y de suministro de energía”.

Un periodista le preguntó a Pompeo: “Si la gente está muriendo y levantar las sanciones ayudaría, independientemente de si esto fortaleciera al régimen, ¿llegaría tal vez el momento en que usted reconsiderase su posición?”.

Pompeo respondió, “Estamos profundamente comprometidos a garantizar que la ayuda humanitaria llegue a las personas de esos países [es decir, Venezuela e Irán]. Nos preocupamos mucho más por las personas en esos países que lo que se preocupan sus propios líderes. Esa es la razón, de hecho, por la que estamos trabajando para ayudar a los pueblos a levantarse en sus países, para que puedan conseguir una mejor solución también para ellos”.